sábado 18 de junio de 2011

La vocación detectivesca de Cécile

Entre los años 1907 y 1914, la cotidianeidad de la ciudad de Épernay, en Francia, se vio alterada por una serie de horrendos y sobrecogedores crímenes, que jamás fueron esclarecidos. Los documentos más reveladores han permanecido ocultos en los archivos del hospital construido por el millonario y filántropo Victor Auban-Moët, e inaugurado veinte años antes de que dieran inicio las más de cincuenta muertes cuyas circunstancias pretendemos esclarecer. Para quien lo desconozca, cabe apuntar que Épernay conoció su época de mayor esplendor y crecimiento entre 1870 y 1914, es decir, en el periodo comprendido entre la guerra franco-prusiana y la I Guerra Mundial.  A lo largo de esas cuatro décadas, la ciudad cuadruplicó su población atraída por la creciente actividad de la que se había constituido, con total justicia, en capital mundial del Champagne y una de las villas más ricas e influyentes del noreste francés. No sorprende, por tanto, que el primero de los crímenes se perpetrase en las propias bodegas de la familia Möet.

Los datos de éste y los sucesivos crímenes que se cometieron, fueron cuidadosamente documentados por una de las administrativas que trabajaban en el ya mencionado Hospital Victor Auban-Moët. De ella solamente conocemos su nombre, Cécile, y la inicial de su apellido, F. Cualquier dato biográfico o revelación oficial de esta mujer se ha perdido. De hecho, lo poco que podemos saber de su vida proviene de las breves anotaciones que ella misma fue apuntando en el margen de las notas que transcribía mientras documentaba los asesinatos. Al principio nos sorprendió que una mujer tuviese acceso a los cadáveres y autopsias practicadas, pero muy pronto descubrimos que ella era la encargada del registro de la morgue del hospital. Posiblemente Cécile F. fue una mujer de edad mediana que hubo de sobreponerse a las dramáticas circunstancias en que se desenvolvió la villa durante este periodo de terror. Pero es indudable que muy pronto advirtió la importancia de su trabajo, porque las observaciones que escribió de su puño y letra sobre los crímenes son pormenorizadas, y las anotaciones al margen están sembradas de sus propias deducciones.

Decíamos que el primer cadáver apareció en las bodegas Moët, y debió tratarse de un jornalero anónimo. La fecha de su muerte corresponde con la primera recogida de la uva en la región, y fue hallado muerto, de acuerdo a las anotaciones de Cécile, en la franja norte de los extensísimos viñedos de la familia. Había recibido un hachazo en la cabeza, que le abrió el cráneo, produciéndole una muerte horrible. Las primeras anotaciones al margen sostienen posiblemente una de las hipótesis de trabajo de la policía: se trataba de una riña o disputa entre jornaleros, de final aciago. Sin embargo, en esta primera página, justo en el margen inferior, aparece una enmienda de Cécile que nos remite al crimen perpetrado en agosto de 1911, muchas páginas más adelante, cuando se encuentra asesinado en su casa al prefecto de la región, a consecuencia precisamente de un hachazo en la cabeza. Para entonces, la administrativa había tenido ocasión de describir una treintena larga de crímenes, y su confianza en el trabajo policial era prácticamente nulo. Muy probablemente tal fuese el sentir generalizado de las gentes de Épernay. La dispersión social y racial de los asesinados hace pensar que el autor de los mismos no perseguía objetivo alguno con ellos, salvo instaurar un periodo de terror en la región, cosa que sin duda alguna logró sobradamente.

La clave más reveladora de toda esta larga indexación de asesinatos lo muestra Cécile, por vez primera, en la anotación correspondiente al crimen de la maestra Rachel Lemonnier, muerta en 1908 por estrangulamiento con una soga de cáñamo. Dice la administrativa, literalmente: "Tengo sospechas del amante de mi sobrina Noemie Dubled". Desafortunadamente, fuera de los documentos escritos por Cécile, no hemos podido hallar indicio alguno del hombre al que se refiere la administrativa. Los únicos rastros de Noemie Dubled son la partida matrimonial de 1905, tras desposar con Pierre Dubled, y el acta de defunción de 1918 a consecuencia de unas fiebres. Nada más. No dejó descendencia, pero sí consta que su marido volvió a casarse unos años más tarde, yéndose a vivir cerca de París. Sin embargo, estos datos no parecen en principio cruciales para la investigación que estamos llevando a cabo. Quizá nos equivoquemos, pero la cuestión intrigante estriba en que, desde ese momento, las sospechas de Cécile parecen irse fundamentando, y en no pocas ocasiones da cuenta, visiblemente alterada, de las enormes diferencias que mantiene con las pesquisas de la policía. 

