<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-1925011281067215929</id><updated>2012-02-02T20:06:38.993+01:00</updated><title type='text'>MORIR BUSCANDO LA BELLEZA</title><subtitle type='html'>Aquél que busca la belleza está condenado a seducirla o morir</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1925011281067215929/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Javier Sabadell</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02550113436950009816</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-giK0wRc_MyI/Ts1dT9IF52I/AAAAAAAAAtQ/IX2uzpmugI0/s220/IMG_6160b.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>34</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1925011281067215929.post-4908078465218493824</id><published>2012-01-31T19:27:00.001+01:00</published><updated>2012-02-02T12:51:54.470+01:00</updated><title type='text'>Tras el rastro de Jacob Verner</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Lamento mucho la demora con que estoy publicando esta crónica que tan impacientemente esperan algunos lectores semana tras semana. No había en mi ánimo intención alguna por exasperar los nervios de quienes, expectantes, siguen los acontecimientos y circunstancias aquí narrados por este su seguro servidor. Ciertas misivas que he recibido recientemente en mi buzón de correos confirman que, en efecto, la dilación de las entregas pudieran estar produciendo desinterés, cosa que en absoluto es de mi conveniencia y por ello recurro a la comprensión de quienes me siguen a través de estas páginas, porque en ellas seguiré desvelando, con mayor prontitud de la mantenida hasta ahora, cuantos enigmas se hayan alzado en este singular relato que no es sino un rumor laso de la Historia, cuyos olvidos en ocasiones esconden las mayores injusticias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En concreto, y ya refiriéndome al caso que nos ocupa, que no es otro que la justificación de mis casi dos meses de aparente abandono, debo decir que las revelaciones por mí encontradas son de la suficiente magnitud como para pensar que la inmensa mayoría de mis lectores sabrá disculpar y entender la tardanza. Lo primero: necesitaba viajar a Londres y a Épernay con el fin de esclarecer algunos puntos oscuros surgidos en el transcurso de investigaciones pretéritas. Me hallaba en un punto muerto del que era obligado moverse, y puedo afirmar que la decisión tomada fue del todo positiva: fácilmente hubiera podido alongar las pesquisas gran parte del año en curso si me hubiese propuesto perseguir todos y cada uno de los cabos sueltos que surgieron durante el viaje. La mayor parte de estos cabos podrían considerarse más bien endebles y quebradizos hilos, atascados en nudos intrascendentes por no destacar en ellos cosa alguna de provecho para el interés de estas crónicas aunque bien pudieran contribuir en ciertas cuestiones históricas que no vienen a cuento. Lo que hice, por tanto, fue orientarme rápidamente hacia el objetivo último que tenía en mente: dícese, demostrar al mundo que Jacob Verner es el nombre del abominable asesino olvidado por la Historia, que sembró de sangre y miedo tanto la recoleta ciudad del champagne como las barriadas rivereñas de Hammersmith.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La consolidación de esta teoría vendría fundamentada en las averiguaciones que hemos ido reconstruyendo con las pruebas documentales indirectas halladas en libros y manuscritos referidos a Cécile Foly, Albert Sebas, Iwan Gruffudd o Hume Ross, por citar tan sólo unas pocas fuentes, así como en otros testimonios bibliográficos de lo más diverso. Mis lectores tienen sobrada información sobre ello. Nuestras pesquisas, y digo nuestras por cuanto estas labores no las efectúo en completa soledad, que no pocos de mis seguidores acostumbran a remitirme sus propias pistas y deducciones, obtenidas quién sabe cómo, algunas de las cuales no he dudado en hacer públicas aquí mismo, estas pesquisas -prosigo- fueron las causantes de que este relato, que no pretendía inicialmente sino biografiar al misterioso inspector&amp;nbsp; Theodore Dawson (investigador principal de los crímenes de Hammersmith, cuyo asesinato muchos años más tarde jamás fue esclarecido), acabase convirtiéndose en una enrevesada trama detectivesca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tengo otra fundamentación que exponer como sustentación de lo que viene a resultar un ejercicio criminalista. A nadie puede extrañar a estas alturas de la historia la conjetura de que en ambas localidades (Hammersmith y Épernay) actuase el mismo asesino, y no sólo porque en algunos cajones de Scotland Yard se escondan informes donde se mencionan las similitudes encontradas por Dawson entre los crímenes que asolaron la barriada