jueves, 31 de marzo de 2016

Bone Tomahawk: culto sacrílego

Vivimos tiempos impetuosos en los que pueriles propuestas, como la presente, son capaces de ascender rápidamente de liturgia. 

La película que nos ocupa ha sido masiva y precipitadamente proclamada "de culto". Realmente uno a veces se absorta por lo fácilmente que drenan unos arrumbamientos y otros en esto de la crítica cinematográfica. Para quien esto suscribe, el filme no es sino una demasiado simple historia de búsqueda y rescate, sin mayor profundidad ni tampoco hondura cinematográfica. ¿O sí? Posiblemente sí, dada la pretenciosidad de su desarrollo. Pero muy fallida. 

¿Por qué?

El conjunto entero parece haber sido engendrado desde la siguiente premisa:

  1. Vamos a mostrar en pantalla la truculencia que supone cortarle la cabellera a un rostro pálido.
  2. Y aprovechando la premisa, ¿por qué no hacemos un western en el que los indios, además, sean antropófagos y filmamos cómo se abre en canal un cuerpo humano, haciendo que caigan al suelo las chichas sanguinolientas?
  3. Qué estupenda idea. Planteemos esta violencia explícita en una película que, siendo del oeste, pero lenta y morosa, crepuscular que diría el otro, sin apenas disparos, con violencia contenida, con diálogos beckettianos, sin desarrollo argumental, con personajes apenas construidos, el conjunto parezca antes una propuesta filosófica que una película de entretenimiento.
  4. Genial. Así, de paso, como no tenemos medios, nada parecerá una chapuza, del guion a la edición, y nos concederán premios y se nos clasificará junto a Blade Runner.
No conviene olvidar que muchos han aplaudido esta lamentable obra fílmica, a veces con argumentaciones contundentes. La mistificación del enemigo, la introducción de elementos de terror, el minimalismo visual (debido a su exiguo presupuesto), la casi total ausencia de música, la sobriedad estética, los personajes arquetípicos (algunos a esto lo llaman bien construidos), el ritmo parsimonioso...

Pero, ¡ay!, el guion... ¿Volvemos a la puerilidad del cine actual?
  • En el pueblo donde viven los héroes hay muchos personajes, pero, salvo un nativo civilizado, ninguno ha oído hablar jamás de unos indios trogloditas imbatibles capaces de internarse en sus calles y casas sin que nadie lo advierta. Y por supuesto, es la primera vez en décadas que lo hacen (pueril)
  • Parece una road movie. Casi todo el tiempo los personajes se dedican a cabalgar o caminar. Incluso los atacan los forajidos (unos mejicanos que corretean por el desierto sin tampoco prestar atención a los trogloditas), pero ellos siguen caminando (porque les han robado los caballos) como si fuera su karma hacerlo (pueril)
  • Además, los cuatro héroes hablan mucho y, pese a ello, no dicen nada sustancioso. A veces incluso hablan frívolamente (¿circos de pulgas?) cuando la tensión por la muerte en ciernes debería procurar otro tipo de perfil psicológico (los personajes no siguen la trama, están por encima de ella aunque la sufran: pueril).
  • A uno le operan de una pierna, allá en medio de la nada, y le abandonan (prima el salvamento incierto). En realidad, mera excusa para dejar a un héroe atrás, el que luego resolverá todo con su inesperada y tullida aparición, merendándose a toda una tribu de fornidos caníbales (pueril).
  • Los caníbales atacan exitosamente a tres hombres sanos, pero son incapaces de acabar con el tullido (pueril).
  • Los caníbales ni siquiera han intentado violar a la mujer (esposa del cojo). En realidad, este personaje se presentó como el más interesante (el único poblador capaz de curar a un enfermo), aunque finalmente sirve solo de vehículo para la única pizca de erotismo del filme (innecesario) y como macguffin narrativo (pueril)
En fin. Que si usted quiere ver cómo abren en canal a un individuo colgado boca abajo, vea esta película. Sáltese hora y media y vaya derechito al final. Porque no hay nada más. Y no solo por la falta de presupuesto...


