Entonces el desarrollo urbano en la ribera sur del Támesis a su paso por Hammersmith Bridge era prácticamente inexistente. No así en su ribera norte, donde se prodigaban las maltrechas casuchas de los estibadores de Upper Mall. El lugar donde se extiende Furnival Gardens era, en realidad, una barriada maloliente y mugrienta frecuentada por prostitutas y vagabundos. Hoy es un parque descuidado: desde sus lomas suaves puede vislumbrarse una imagen gloriosa del río y el puente colgante.
Seguía siendo muy célebre entonces el entrañable pub The Dove Inn, ubicado en la confluencia del callejón de Upper Mall con la explanada abierta hacia los diques hediondos. Su bien ganada celebridad provenía de antiguo, por los abundantes enredos forjados con amoríos cortesanos o la obstinación de las musas en visitar allí a escritores que larvaban manuscritos con aceptables versos. No podía ser de otra manera. Pero todo aquello sucedió en tiempos pretéritos a los acontecimientos aquí narrados: en la primera mitad del siglo XX, los vecinos acostumbraban a inadvertir, con cierto descaro, a tanto frecuente poetastro y bohemio de baja estopa, que nunca faltaban, y a tanto reyezuelo o corista, carentes de gloria, e incluso al buen hato de celebridades que, sin más prosapia que la inventada cuando convenía, tan sólo dejaban a su paso unos misérrimos chelines en los cacitos pedigüeños arrimados al calor que ofrece lo notorio. Así, de esta guisa, permaneció el carácter aparentemente inmutable de aquella callejuela relumbrante, donde los pubs obsequiaban con una fragancia inesperada a quienes olores de fango y pesca hubiesen sospechado.
Poco antes de estallar la segunda Gran Guerra ocurrió un suceso que muy pocos, por no decir nadie, supo desentrañar: una noche bastante oscura, con la espesa niebla del Támesis recorriendo sin prisa las dos riberas del río, apareció flotando sobre las aguas lóbregas el cadáver de un hombre de mediana edad. Un bobby de paisano, que trasegaba sus buenas pintas tardías al cobijo de las luces mortecinas de The Dove, hubo de recoger el cadáver y custodiarlo hasta la llegada del juez del condado. Alertado Scotland Yard, un inspector y varios agentes se personaron hasta los limosos accesos del río, bajo los diques, donde el cuerpo permanecía quieto, salvaguardado por el celo constante del bobby, quien se sentía extraño y ficticio sin su casco y su silbato. Los investigadores inspeccionaron el cadáver, por supuesto, y se marcharon con igual sigilo al que habían llegado. No fue sino varios días más tarde cuando se corrió la voz de que aquel ahogado había perecido no a causa del abrazo de las aguas lúgubres y misteriosas del río, sino por estrangulamiento con una cuerda de cáñamo. El finado tenía nombre y apellido, y se le conocía por faenar el pescado en el mercado de Kensington.
Huelga decir, porque a los propósitos de esta investigación poca relevancia tiene, que el revuelo causado por aquella muerte violenta, camuflada de ahogamiento, como en los mejores seriales, no tardó en guarecerse entre las horas nocturnas del pub o los cuchicheos de tienda al mediodía. Pero la conturbación causada por tan extraño y ajeno suceso no habría de disiparse rápidamente, ni mucho menos. A las pocas semanas saltó la noticia de que Eleanor Behn, la vieja tory proselitista de Hammersmith, había muerto de forma horripilante en su casa de Cambridge Grove. Alguien comentó en The Dove, una de las noches siguientes, que el tendero era amante secreto de la vecina que cuidaba a la vieja.
Algo tétrico el pasaje de esa noche de niebla en Londres junto al río donde aparece el cadáver. Un final quizá maquinado para que el lector piense que las muertes están relacionadas con el vínculo de los amantes, lo que a mí me lleva a pensar que una mujer por despecho y celos mata al hombre al que ama y a la vez a la mujer que cuida su amante secreta, para dejar a esta última sin dos de sus seres más queridos.
ResponderSuprimirQuizá, aunque los asesinatos que se van narrando en el blog, no coincidan en el tiempo ni lugar, se pueda crear una trama que relacione algunos de ellos, o quizá por lo menos esclarecer con todo lujo de detalles este mismo caso del ahogado, una simple sugerencia, muchas dudas que me quedan, intriga sobre todo y expectativas de leer más al respecto.
Aunque no me ha parecido un texto muy afable de leer por los nombres y vocabulario, agradezco sobre todo este último para ir adentrándome un poco más en nuestra rica lengua.
Lourdes
Cada vez me desconciertan más sus textos.
ResponderSuprimirMuy bien relatado y muy buenas las descripciones consiguiendo recrear un perfecto ambiente ingles. Por unos instantes nos ha transportado al lugar de los hechos y ha conseguido esa sensación de ser testigos de lo que allí acontecia. Estupendo!.
ResponderSuprimirMNEIAE
En uno de tus textos, Tano pregunta....
ResponderSuprimir¿Qué intenta con este tipo de textos? ¿Desconcertarnos?
Hasta hoy no lo he podido ver.
Has comenzado tú trama particular.
Si repasan los textos, descubrirán que sabemos algo más de uno de los crímenes sin resolver del inspector Dawson.
Interesante.
No entro a valorar esta historia, que podría contarse entre miles igualmente execrables y siniestras. Lo que a mí me fascina es haber estado en el Támesis de otros siglos sin haber comprado billete al pasado.
ResponderSuprimirImpecable texto.
Hasta el próximo.
Vaya vaya. Así va todo entrelazado? Hay que empezar desde el principio para no perder detalle de lo qué transcurra.
ResponderSuprimirNadie presta mucha atención a los crímenes que se dan lugar en una barriada maloliente y mugrienta
ResponderSuprimirLaya, discrepo contigo. La atención la despierta el asesinado. Indiferente de dónde se origine el asesinato.
ResponderSuprimirLa densa niebla entraba por mi ventana.
Bien, no sabía yo que este reencuentro con tu blog me iba a ser tan grato. Me alegro. Pues ahí va mi comentario´. Javier, cada vez me gusta más como escribes. Tanto los artículos, que he podido leer hasta ahora cada semana, y ahora en tus textos. Muchísimo me gusta mucho ese cambio que he apreciado.
ResponderSuprimirHasta pronto!
Tu siempre fiel admiradora
Estoy de acuerdo con la anterior admiradora,su cambio radical en lo escrito,es mucho mas atrayente.
ResponderSuprimirFelicitaciones.
Carlos