lunes, 11 de enero de 2016

Un reinicio fallido para Star Wars

Resulta complicado escribir una reseña de una peliculita como "Star Wars 7, El despertar de la Fuerza", que tal me ha parecido la ruidosísima apuesta de Disney, adueñada (con ayuda de la fuerza... del dinero) de la más rentable idea en toda la historia del cine. Y digo que resulta complicado porque, por una parte, hay millones de voces, las de los llamados fans (fanáticos, sí), que rugen y escriben sobre esta continuación de la saga galáctica, unos declarándola muy superior a la ya realizada por su original creador (y posiblemente único genio, bastante incomprendido, de toda esta historia: George Lucas), otros tratando de dirimir en qué puesto ha de ubicarse de entre el repertorio completo de aventuras galácticas.

Por otra parte, está la crítica especializada, que parece confluir mayoritariamente en alabanzas hacia el producto fílmico elaborado por ese solvente mago de lo impostado (y muy correcto artesano) que es J.J. Abrams. En general, podría decirse que la decisión de los productores de volver a la estética original del filme de 1977 ha cosechado alabanzas, y muy pocos se aventuran a enjuiciar esta película desde puntos de vista estrictamente cinemáticos e historiados. Aunque, haberlos, los hay, y son en las críticas negativas donde posiblemente uno pueda encontrar las reflexiones más interesantes sobre esta esperadísima continuación de los mitos de la Fuerza.

Resulta asimismo curioso lo que se discute en ese gallinero ingente que son las redes sociales. Tanto los fans  como la prensa dedicada a esto del cine resuelven su favorable veredicto respecto al filme de Abrams argumentando brutalmente contra la segunda trilogía de Lucas (la primera en sentido argumental): una segunda trilogía que, conviene decirlo, por historia, ambición y complejidad narrativas, no es ni mucho menos réproba, sino poseedora de cualidades apreciables, pese a los muchos errores contenidos en ella. Pero la casi universal zafiedad de los millones de fans autoerigidos en jueces implacables de lo que no les pertenece ya ha emitido su veredicto favorable a Disney, a Abrams e incluso a la chica protagonista, porque todo alimenta (claro que tampoco le pertenece la idea ya a George Lucas, suculento fajo de millones de dólares mediante). . 

La crítica de Star Wars 7 es muy sencilla de emitir: J.J. Abrams ha hecho con este "Despertar de la Fuerza" lo que acostumbra a hacer: una película entretenida y de buena factura, sustentada en un guion (muy suyo, muy propio) un tanto pueril que, además, no maneja con solvencia la interesada nostalgia introducida en la historia. ¿Pueril? Sí, me refiero a trivial, ese mal que últimamente llena el desarrollo de las historias de las grandes producciones, como por ejemplo sucedía en otro filme aquí criticado, Prometheus, esa inmensa evacuación mental de Lindelof avalada por Ridley Scott. La puerilidad se vislumbra en las situaciones mal resueltas de las películas, en el mal desarrollo de los personajes, en las concesiones gratuitas Deus ex machina, en las argumentaciones sin elaborar que parecen un trágala para el espectador... En fin, lo que sucede en la práctica totalidad del cine de entretenimiento actual.

Y, sin embargo, pese a ello, las incoherencias y la gratuidad de la historia han hecho arder las redes durante unas semanas: discusiones de todo tipo acerca de la genealogía de tal o cual personaje, razones de por qué hay un brazo colorado en un robot, le indignación de que un cerrar de ojos de la protagonista la coadyuven a adquirir el más grande poder existente... Todo eso es puerilidad, es simpleza, es recurrir a lo irresoluto, pero enardece y mucho a los seguidores, a los fans, quienes en lugar de ver incompletitud o error, se absortan de las expectativas inmensas que quedan abiertas en un tinglado mucho más absurdo que los honrados (pero fallidos) intentos de Lucas para convencer a propios y extraños de cómo la República se convirtió en el Imperio Galáctico. Esta película parece abrir paso a una trilogía que parece beber de la antañona serie "Enredo" en lugar de querer convertirse en un filme cinematográfico con secuelas. 