del Támesis con los otros perpetrados no muy lejos del Marne. También porque el propio inspector Dawson acabó conjeturando que su investigación sólo podría llevarse a buen fin destripando las invisibles pistas de los crímenes de Épernay, cuyo paralelismo con los de Hammersmith era más que evidente. De hecho, aunque finalmente no pudo probarse nada, es esta convicción la que se considera como el logro más notable de las investigaciones del malogrado inspector, fracasadas por la interrupción brutal que supuso la guerra entre la Gran Bretaña y la Alemania nazi. De este capítulo no he hablado aún, resistiéndome a hacerlo por tratarse de sucesos extensamente referidos en la prensa local de la época y en no pocos estudios posteriores (huelga decir que yo llegué a esta situación de detective anacrónico partiendo, justamente, de uno de tales estudios), pero no lo dejaré así como se encuentra, y volveré a él más pronto que tarde por mor de la completitud exigible a este relato, una vez que con el actual episodio se den por cerrados algunos eslabones de esta leontina &lt;i&gt;champagnoise.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pues bien, empecemos. Por apuntar una breve y fugaz recapituliación de todo lo hasta ahora aflorado, digamos que los rastros que se han venido destapando parecen señalar como autor de los asesinatos a Jacob Verner, hermano de Susan Verner -novia de Theodore Dawson-, discípulo de Albert Sebas cuando el congreso de botánica de París, y enamorado de Catherine Gonon. Si atendemos la documentación existente, en concreto ciertas referencias del puño y letra de Georges Rouy halladas en los archivos de la Sorbona, podremos deducir que Jacob marcha desde París hacia Épernay en algún momento entre finales de 1905 y el otoño de 1907, regresando a Inglaterra tras el asesinato de Cécile Foly en vísperas del conflicto bélico que habría de arrasar (para su fortuna asesina) la hermosa localidad francesa. Por entonces, Jacob Verner es un joven desquiciado por las drogas y los excesos de su libertinaje parisino, quizá arrastrado a ello por una amargura interior sostenida y ponzoñosa a consecuencia de la muerte de su hermana, origen último del&amp;nbsp; infierno que el asesino desató entre los habitantes de Épernay. Conjeturas son, cierto, pero repletas de aparente consistencia. Las razones por las que Jacob Verner elige acudir a esta ciudad no son conocidas fehacientemente por nadie, y posiblemente no las conozcamos jamás: la influencia de un conocido, los azares del sino humano, o simplemente su propio capricho son todas razones que podemos aducir para ello. Veremos a continuación que es posiblemente la primera de todas ellas la más verosímil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En un momento de la investigación, este cronista suscribió que el asesino de Épernay debió haber entablado contacto en París con Alexandre Joules Mathurin, quien posteriormente fuese nombrado prefecto de Marne con residencia en la capital del champagne. Cierto es que en aquella crónica apunté, acaso prematuramente, que las razones de los asesinatos podían justificarse en el intento del asesino por confundir a la policía orquestando toda una serie de crímenes con el único fin de ocultar la verdadera razón habida en su mente: acabar con la vida de Mathurin. Pero es cierto que esta hipótesis (con la que ya trabajó en su día la propia Sureté, como ha quedado mencionado) apenas podía explicarse por sí misma: plantear que un asesino, por abyecto que fuese, puediese adivinar con años de antelación el destino político de Mathurin parece poco menos que una fabulación. Sin embargo, hemos hallado evidencias de que Jacob Verner y Alexander Mathurin coincidieron de manera nada fortuita en París. En 1900, aun siendo apenas un recién llegado de la &lt;i&gt;London School of Economics and Political Science&lt;/i&gt;, Mathurin fue designado -en atención a su influyente padre- persona de enlace entre el Ministerio de Agricultura y el Congreso Internacional de Botánica. Huelga razonar las extraordinarias circunstancias que esta revelación tiene para el caso que nos ocupa. Y por si esta coincidencia pareciera poca en el ingenio de mis lectores, debemos añadir otra cuya excepcionalidad nos ha dejado estupefactos: Mathurin, que en Londres frecuentó las reuniones del movimiento llamado fabianismo, cursó estudios en la misma promoción y clase que el agente Theodore Dawson cuando éste fue llamado por Sctoland Yard para servir en la capital de Inglaterra. El resto son divagaciones y he de permitir que cada lector tenga las suyas propias y elucubre con los entresijos que de ellas se deriven, pero la confluencia de tres personajes tan distintos y dispares, con roles tan perfectamente antagónicos los unos de los otros (un policía, un