Distinguido cronista:
Vengo leyendo con mucha atención y no poco interés la narración de los extraordinarios hechos que Vd. está exponiendo de un tiempo a esta parte ante la opinión pública, que siendo en sí mismos el resultado de investigaciones ciertamente arduas y complejas, como no podría ser de otro modo tratándose de acontecimientos ocurridos hace más de un siglo, resultan del todo inquietantes: lo mismo que si fuésemos testigos presenciales directos del trabajo de la imparable mente criminal que Vd. ha decidido perseguir y atrapar pese a que la extinción de tan macabro asesino es una certeza categórica avalada por el calendario. De alguna manera, su cometido es elogiable: que el horrendo homicida actuase a sus anchas sin sentir el aliento de la justicia en el cogote y la satisfacción de saberse no solamente impune, sino también desconocido, espolea nuestros deseos de perpetrar una venganza intelectual y reparadora que conlleve tanto el oprobio de su infausta memoria como la vindicación de las víctimas que padecieron su insaciable terror. De ahí que uno de mis propósitos con esta carta, si no el primero de ellos, sea exhortarle a que continúe con su investigación y prosiga con las pesquisas necesarias para alcanzar tan justificable fin.
De momento ha indagado Vd. en los ominosos acontecimientos ocurridos en Épernay y sus alrededores a primeros del siglo XX. Previamente, y en aparente desorden, nos ha relatado a nosotros, sus lectores, otros episodios acaecidos en esta parte de Occidente, como son el crimen de Pentyrch o el asesinato de la tory Eleanor Behn, en Hammersmith, Londres, que sin duda alguna están relacionados o Vd. jamás hubiese escrito una palabra sobre ellos.
Hay aspectos ciertamente interesantes en los sucesos arriba referidos, como son por ejemplo la imponente presencia del coronel Hume Ross o la enigmática tristeza del botánico Albert Sebas, a quien Vd. atribuye la muerte de Susan Verner, cuestión en la que debo mostrar mi absoluto desacuerdo. Como en desacuerdo estoy con la ilógica conclusión por Vd. alcanzada de que la matanza de Épernay se produjo para encubrir la verdadera razón del asesino: matar al prefecto Alexandre Joules Mathurin. A decir verdad, me sorprende la facilidad con que Vd., relator y creador de estas crónicas durmientes (porque dormidos han permanecido los crímenes después de tanto tiempo) yerra a la hora de descifrar unos enigmas que con exquisita y pormenorizada meticulosidad ha sido capaz de desgranar. Si encomiable es la finísima labor con que ilumina las escenas oscurecidas por el tiempo y el olvido, vituperable es la facilidad con que se deja engatusar por las lagunas creadas en la lógica incompletitud de las tramas. Por ejemplo: incurre Vd. en una absurda irracionalidad, tercamente sostenida, al afirmar que el asesino planea campar por sus respetos en la capital de la Champagne tantos años como sea preciso hasta alcanzar el objetivo de acabar con Mathurin, con quien supone -acertadamente- que se topó en el pasado en Londres. Esa explicación, o una parte de ella, la estrictamente criminal, no es sostenible en modo alguno. Al abundar en su terca obstinación solamente consigue que la única evidencia lógica e incuestionable parezca quimérica, haciéndosela parecer así al lector poco fundamentado.
Se lo digo con toda claridad. El asesino no se establece en Éparnay para asesinar al prefecto Mathurin. El asesino no disfruta asesinando inocentes con el solo objeto de encubrir ese otro muy postrero crimen. El asesino, como cualquiera de nosotros, no es capaz de predecir los destinos políticos de Mathurin, por muy amigo suyo que sea o aparente ser. El asesino no actúa por capricho al esperar más de un lustro en Éparnay antes de acometer su postergadísimo crimen. Vd., amigo mío, antepone las circunstancias a la lógica, con lo que su fracaso es rotundo. Y quizá lo haga por haberse empeñado de un modo absurdo en demostrar al mundo que sus pesquisas son mucho más acertadas que las seguidas en su día infructuosamente por la policía. Por este motivo piensa Vd. que lo mejor y más sensato es alejarse de las claves policiales, y actuando de esta manera, Vd., el cronista, cuya obligación para con el rigor y la objetividad debiera estar por encima de cualquier otra consideración, peca de superficialidad, de obstinación y de imprudencia, como cuando estúpidamente critica a la pobre Cécile Foly, haciéndola corresponsable de los crímenes por dudar de manera comprensible sobre la irrefutabilidad de sus sospechas. Obstinado es Vd., amigo mío, años más tarde, cuando todo ha pasado. Entre el pensamiento de Cécile y el suyo propio existen notables diferencias: la más importante es que ella acabó masacrada por aquel de quien sospechaba y Vd. en cambio no puede sentirse amenazado en modo alguno por el cruel y ya extinto asesino. La siguiente diferencia en importancia estriba en la veracidad y acertado tino de las sospechas de Cécile Foly, quien estaba en lo cierto, en contraposición a la pobreza lógica de las de Vd., cosa que le cuesta una enormidad reconocer.