martes, 22 de marzo de 2016

El genio olvidado


Según Kant, en su "Crítica del juicio", un genio posee talento para producir algo que, no viniendo descrito en regla o norma alguna, de inmediato se convierte en ejemplar y hermoso. El genio posee la facultad de expresar lo inefable en una representación universalmente valorada. Y este es el sentido de nuestra siguiente afirmación:

Gene Clark fue un genio

Algunos le consideraron un genio maldito. Un músico de enorme y universal talento que malogró, una tras otra, con decisiones equivocadas, todas las oportunidades que tuvo para consagrarse en el Olimpo de la fama, ese sedicente empíreo donde campan por sus respetos estrellas sin talento y famosos de relumbrón que apenas han aportado nada a la Música (acaso a las cuentas bancarias de discográficas, televisiones y a las suyas propias). Para nosotros es muy conveniente que este genio olvidado no se mezcle con la morralla, pero hay que entender que Gene Clark siempre quiso brillar en el firmamento musical al que todos miran. Y no brilló, nunca lo hizo.


Para quien no le conozca, hablamos del chico de Missouri que estuvo al frente de The Byrds entre 1964 y 1966, famoso grupo folk-rock que comenzó versionando canciones de Bob Dylan como "Mr. Tambourine Man", o de Pete Seeger como "Turn! Turn! Turn!".



Pero The Byrds fue mucho más que un grupo musical al uso. En la década de los sesenta, cuando las estrellas británicas parecían adueñarse de las clasificaciones de éxitos estadounidenses, The Byrds contuvo la invasión y llegó a dominar la escena musical de la nación norteamericana. Musicalmente talentoso, el grupo experimentó con fórmulas musicales entonces novedosas (por ejemplo, el country-rock) y técnicas de producción musical inéditas en la época. El artífice de esta explosión de innovación y talento no era otro que un jovencísimo Gene Clark, quien compuso los más significativos temas propios de este conjunto. Baste citar, por ejemplo, "Eight Miles High" entre muchos otros: Feel a Whole Lot Better; Here Without You; You Won’t Have to Cry; Set You Free This Time...



Nada que ver con Bob Dylan, por supuesto. Sin embargo, tan genial músico acabaría apartándose voluntariamente del grupo debido, según cuentan las biografías, a su aversión a volar, pero también a importantes diferencias conceptuales y económicas, debido a su prolífica faceta de compositor, con el resto de integrantes. Así, en 1966, con 21 años recién cumplidos, Gene Clark da inicio a una muy controvertida carrera mientras The Byrds apuesta sin remilgos por buscar su propia historia.

Gene Clark fue en todo momento un compositor sentimental, lírico, acústico, de una clarividencia inopinable. Publica su primer disco en solitario un año después de su marcha de The Byrds, en 1967: "Gene Clark and The Gosdin Brothers" (The Gosdin Brothers era el nombre del grupo que le acompañaba). Pasó sin pena ni gloria. El público no conocía a Gene Clark, conocía a The Byrds, quien además compitió en las listas con la exitosa "Younger than Yesterday". Sin embargo, era el de Clark un álbum excepcional, donde mezclaba rock con pop orquestal, country o bluegrass, que mereció mejor fortuna. Como todos sus trabajos posteriores.



Como consecuencia de este fracaso se sumió en una desazón inquietante que le perseguiría toda su vida. En 1968 forma el estupendo dúo Dillard & Clark. Estupendo es decir poco. Su primer álbum, "The Fantastic Expedition of Dillard & Clark" contiene algunas de las mejores canciones compuestas por Gene. Por ejemplo, este "Train Leaves Here This Mornin'":


No satisfecho con el escaso éxito cosechado con el dúo (la obsesión por el éxito marca toda la trayectoria vital de este atormentado músico), Gene Clark parte hacia un nuevo camino en solitario en cuyo transcurso dará forma a su mejor trabajo y uno de los mejores discos de todos los tiempos: "White Light"


"White Light" es un disco de cantautor, un rumbo nuevo respecto a obras anteriores: austero, acústico, sentido, emocional, melodioso, nostálgico, introspectivo, el álbum que Gene Clark publica en 1971 (dos años más tarde de su producción, por problemas legales) es una maravilla de principio a fin. ¿Alguien puede opinar lo contrario después de escuchar "With tomorrow"? Para los impacientes que no hayan deseado sumergirse en el álbum completo arriba incluido, dejo esta magnífica joya por sí sola en el vídeo siguiente:



Por supuesto, fue un completo fiasco comercial. Unánimemente aclamado por la crítica, pasó prácticamente desapercibido para el gran público.