asesino, una víctima), es humus suficientemente rico como para que germinen en él las conjeturas más audaces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue la anterior averiguación la causante de que decidiese trasladarme a Londres, primero, y a Épernay, después. En el caso londinense, acudí a los vetustos registros sitos en la sede de The Fabian Society, en Dartsmouth Street, bastante lustrosos pese al tiempo transcurrido, y en excelente estado, algo que demuestra lo orgullosos que se sienten los laboristas británicos de sus orígenes. En ellos encontré caligrafiado el nombre de Alexander Mathurin. No tan sencillo resultó vislumbrar las improntas del prefecto o del inspector Dawson en los prácticamente irreconocibles archivos de la célebre LSE londinense: con el pretexto de su parcial destrucción durante la Segunda Guerra Mundial, el encargado de la escuela universitaria interpuso toda suerte de  peregrinos y obtusos inconvenientes a mis solicitudes, cuestión absurda que se resolvía por sí misma en caso de que los registros estuviesen destruidos: no se puede consultar aquello que no existe. Finalmente, a fuerza de insistir tenazmente con educadísima afectación anglosajona, se me acabó permitiendo atisbar en los papelajos casi consumidos del libro de registros de 1897 de la egregia institución. Tardé un par de horas en descubrir en ellos los nombres de Alexander Mathurin y Theodore Dawson, como bien presentía. En realidad, las aspiraciones socialdemócratas del primero, único de los dos en involucrarse con el movimiento fabianista, me parecieron irrelevantes al efecto, aunque esta confirmación fehaciente del interés del prefecto por las tendencias políticas representadas en el laborismo británico permitió, con posterioridad, avalar la rápida ascensión de Mathurin en el entramado gubernamental francés de la época, que era socialdemócrata.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En Épernay tuve ocasión de visitar in situ la ciudad, reconstruida en numerosas ocasiones a consecuencia de las devastaciones de las guerras imperiales y, sobre todo, la Gran Guerra. Los bombardeos de las fuerzas germanas prácticamente la destruyeron por completo. La localidad, desde esta perspectiva, honra la tenacidad de sus ciudadanos, empeñados a ultranza en recuperar el esplendor que la ambición humana destroza con ciega ira. Así lo evidencian los pórticos aislados, los palacetes decimonónicos o las anacrónicas vidrieras de la iglesia de Nôtre-Dame. Del Hospital Auban-Moët se conservan una buena porción de los muros exteriores, habiéndose reconstruido y modernizado totalmente el interior . Allí pude rendir un privado y muy sentido homenaje a la pobre Cécile Foly, de cuyas deducciones tan en deuda me siento. Su cuerpo está enterrado en el cementerio viejo del hospital, junto a un impresionante abeto, en una zona soleada y envuelta de silencio de flores y viento. Compré un ramo de rosas muy rojas que deposité sobre la lápida cubierta por el olvido. Apenas pude distinguir las inserciones en el mármol, y descubrí que el destino pretendía congraciarse caprichosamente conmigo, pues lo único legible del nombre no era sino ese "Cécile F" con que yo la nombré al principio en numerosas ocasiones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hice otras comprobaciones en Épernay, acudiendo a estudiar tanto los archivos históricos de la policía como los registros del hospital, entre los cuales se hallaba el manuscrito original de Cécile, que se correspondía punto por punto con la copia que utilicé para realizar mis averiguaciones. También visité la hemeroteca de la biblioteca pública, cuyos fondos solo pude consultar tras esperar varios días una aprobación que parecía no llegar nunca: así de afanosos son las gentes de esa tierra calmosa y próspera. Para mi sorpresa, y evidente fortuna, descubrí que aún vivía el hijo de quien fuera director del hospital cuando se produjeron los asesinatos. Se trataba de un hombre anciano, de arrugas profundamente surcadas y voz antañona y quebrada. Conservaba una estupenda lucidez, empero, aunque hablaba con cierta parsimonia en un dialecto francés de difícil pronunciación para mí. Nuestra única conversación tuvo lugar en un patio umbrío en la residencia de ancianos de la localidad, donde aguardaba el final de sus días. La charla no pudo ser más reveladora: confirmó que todo aquel asunto de los crímenes dio inicio con la muerte a hachazos de un jornalero inmigrante que había sido contratado para cuidar los extensos viñedos de la &lt;i&gt;maison Moët&lt;/i&gt;. Sin embargo, aquel anciano se acrodaba del nombre del jornalero que yo creía anónimo para siempre, lo cual me produjo una enorme excitación, como si estuviese a punto de descubrir una de las maravillas de la Historia. Pero toda mi agitación inicial devino en estupor y asombro. Tuve que pedir al anciano que lo repitiese varias veces, hasta el punto de parecer impertinente: no daba crédito a mis oídos. Los cansados labios de aquel viejo no parecían titubear mientras pronunciaban, tantas veces como yo se lo requería, el infausto nombre de Jacques (Jacob) Verner...