¡Por supuesto que el anglosajón amante de Noemie Dubled, la sobrina de Cécile, es el asesino! Pero, ¿acaso no se da cuenta de la importancia que cobra el hecho de que las sospechas de la señorita Foly se fundamenten una vez que tiene lugar el examen forense de la maestra Rachel Lemonnier y no antes? Lo anota de su propio puño y letra en uno de los márgenes de su ficha forense, como Vd. bien describe. Pero desdeña este episodio, no le presta suficiente atención, y pasa por alto una evidencia importantísima para la investigación. He tenido la precaución de solicitar a la biblioteca pública de Éparnay copia de los números publicados en 1908 por L'Union, el periódico local. Es algo que bien hubiera podido hacer Vd. mismo si su engreimiento le hubiese permitido pensar con mayor lucidez. En la crónica de su obituario se advierte que la maestra era una mujer querida, y que su muerte por asfixia produjo una conmoción extraordinaria entre los habitantes de Éparnay. Dígame, ¿no se ha preguntado qué hizo a Cécile sospechar del amante de su sobrina, por qué los detalles escabrosos de la muerte de Rachel la alertaron y no otros? No busque la respuesta en parte alguna, en ficha policial alguna, ni siquiera entre los legajos manuscritos de la desdichada Cécile. Búsquela en la foto publicada por el susodicho diario durante las exequias de la maestra. El pie de página es revelador: en primer plano se hallan sus padres y hermanos, acompañados por C. Foly y N. y P. Dubled. En el otro extremo, un joven sin identificar mira a Noemie en actitud extraña. El asesino, con su fría y calculada metodología criminal, la misma que imposibilitaba cualquier sospecha policial, no tuvo el menor reparo en retratarse junto al féretro de la mujer que mató, y de quien presumiblemente era también amante. ¿Tanto cuesta sospechar que Cécile, Rachel y Noemie eran amigas, íntimas incluso estas dos últimas, y que las sospechas de la señorita Foly provienen de confidencias de mesa camilla, de murmuraciones íntimas, de cotilleos insospechadamente reveladores efectuados por las tres mujeres? El asesino acabará posteriormente con la vida de la desgraciada Cécile, la única persona que podía acusarle abiertamente. Y si siega la vida del prefecto Mathurin es, como bien apunta Vd., porque el político conoció al asesino anteriormente, y su nombramiento como prefecto del Marne trastorna de tal modo a este implacable criminal que solamente puede hacer una cosa: eliminarle, para que nadie sepa relacionarle con ningún episodio anterior a su vida. No le mata a consecuencia de un maquiavélico plan, preconcebido décadas atrás. Tal pensamiento es no solamente absurdo, sino manifiestamente pueril. Yo, en su lugar, amigo cronista, indagaría un poco más en la lista de estudiantes que confluyeron en la escuela universitaria londinense que ha mencionado en otra crónica. Es posible que allí encuentre pistas suficientes para avanzar en sus averiguaciones.
Disculpe el tono agrio adoptado en algunos pasajes de esta carta, que bien pudiera ser que le haya disgustado. Sepa que puede contar conmigo en todo momento. Soy su más fiel lector, su más admirado indagador de pesquisas.
Desde un confortable sillón, este prejubilado español, a quien han arrancado prematuramente de su quehacer diario a cambio de una ingente cantidad de solazamiento, así sea ver aburridamente los antipáticos programas de la televisión o desenmascarar a un asesino hábil, le saluda afectuosamente,
Belarmino Marsó
Enhorabuena.
ResponderSuprimirAcabará en algo grande.
Tessa
Votre écriture est grande ma Javier cher. Gardez cette façon est grand. S'il vous plaît écrivez ces histoires, nous étions habitués, ceux qui sont tombés en amour. heureux de savoir son travail.
ResponderSuprimirPierre
No es por nada, pero el tal Belarmino te ha dado un varapalo de órdago. Ahora bien, para mí su carta ha sido muy reveladora; ha sido ese resumen que necesitaba para ordenar detalles de la historia.
ResponderSuprimirYa sabes, a indagar un poco más, que, parece ser, algo se te escapa.
Hasta pronto.
...Y este Berlamino Marsó , quien es?
ResponderSuprimirAy,madre!! anda que, como sea heredero del asesino... cuidese señor cronista, cuidese de acercarse demasiado a la verdad...
Magnifica!!! Que manera de escribir...
ResponderSuprimir¿ La de el tál Berlamino no ?
ResponderSuprimirEl cronista,es grán escritor de narrativa,
pero cuesta seguirle y eso cansa.Los datos són excesivos.
Y Mercedes se ha dado cuenta, no tiene porque haber silencios ni callar por miedo....el Sr
Sabadell seguro que agradece estos consejos.
Su nueva admiradora
Tessa
De aquí al premio pullicer, enhorabuena.
ResponderSuprimirMarta
Formidable! Una autocrítica genial! La imparcialidad debe primar.