Por lo tanto, podemos asegurar que, entre 1908 y 1914, las anotaciones de la administrativa constituyen el único indicio plausible capaz de dar con la identidad del asesino, identidad que si bien para Cécile nunca resultó un enigma, sí debió serlo para la policía local, desconcertada a lo largo de dos lustros e incapaz de dar con el criminal y atajar el imperio de terror que se había instaurado. Quizá se debiera mantener alguna cautela sobre esta afirmación: parece evidente que las pruebas que Cécile fue acumulando en sus anotaciones no le parecieron en ningún momento suficientes como para llevar a efecto una denuncia. Y por mucho que ensalcemos ahora la pulcritud moral de Cécile ante la suposición de inocencia de aquel a quien creía culpable, sí conviene lamentar su tenaz escrupulosidad, que la impidió caligrafiar una sola vez el nombre de tan peculiar sujeto. Mas no todo está perdido. Podemos, en todo caso, establecer un retrato-robot del sospechoso a quien ella dedicó una atención extraordinaria durante buena parte de su vida: en efecto, de sus notas puede deducirse que se trataba de un hombre joven, de origen anglosajón, cultivado en letras y en ciencias, llegado a Francia desde poco antes del primer crimen y acostumbrado a llevar una vida disoluta, sin que se conociera el origen de su economía que, no obstante, debía ser boyante pues le permitía vivir con lujo y capricho en la siempre esplendorosa Éparnay.

Es igualmente lastimoso que las anotaciones de Cécile siempre sean breves. Las pruebas que, en su opinión, vinculan cada vez más al asesino con el cortejador de su sobrina, resultan además excesivamente etéreas para quien las lee, no así para ella, que las refiere con cierta desidia, como si estuviese más necesitada de transcribir sus pensamientos personales que de dejar constancia de la ilación lógica de sus sospechas. Es como si la administrativa de repente se viese enardecida por esclarecer la psicología y el conductismo de aquel a quien reconoce como un asesino, aun sin poder aportar una prueba concluyente. Y así es. Para Cécile, los crímenes, tormentosos en muchos casos para las víctimas, que llegan a padecer auténticas torturas en los momentos previos a fenecer, son en realidad demostración de la enorme distancia que media entre la actitud pública del asesino (un joven de buena posición, extranjero, que se divierte dejándose ver en sociedad como ultrajador de la honra de sus convecinos) y la del criminal (un absoluto monstruo incapaz de sentir la más leve misericordia por sus víctimas, a las que inflige todo tipo de padecimientos, cuando no las descuartiza sin contemplación). Ambas actitudes tienen un mismo elemento sobre el que pivotan: ni la sociedad ni la policía pueden atajar sus desmanes, públicos o privados.

Es hacia la última parte de estos registros de Cécile cuando sobreviene el terror para todo aquel que los lea. De repente se percata, por la identidad de las víctimas, que el asesino hace meses que viene trazando círculos alrededor de ella, que sí existe un planteamiento y unas intenciones, que cada asesinato posterior se comete justo del modo en que Cécile ha pensado previamente que debería perpetrarse. En ciertos momentos, las notas al margen se tornan confusas, como si de pronto la pobre administrativa se hubiese dado cuenta, tarde, pero irremediablemente, de que hace muchos años que el asesino viene jugando con ella, que sabe de sus sospechas, de sus notas manuscritas, de las claves que conjetura, de los distintos barruntos con que ella trata de aproximarse a la psicología del asesino. Y cuanto más evidente se le aparece esta deliberación a Cécile, más confusas se tornan sus conjeturas sobre si el amante de Noemi es o no el verdadero culpable. Al menos para el lector, que permanece estupefacto ante esta súbita revelación, que no conoce detalles ni entresijos pormenorizados de cuanto Cécile debió cavilar mientras dispersaba apuntes en los márgenes de las páginas donde registraba los asesinatos, y que se mantiene -como lector- ajeno y externo a todo cuanto sucede, el origen de la vuelta de tuerca bien pudiera hallarse en la existencia de una tercera persona que conoce, que ha conocido desde el primer momento, las presunciones detectivescas de Cécile. Y de ser así, hemos de confesar que nos produce una desagradable sensación contemplar cómo el odio inveterado de esta mujer hacia el amante de su sobrina fue lo que la indujo a desvirtuar el resultado de una investigación, la suya, que de otro modo hubiese resultado crucial para desvelar la identidad del asesino, quien no sólo perpetró sus fechorías en la región de Champagne, lugar donde la justicia fue incapaz de dar con él, sino que cesó de cometer homicidios solamente cuando, finalmente, Cécile F. fue hallada muerta en la propia morgue del hospital de Épernay, mientras su rastro de sangre se extendía sobre el último de los folios que estaba escribiendo.