&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1925011281067215929-4908078465218493824?l=lamuerteenvenecia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/feeds/4908078465218493824/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/2012/01/titulo-de-la-entrada.html#comment-form' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1925011281067215929/posts/default/4908078465218493824'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1925011281067215929/posts/default/4908078465218493824'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/2012/01/titulo-de-la-entrada.html' title='Tras el rastro de Jacob Verner'/><author><name>Javier Sabadell</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02550113436950009816</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-giK0wRc_MyI/Ts1dT9IF52I/AAAAAAAAAtQ/IX2uzpmugI0/s220/IMG_6160b.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1925011281067215929.post-8387014191963614674</id><published>2011-12-07T13:44:00.002+01:00</published><updated>2012-01-31T13:25:43.488+01:00</updated><title type='text'>Las malas compañías</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Uno de los hilos más intrincados de estas crónicas le corresponde a Catherine Gonon, la malograda esposa del coronel Hume Ross. Hasta el momento, todas las referencias biográficas que disponíamos de ella resultaban muy inconexas, pero a raíz de la publicación de estas crónicas han llegado hasta nuestras manos una importante cantidad de apuntes asaz interesantes, que permiten pergeñar con trazado rápido algunas evidencias consecuentes sobre ella. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;De la infancia y juventud de Catherine sólo constaba la desdeñosa marginalidad con que fue obsequiada por su entorno familiar más próximo. Como bien aduce un lector, basta enarbolar su carácter aventurero y explorador, extraordinario en aquella época, para entender que su familia, proveniente de una estirpe de judíos aburguesados, con más de hipocresía que de puritanismo, vieran de mala gana las excentricidades intelectuales y viajeras de Catherine. Con todo ello no resultará incierto dibujar el retrato de una mujer que encarnizadamente hubo de luchar contra los convencionalismos de su época y condición. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Varios lectores nos han enviado datos precisos que demuestran que Catherine estuvo matriculada en La Sorbona, donde despuntó por su alto rendimiento académico, por lo que no puede sorprendernos que, una vez concluidos sus estudios en ciencias naturales, se le asignase como tutor al prestigioso botánico Georges Rouy, quien ya apareció en estas crónicas con anterioridad.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Aparte de los artículos cientígicos que firmó, y la autoría del magnífico herbario que lleva su nombre, de Georges Rouy se conserva también una cuantiosa colección de cartas y documentos personales. Algunos son pertinentes para los fines documentales que perseguimos en estas crónicas, como lo es la correspondencia con Albert Sebas a propósito del congreso de 1900, como ya dimos cumplida cuenta hace apenas unas semanas, o algunas reflexiones personales que dejó anotadas en su diario, y de las que podemos extraer algunas conclusiones interesantes: por ejemplo, que si bien al principio se mostró reacio a ser el tutor de investigación de Catherine, cuestión que le requirió un catedrático en botánica de la Sorbona, amigo suyo, cambió de opinión al descubrir las conspicuas aptitudes de la señorita Gonon. Debieron congeniar de inmediato. Pese a sus acentuadas tendencias conservadoras, Rouy era un hombre de extraordinaria sensibilidad y enorme perspectiva de las cosas y las situaciones. No le debió resultar difícil dejarse asombrar por el carácter rebelde, pero brillante, de la joven. Algunas cavilaciones contenidas en su diario sólo pueden justificarse por la influencia ejercida en él por su discípula, como lo demuestran ciertos apuntes curiosísimos sobre los movimientos feministas de la época, o algunas conjeturas que desarrolló sobre los fundamentos ideológicos de las religiones. Recíprocamente, aunque no tenemos constancia alguna escrito de ello, podemos deducir que Catherine debió encontrar en el ínclito botánico no sólo a un mentor, científico eminentemente pragmático que la hace copartícipe de los misterios de la taxonomía, sino también a un confidente con quien pudo sumergirse en discusiones filosóficas y sociales de abundante calado.