Tras un breve paréntesis, durante el cual Clark aceptó reunirse con la formación original de The Byrds, que, como no podía ser de otro modo, atravesaban cotas muy bajas, en 1973 recibe la interesada ayuda del magnate David Geffen, quien, avispado como pocos, cree poder aprovechar el enorme talento de Gene para hacer caja en plena explosión de rock californianoCon un espectacular presupuesto (más de 100.000 dólares), Clark y el productor Thomas Jefferson Kaye se embarcan en un ambicioso proyecto musical para el que contratan a un plantel de excelentes músicos y cantantes de apoyo. El título: "No Other", posiblemente la obra maestra de Gene Clark y uno de los discos más importantes de la música contemporánea, cuando no de todos los tiempos.

Donde en "White Light” había austeridad y sobriedad, en “No Other” hay una transparencia y una belleza inigualables rebosante de barroquismo, de presencia instrumental realmente incomparable. "No Other" suena a fusión de country-rock con rock-sinfónico, soul, funk y jazz. Una obra maestra extraña y atípica, una gozosa locura de sentimiento íntimo y reflexivo dominada por la voz nítida de Clark. Subyugante en su belleza, insospechada en sus melodías, agradecida en su instrumentación y sus coros, es un disco, en definitiva, kantiano, que traspasa, eleva, congracia a quien lo escucha con el universo y la naturaleza.



Pero no quiero dejarlo aquí, en un enlace al álbum completo, y por este motivo paso a destripar uno a uno los temas de esta maravilla olvidada por la crítica y el público (bah, a quién le importa lo que deba decir ninguno de ellos).

El disco inicia su magistral recorrido con “Life’s Greatest Fool”, un precioso tema de country-rock con irrupción de coros góspel.



 Le sigue "Silver raven", una joya preciosista de country ecológico, y uno de los temas más conocidos de Clark.



A partir de este momento, el disco traza rumbo hacia algo diferente, atípico, inusual, magnífico: "No Other", pieza que da título al álbum, y un despegue de jazz eléctrico que anticipa lo que está por venir.



Porque lo que está por venir no es sino la pieza de música más arrolladora, magistral y hermosa que jamás se haya escuchado: la enorme "Strength Of Strings", una brutalidad musical de enorme complejidad técnica y acabados perfectos.



Desciende entonces el disco hacia una de las melodías más hermosas jamás compuestas por Gene: "From A Siver Phial",  una conmovedora pieza de luminosidad lírica y emocional.



Tras tan deslumbrante joya acaece un momento adimensional y sublime titulado: "Some Misunderstandig", donde late el mismo desencanto generacional y amarga epifanía que autores más renombrados como Neil Young o Bob Dylan publicaron en el mismo periodo de tiempo.



Exhaustos de gozo, respiramos satisfechos mientras suena un tema melódico de country-rock, elegante y refinado: "True One".


Pero no nos descuidemos, porque se trata de una pieza interconectada con la etapa de Gene Clark con The Byrds.  Lo mismo que la inmortal pieza que cierra el disco: "Lady Of The North", la historia de un amor perfecto malogrado. El indiscutible broche que echa el cierre a un disco absolutamente maravilloso.



Cómo no, fue un fiasco más en la carrera de Gene Clark, un completo fracaso de crítica y de ventas que fue descatalogado dos años después de publicarse.

Gene jamás se repondría de este golpe. Mantuvo alguna colaboración con Roger McGuinn y publicó un gran disco a dúo con la cantante country Carla Olson, pero nunca volvió a ser el mismo. A finales de los 80, y principios de los 90, grupos como The Long Ryders, R.E.M, o Teenage Fanclub comienzan a reivindicar su enormidad musical. Pero ya es tarde. Gene Clark muere de un ataque al corazón fulminante en 1991, meses después de que The Byrds accediese al Rock and Roll Hall of Fame. Tenía sólo 46 años y una larga trayectoria de alcohol y drogas a sus espaldas.