11 buscadores de belleza opinan:

  1. Sobre esta historia bien se podría hacer una buena película, hay sobrado material. Podría llamarse "¿Quién mató a Célile F.?"
    Como digo, la historia es interesante, pero en gran parte gracias a la excelente redacción.
    Hasta pronto.

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  2. Muchos nuevos casos por investigar y resolver escritos generando una gran intriga, ganas de hacer de detective y de elucubrar una posible resolución de alguno de ellos.

    Ese vínculo entre el supuesto asesino y Cécile, me hace pensar en una especie de juego macabro por parte del asesino o alguien relacionado con él, posibles conocedores de Cécile a través de su sobrina y relacionados de alguna manera con el hospital, teniendo acceso directo a los archivos de la morgue.

    Me descoloca un poco lo que se dice del amante de Rachel, la maestra, ya que no me queda claro si pudo ser el amante al mismo tiempo de la sobrina de Cécile y de Rachel, o si las dos mujeres tienen algún vínculo de unión por las anotaciones de Cécile correspondientes a la muerte de Rachel.

    Me quedo expectante y deseosa de la continuación del texto ya que me parece que es y resultará muy interesante.

    Lourdes

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  3. Yo en este relato me he perdido. No encuentro ningún dato que me lleve a pensar que algo tiene que ver con los ya escritos

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  4. ¡Qué podría decir..! es insuperable este escrito, me ha dejado anonadado.Un gran placer el poderme deleitar con sus escritos.

    Magnífica su imaginación.


    Saludos.Carlos

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  5. Aquí, si no la palman buscando la belleza lo hacen buscando al psicópata. El caso es que, no se libra nadie del pijama de madera, coño!



    Petrus

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  6. Un asesino en serie?
    Cual será su sello de identidad? los hachazos, martillazos,semillas exóticas, estrangulamiento...
    Y si fuera el propio asesino quien nos está relatando su profesión tan macabra?



    MNEIAE

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  7. Cécile F, encargada del registro de la morgue del hospital y con bastante intuición. Fue apuntando notas de unos asesinatos (sin resolver) que se desenvolvieron durante su trabajo en el hospital. Solo la casualidad que todos ellos rodeaban las villas del millonario y filántropo Victor Auban-Moët, le llamaron la atención.

    Las anotaciones siempre fueron breves, pero vincula al cortejador de su sobrina.

    La clave más reveladora corresponde al crimen de la maestra Rachel Lemonnier, que alguna vinculación tenia con su sobrina. Incremento sus sospechas, que identidad de las víctimas y el asesino hace meses que viene trazando círculos alrededor de ella,



    Rachel Lemonnier, desposada con Pierre Dubled, (relacionado con una finca productora de vino.

    Demasiadas coincidencias al rededor de las villas de Champagne.......

    Aunque siempre me quedo con el último asesinato. Será por ello que tus relatos son tan interesantes.

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  8. Sus relatos cada vez demuestran más tú magnifica narración.

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  9. Bañada en sudor con una terrible sospecha en su mente, escucho un grito que le heló las venas, allí delante de ella estaba su asesino

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  10. Cuando nos va a regalar otra entrega, estoy espectante. saludos


    Carlos

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  11. Debo felicitarle, he estado leyendo sus post y parecen interesantes.

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