El asunto de la nostalgia es asunto que merece tratarse con harina de un costal muy diferente. Donde "El despertar de la fuerza" triunfa, esto es, en su concepción de película de aventuras (copiada, pero cierta), falla estrepitosamente en su ilación con los personajes de la primera trilogía (genealógicamente hablando), a quienes se les confiere aquí la continuidad del universo allí creado. Fíjese el lector que, en "La Guerra de las Galaxias", todo estaba estructurado para que nos identificásemos con los héroes, porque cada uno a su manera era simpático y cubría el rol asignado por Lucas (se conseguía incluso con aquel señor alto y oscuro y malo como el demonio). Fue a estos personajes a quienes les cogimos cariño y quienes ahora son manejados sin ningún relumbre, pero transidos de una importancia fallida debido a una mala, pésima gestión de esa nostalgia que Abrams pretendía aportar al filme. Podría afirmarse que esta fallida nostalgia es lo que impide al espectador  a identificarse con los nuevos personajes que aparecen (en su mayoría mozalbetes, tal es la pesadez con que el cine actual alumbra sus producciones buscando en el público adolescente los cauces del éxito). La irreverencia con los veteranos es, además, una enorme falta de respeto. Así, Han Solo deja de ser Han Solo al encararse con su hijo y se convierte en un endeble elemento emotivo para que se le remuevan las tripas al espectador nostálgico, lo cual no es sino una prueba más del trampantojo de este guion urdido por J.J. Abrams y Lawrence Kasdan.

No voy a entrar a discutir si los personajes nuevos son carismáticos, originales, fuertes, rotundos... Para mí, no lo son en absoluto, en parte porque son roles sometidos al capricho de las casualidades y azares que preñan todo el filme. ¡Qué distancia con el trío de personajes de la saga original (héroes que se encuentran de repente en una aventura divertida) o con los muchísimos personajes contenidos en la segunda trilogía cronológica de Lucas y que dotaban a los filmes de una solidez y una complejidad difícilmente vislumbrable en el filme de ficción que nos ocupa! Por ejemplo: la tan celebrada protagonista repite cada cinco minutos las dudas y anhelos que tiene sobre su origen: ¡qué forma tan madura e inteligente de introducir en la mente del espectador las dudas y anhelos del personaje, señor Abrams! Y para colmo, es un papel tópico hasta el colmo del idealismo porque, siendo chatarrera, resulta ser una suerte de semidiosa perfecta a la que nada sale mal, experta en todo: en pilotar el Halcón Milenario con solo sentarse a los mandos, en repararlo mediante unos leves ajustes que sorprenden al propio Han Solo, en luchar contra un villano supuestamente muy superior y bien entrenado... Para qué seguir.

Todos estos errores podrían haberse resuelto si se hubiera comenzado verdaderamente de cero, con un filme sobre situaciones que acaeciesen 30 años más tarde y sin traer a colación a ninguno de los viejos rockeros, dedicando tiempo y espacio al diseño de personajes. Pero la solución articulada finalmente es fallida, el guion no está bien trazado ni dispuesto con inteligencia, todo es una sucesión de casualidades tramposas y atajos sistemáticos y contiene apuntes irritantes y zafios de verdad (ese pequeño capítulo interpuesto con las peripecias del contrabandista Han Solo y su colega el wookie en un carguero repleto de bicharracos horrorosos parece un subproducto de serie Z).

Dicen algunos que esta película se sitúa por encima de las precuelas, aunque no acierto a entender en qué sentido dada su falta de originalidad y la copia calcada que hace de una estética que no innova nada respecto a las originales, cosa que sí hizo Lucas con la historia de Anakin Skywalker (equivocándose de planteamientos y de actor y de excesos técnicos). De hecho, que se la compare a la original de todas no abunda sino en la grandeza de esta última, ante la que este filme palidece hasta aburrir. Baste quizá una sola evidencia de todo ello, acaso la más sensible: ni siquiera John Williams ha debido sentir emoción con esta película, pues las anteriores (seis) las trufó de temas que resonarán en nuestros oídos durante mucho tiempo, y en ésta es casi imposible recordar un par de notas inspiradas del gran maestro.


1 comentario:

  1. Esta es una película cobarde. Incapaz de dar un paso sin soltarse de la mano de su papi episodio IV. Acojonada ante la posibilidad de ofender al iracundo fan infantil que quiere más de lo mismo como si no bastase con volver a ponerse el viejo DVD. Pero no debemos sorprendernos. Todos los Blockbusters de este año han sido eso. Jurassic Park lo mismo que la original pero intentando hacer más grande el tamaño del dinosaurio y no del guión. Los Vengadores metiendo más explosiones o peleas pero ídem... Hay un molde que es la película original y luego los grandes estudios parecen coger a giuionistas y directores del cuello para que no se salgan de esa base. Se hacen secuelas que parecen remakes. Parece que al dinero le intimida la originalidad. Y mientras esto siga así mejor que busquemos las historias en proyectos pequeños.

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