"No Other" fue durante mucho tiempo considerado un disco maldito, un extraño ejercicio de producción musical contaminado con excesos financieros. Inopinadamente, año y medio después de su lanzamiento, cuando el disco se encuentra prácticamente hundido en las listas, Fleetwood Mac lanza su álbum homónimo que, como el siguiente ("Rumours"), emplea técnicas de interpretación y de producción similares a las exploradas en "No Other". Los Fleetwood Mac fueron de inmediato alabados por crítica y público, récord de ventas y acabaron por convertirse en pilares culturales de la música de los 70. Gene Clark siguió, simplemente, olvidado.

sábado, 19 de marzo de 2016

STAR WARS y la Teoría de los Anillos



The interesting thing about Star Wars—and I didn’t ever really push this very far, because it’s not really that important—but there’s a lot going on there that most people haven’t come to grips with yet. But when they do, they will find it’s a much more intricately made clock than most people would imagine.
—George Lucas, Vanity Fair, February  2005

lunes, 11 de enero de 2016

Un reinicio fallido para Star Wars

Resulta complicado escribir una reseña de una peliculita como "Star Wars 7, El despertar de la Fuerza", que tal me ha parecido la ruidosísima apuesta de Disney, adueñada (con ayuda de la fuerza... del dinero) de la más rentable idea en toda la historia del cine. Y digo que resulta complicado porque, por una parte, hay millones de voces, las de los llamados fans (fanáticos, sí), que rugen y escriben sobre esta continuación de la saga galáctica, unos declarándola muy superior a la ya realizada por su original creador (y posiblemente único genio, bastante incomprendido, de toda esta historia: George Lucas), otros tratando de dirimir en qué puesto ha de ubicarse de entre el repertorio completo de aventuras galácticas.

Por otra parte, está la crítica especializada, que parece confluir mayoritariamente en alabanzas hacia el producto fílmico elaborado por ese solvente mago de lo impostado (y muy correcto artesano) que es J.J. Abrams. En general, podría decirse que la decisión de los productores de volver a la estética original del filme de 1977 ha cosechado alabanzas, y muy pocos se aventuran a enjuiciar esta película desde puntos de vista estrictamente cinemáticos e historiados. Aunque, haberlos, los hay, y son en las críticas negativas donde posiblemente uno pueda encontrar las reflexiones más interesantes sobre esta esperadísima continuación de los mitos de la Fuerza.

Resulta asimismo curioso lo que se discute en ese gallinero ingente que son las redes sociales. Tanto los fans  como la prensa dedicada a esto del cine resuelven su favorable veredicto respecto al filme de Abrams argumentando brutalmente contra la segunda trilogía de Lucas (la primera en sentido argumental): una segunda trilogía que, conviene decirlo, por historia, ambición y complejidad narrativas, no es ni mucho menos réproba, sino poseedora de cualidades apreciables, pese a los muchos errores contenidos en ella. Pero la casi universal zafiedad de los millones de fans autoerigidos en jueces implacables de lo que no les pertenece ya ha emitido su veredicto favorable a Disney, a Abrams e incluso a la chica protagonista, porque todo alimenta (claro que tampoco le pertenece la idea ya a George Lucas, suculento fajo de millones de dólares mediante). . 

La crítica de Star Wars 7 es muy sencilla de emitir: J.J. Abrams ha hecho con este "Despertar de la Fuerza" lo que acostumbra a hacer: una película entretenida y de buena factura, sustentada en un guion (muy suyo, muy propio) un tanto pueril que, además, no maneja con solvencia la interesada nostalgia introducida en la historia. ¿Pueril? Sí, me refiero a trivial, ese mal que últimamente llena el desarrollo de las historias de las grandes producciones, como por ejemplo sucedía en otro filme aquí criticado, Prometheus, esa inmensa evacuación mental de Lindelof avalada por Ridley Scott. La puerilidad se vislumbra en las situaciones mal resueltas de las películas, en el mal desarrollo de los personajes, en las concesiones gratuitas Deus ex machina, en las argumentaciones sin elaborar que parecen un trágala para el espectador... En fin, lo que sucede en la práctica totalidad del cine de entretenimiento actual.