ResponderSuprimirEl Duende Ortográfico
Más tensión,más intriga, más de todo queremos.
ResponderSuprimirBueno ,muy bueno
Ainara
No seas pelota marta que te puede gustar como escribe, y lo hace bien porque es imaginativo el escritor pero de aquí al pullicer, seguro que él mismo se ha reído y todo.
ResponderSuprimirAntonio C.A.
Me ha gustado mucho está carta. Es instructiva y de nuevos datos.
ResponderSuprimirSobre los datos deben representar una atmósfera de miedo, violencia, corrupción y poder. Los crímenes deben basarse en las debilidades humanas. Para ello los datos deben tener mayor consistencia para dar más intriga y una acción
Llevas razón, Tessa, creo que este texto no es fácil. Desde la primera entrega así me lo pareció, supe que necesitaba concentración y más entrega y tiempo del que tenía; aunque no dudo en absoluto de su coherencia y buena construcción —conozco otros textos del autor que con la debida atención me han introducido en el argumento sin dejarme lagunas—. Es más, hablando de las dificultades de la lectura, tengo el convencimiento de que si los seguidores se sometieran a un sencillo examen de lo leído hasta ahora —sin poder consultar el contenido, naturalmente— difícilmente alcanzarían el aprobado. Pero también he de decir que igual me pasó con “Rayuela”, por ejemplo, la primera vez que la leí, y sin embargo una segunda lectura fue toda una lección de literatura.
ResponderSuprimirNo es menos cierto que las novelas con mucho contenido suelen parecer farragosas, si se quiere, al principio, y a medida que avanza la trama y el lector se familiariza con los personajes las dudas se van esfumando. Podríamos poner cientos de ejemplos, los cuales han quedado en la historia de la literatura como obras maestras. Personalmente, lo quiero todo: claridad desde el principio, un argumento con enjundia, personajes perfilados, trama y subtramas correctamente enlazadas y atrayentes, escenarios bien pintados, adecuado vocabulario e impecable redacción y ortografía. Algunas de estas cualidades dependerán del buen oficio del escritor, pero otras lo serán del estilo personal, con lo que el lector estará más o menos de acuerdo.
Me estoy acordando del último libro que estoy leyendo y tentada de abandonar de un momento a otro. Se le entiende todo, sí, ¡¿y qué?!, si no dice nada; aparte de que su construcción gramatical está llena de errores y es más simple que el mecanismo de una cerilla.
No quiero acabar sin decir que de los textos de este blog disfruto y aprendo, por su impecable redacción, su cuidado lenguaje y magníficas descripciones. Tengo confianza de que finalmente cogeré el hilo del argumento.
Saludos a todos.
Yo en cambio no encuentro la lectura difícil de llevar, quizás por qué este tipo de novelas me gustan
ResponderSuprimirDisfruto buscando semejanzas en los personajes ( datos que no nos faltan, gracias al autor), me quedó con ganas del siguiente capitulo, me entretiene pensar y intentar descubrir alguna cosa. Javier casi nunca hizo textos fáciles, la mayoría de veces nos quería decir otra cosas a la que nosotros podíamos interpretar, por eso este tipo de novela le va más que pintado.
Yo, de todos sus personajes me quedó con Céline F por ahora.
¡Vaya pedazo de carta Señor Berlamino!. MIs felicitaciones,queremos hombres como usted con ese saber y buen hacer de la palabra escrita.
ResponderSuprimirCarlota Minguez
Nos dejaría aportar algún apunte a su historia.
ResponderSuprimirIONE
Chapeau, por la carta del señor Belarmino y por su post.
ResponderSuprimirAngélica
No me ha contestado señor Sabadell.Nos dejará interactuar en su obra,muchos de nosotros tenemos ideas buenas, al igual que el señor Belarmino.¿Dónde puedo dirigirme para exponérselas?
ResponderSuprimirIONE
Yo creo como IONE que podriamos poder participar y poder dar ideas de este nuevo proyecto
ResponderSuprimirAl no contestarme,me doy por enterada que no le apetece compartir su obra.
ResponderSuprimirIONE
Es algo antipático, mira que no contestar a ningún comentario.Creo que no le faltamos al respeto en ningún momento, ¿o si?
ResponderSuprimirEl Duende Ortográfico
Vaya, alguien suplanta mi identidad. Será posible... dice "creo que no le faltamos al respeto en ningún momento", por lo que veo a este anónimo le ha gustado mi seudónimo. Hay que ver lo poco imaginativa que es la gente. A mi no se me ocurriría hacer nunca un comentario así. Pero le cedo el mencionado seudónimo si le gusta.
ResponderSuprimirEl verdadero Duende Ortográfico.
¿ Nos deja con la miel en los labios ?
ResponderSuprimirTessa
Otro, otro, queremos otro!!!!!
ResponderSuprimirLLevaba mcucho tiempo sin visitarte y veo que, como los buenos vinos, ganas con el tiempo. Leerte siempre es un placer.
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