viernes, 27 de junio de 2014

Reseña de tres libros difíciles de leer

Peñas Arriba, de José María de Pereda

Donde muchos, muchísimos lectores, naufragan, otros encuentran un placer inenarrable que solamente puede calificarse de amor. Amor por la literatura. Posiblemente sea éste el caso de la inmortal obra del escritor cántabro al que rindo homenaje en esta breve reseña.

Se trata de una obra controvertida, que en la inmensa mayoría de las mentes suena a cosa olvidada, por tratarse de una novela montaraz, de entre lo más enriscado de la cordillera Cantábrica; pesada en su lentitud narrativa, de argumento muy simple y tensión dramática apenas perceptible en pocas trazas; obsoleta por la tesis patriarcal que sostiene, alejada del sentir y parecer del lector contemporáneo. Y, sin embargo, en cada hoja de este libro, en cada párrafo y en cada línea, hay una experiencia extática implícita, que solamente el asombro ante el intrincado deleite narrativo, ante el complejo deambular de este cántico hecho novela, puede ayudar a entender.



El juego de los abalorios, de Herman Hesse

Extraordinaria y difícil parábola construida por Hesse, donde las artes y la música se entrelazan y unifican en las reglas de un misterioso juego, parangón de las elites intelectuales de un mundo en decadencia.

Esta novela es una experiencia lectora intensa, turbadora, imponente. Por lo que dice, cómo lo dice, y lo que omite. Hesse la escribió hacia 1940, en plena decadencia moral y social del mundo occidental en que vivía. Pero la transposición de su tesis es perfectamente plausible al día de hoy, en que nuestro mundo tecnológico, digital y global es insensible al pensamiento crítico y a la profundidad intelectual.

La vida interior de Joseph Knecht, su protagonista, maestro del juego secreto, se nos revela en este libro para conformar la armonía del saber complejo, adusto, pero siempre asombroso, de su autor.



Centuria, de Giorgio Manganelli

Manganelli, quien solía decir que comenzó a escribir por no saberse atar los cordones de los zapatos, agudiza en este libro la riqueza, imaginación e inteligencia de su prosa. “Centuria” consta de cien (brevísimas) partes. Parece un libro ideal para quienes no tienen tiempo de leer novelas, pero no es cierto: cada capítulo es un laberinto de significados, en el que resulta fácil perderse si nos adentramos en él con una idea muy simple de lo que es la narrativa y la realidad. Por eso se trata de un libro intenso, agudo, sutil, irónico, cínico, impredecible, con cien perspectivas, todas diferentes: un fantasma triste y solitario en su castillo esperando quién sabe qué, los hombres solos en una ciudad desierta, asesinos, caballeros y dragones, hadas, sueños y pesadillas…