Y, sin embargo, pese a ello, las incoherencias y la gratuidad de la historia han hecho arder las redes durante unas semanas: discusiones de todo tipo acerca de la genealogía de tal o cual personaje, razones de por qué hay un brazo colorado en un robot, le indignación de que un cerrar de ojos de la protagonista la coadyuven a adquirir el más grande poder existente... Todo eso es puerilidad, es simpleza, es recurrir a lo irresoluto, pero enardece y mucho a los seguidores, a los fans, quienes en lugar de ver incompletitud o error, se absortan de las expectativas inmensas que quedan abiertas en un tinglado mucho más absurdo que los honrados (pero fallidos) intentos de Lucas para convencer a propios y extraños de cómo la República se convirtió en el Imperio Galáctico. Esta película parece abrir paso a una trilogía que parece beber de la antañona serie "Enredo" en lugar de querer convertirse en un filme cinematográfico con secuelas. 

El asunto de la nostalgia es asunto que merece tratarse con harina de un costal muy diferente. Donde "El despertar de la fuerza" triunfa, esto es, en su concepción de película de aventuras (copiada, pero cierta), falla estrepitosamente en su ilación con los personajes de la primera trilogía (genealógicamente hablando), a quienes se les confiere aquí la continuidad del universo allí creado. Fíjese el lector que, en "La Guerra de las Galaxias", todo estaba estructurado para que nos identificásemos con los héroes, porque cada uno a su manera era simpático y cubría el rol asignado por Lucas (se conseguía incluso con aquel señor alto y oscuro y malo como el demonio). Fue a estos personajes a quienes les cogimos cariño y quienes ahora son manejados sin ningún relumbre, pero transidos de una importancia fallida debido a una mala, pésima gestión de esa nostalgia que Abrams pretendía aportar al filme. Podría afirmarse que esta fallida nostalgia es lo que impide al espectador  a identificarse con los nuevos personajes que aparecen (en su mayoría mozalbetes, tal es la pesadez con que el cine actual alumbra sus producciones buscando en el público adolescente los cauces del éxito). La irreverencia con los veteranos es, además, una enorme falta de respeto. Así, Han Solo deja de ser Han Solo al encararse con su hijo y se convierte en un endeble elemento emotivo para que se le remuevan las tripas al espectador nostálgico, lo cual no es sino una prueba más del trampantojo de este guion urdido por J.J. Abrams y Lawrence Kasdan.

No voy a entrar a discutir si los personajes nuevos son carismáticos, originales, fuertes, rotundos... Para mí, no lo son en absoluto, en parte porque son roles sometidos al capricho de las casualidades y azares que preñan todo el filme. ¡Qué distancia con el trío de personajes de la saga original (héroes que se encuentran de repente en una aventura divertida) o con los muchísimos personajes contenidos en la segunda trilogía cronológica de Lucas y que dotaban a los filmes de una solidez y una complejidad difícilmente vislumbrable en el filme de ficción que nos ocupa! Por ejemplo: la tan celebrada protagonista repite cada cinco minutos las dudas y anhelos que tiene sobre su origen: ¡qué forma tan madura e inteligente de introducir en la mente del espectador las dudas y anhelos del personaje, señor Abrams! Y para colmo, es un papel tópico hasta el colmo del idealismo porque, siendo chatarrera, resulta ser una suerte de semidiosa perfecta a la que nada sale mal, experta en todo: en pilotar el Halcón Milenario con solo sentarse a los mandos, en repararlo mediante unos leves ajustes que sorprenden al propio Han Solo, en luchar contra un villano supuestamente muy superior y bien entrenado... Para qué seguir.

Todos estos errores podrían haberse resuelto si se hubiera comenzado verdaderamente de cero, con un filme sobre situaciones que acaeciesen 30 años más tarde y sin traer a colación a ninguno de los viejos rockeros, dedicando tiempo y espacio al diseño de personajes. Pero la solución articulada finalmente es fallida, el guion no está bien trazado ni dispuesto con inteligencia, todo es una sucesión de casualidades tramposas y atajos sistemáticos y contiene apuntes irritantes y zafios de verdad (ese pequeño capítulo interpuesto con las peripecias del contrabandista Han Solo y su colega el wookie en un carguero repleto de bicharracos horrorosos parece un subproducto de serie Z).

Dicen algunos que esta película se sitúa por encima de las precuelas, aunque no acierto a entender en qué sentido dada su falta de originalidad y la copia calcada que hace de una estética que no innova nada respecto a las originales, cosa que sí hizo Lucas con la historia de Anakin Skywalker (equivocándose de planteamientos y de actor y de excesos técnicos). De hecho, que se la compare a la original de todas no abunda sino en la grandeza de esta última, ante la que este filme palidece hasta aburrir. Baste quizá una sola evidencia de todo ello, acaso la más sensible: ni siquiera John Williams ha debido sentir emoción con esta película, pues las anteriores (seis) las trufó de temas que resonarán en nuestros oídos durante mucho tiempo, y en ésta es casi imposible recordar un par de notas inspiradas del gran maestro.


domingo, 28 de diciembre de 2014

Exodus

No sé por dónde empezar. En alguna web donde se enjuicia este filme empieza con eso de "ojo, la siguiente crítica contiene spoilers", como si la historia del éxodo de pueblo judío fuese algo que nadie conociese antes de ver la película. 

Quizá sea relevante comenzar diciendo que “Exodus: dioses y reyes” es una astracanada tan proverbial como posiblemente lo sea el ego de su director, un Ridley Sctott que se ha olvidado de filmar cine, empeñado como está en construir una nueva forma de comedia del absurdo: ahí está la hilarante, cuando no esperpéntica, Prometheus para demostrarlo. 

Vestida de superproducción, cuando realmente de lo que está repleta es de ese hiperrealismo cinematográfico sustentado en efectos visuales e innecesaria revisión psicológica de los personajes, algo que todo lo contamina en el cine actual, Exodus parece un chiste de mal gusto sobre un Gladiator hebreo de repente tocado (del ala) a causa del dedo de Yahvé, ese dios cruel y sanguinario que con sus solas decisiones consigue que odiemos a los hebreos no por lo que son sino por su fanatismo patético. Para colmo, en la película lo proyectan en la figura de un niño cuando, realmente, es un diablo malvado, por lo que tampoco se entiende muy bien qué diantres han querido pergeñar los guionistas con tan inaudita decisión: qué lejos están de la divertida Alanis Morissette en Dogma...

Ramsés es estúpido, su padre (ay, cielos, John Turturro, qué has hecho) es patético, por ahí está Sigourney Weaver aunque no sepamos bien para qué, e incluso me dijeron que dos de los actores en pantalla eran españoles. Da lo mismo. 

En todo el elenco no hay ni uno solo que haya leído el relato bíblico original. Posiblemente los guionistas hayan pretendido construir una historia alejada coma a coma de la epiquísima y majestuosa "Los diez mandamientos" de B. DeMille, pero yerran estrepitosamente en lo que tantos y tantos otros fallan: dejan el guion sin historia, no la saben construir, pican aquí y allá de propuestas anacrónicas o simplemente mimetizadas a la tierra de los faraones, y ya está. Las historias de Hollywood ahora se construyen pensando en los artificios que se van a exhibir, no en la lógica interna del drama y mucho menos en los debates internos de sus protagonistas. Y Moisés es una ganga para cualquier escritor, pero si comenzamos en despojarle de sentido, lo que queda es esto que ha filmado (y mal) Ridley Scott. De hecho, creo que lo único entretenido y salvable del filme son los primeros veinte minutos, cuando nada parece presagiar la historia del pueblo judío.

El cine actual se esculpe golpe a golpe (faraónico, eso sí) para inundar las pantallas con pirámides, cuádrigas, galopadas a caballo que lo mismo sirven para un Imperio Romano que para un último samurai o la siguiente oleada de aliens invasores, pero no le dedica ni diez minutos a la reflexión, a la construcción de los personajes y a las situaciones, por mucho que se trate de propuestas donde unos y otros vengan ya aportados por la historia, los libros de leyendas o los bestseller de Amazon.

Exodus es un tostón de colosales dimensiones, una colección hiriente de anacronismos (también lo era Gladiator), una horrible excusa para que Ridley Scott filmase un tsunami y un galimatías de pies a cabeza. Yo así lo entendí. Es tan mala, que ni siquiera merece que se escriba una línea más criticando lo absurda y aberrante que es.