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Algunas otras consideraciones habremos de complementarlas en la correspondencia que Georges Rouy mantuvo con Albert Sebas una vez finalizados los trabajos de investigación que juntos llevaron a cabo. Así hemos podido conocer que el francés, quien se había granjeado una buena amistad con su colega británico, le hubo de pedir consejo varias veces sobre cuestiones y pareceres que le atormentaban en lo más profundo de su intimidad. De hecho, Georges Rouy no peca de sutil en las cartas que escribe cuando indica que su intención no es otra que hacer de Catherine la gran mujer que él mismo advierte en lontananza, pero que en su opinión se halla maniatada por el adosamiento pequeño-burgués del que proviene. Para Rouy, esa gran mujer no solamente habría de gozar de una emancipación intelectual y social dignas de encomio, también de una libertad sexual y afectiva que se mantuviese incólume frente a todo movimiento regresivo. Albert Sebas, con el laconismo que siempre le caracterizó, simplemente observó en sus respuestas el buen número de razones que tenía para desconfiar de que fuera el tutor científico quien mejor pudiese coadyuvar a Catherine en la persecución de sus ideales de libertad e independencia.&amp;nbsp; &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Como sabemos, fue en 1900 cuando Catherine se encuentra con Jacob Verner, ayudante por entonces de Albert Sebas, a petición de éste. Los trabajos científicos llevados a cabo conjuntamente por Georges Rouy y el galés resultaron ser un excelente caldo de cultivo para que surgiese la dilección entre ambos seres, tan antagónicos como complementarios. El descubrimiento, meses más tarde, de este amor por parte de Georges Rouy sumió al francés en una profunda controversia, como si se hubiesen estampado contra el muro de la realidad las figuraciones platónicas que mantenía en su intimidad más celosa con Catherine. Así lo demuestra en una de las cartas que remitió a finales de ese año a Albert Sebas. En ella dice, lamentándose, haber reprochado a la joven que se sometiera a un sentimiento amoroso de tintes tan epopéyicos como el que le suscitaba Jacob Verner. Georges Rouy tilda a Verner de "&lt;i&gt;joven inteligente, pero alarmantemente básico&lt;/i&gt;", previniéndola continuamente sobre las terribles consecuencias que depararía el seguir adelante con el romance. Pese a las advertencias que Albert Sebas le expuso al respecto, la actitud del botánico francés provocó que sobreviniese el cisma entre maestro y discípula. Esto causó en Rouy un hondo pesar y una melancolía inevitables. Tal y como se confiesa a sí mismo en el diario, Catherine representaba la defensa de lo humano, pero con toda justicia ella pudo reprocharle que él, su amigo y tutor, fuese aliado de la misma brutal negación que tenía por gala condenar en las más diversas religiones e ideologías, poniendo en compromiso con dicha actitud los principios básicos de liberalidad e independencia por los que tanto había luchado. Por un apunte que encontramos en el diario de Rouy, creemos que Catherine debió encararse con éste tachándole de desquiciado y celoso, cautivo de su propia sed de conquista tal y como que manifestaba en tan temeraria y errática conducta. Semanas más tarde, y hondamente arrepentido, Georges Rouy acabará por solicitar consejo a su amigo Albert Sebas, si bien en la carta que le remite evita polemizar a toda costa sobre la privacidad de sus emociones. La figura de Jacob Verner no es dibujada con trazos perceptibles ni en las cartas de Georges Rouy, ni en su diario. Emerge cual coloso capaz de conquistar el corazón libertario e independiente de Catherine. En las anotaciones que sobre él deja escritas Rouy en su diario, le describe como a un simple obrero, trabajador y silencioso, de mirada enigmática y rictus amedrentador, que en absoluto alcanza la brillantez de su discípula. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;Dos apuntes quedan por hacer para concluir el relato de esta crónica y, con ello, dejar aportada toda la información de que disponemos.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La primera de ellas tiene que ver con las propias investigaciones llevadas a cabo por Albert Sebas y Georges Rouy tras el congreso de 1900. No hay referencia alguna de interés al respecto en el diario de este último, que como hemos visto versa más bien sobre reflexiones íntimas y personales, pero sí en una de las cartas más postreras, fechada casi al año de haber partido Albert de vuelta a su terruño escocés. En ella le confiesa Rouy que se encuentra muy satisfecho por los avances taxonómicos que Catherine ha llevado a cabo sobre las especies que Albert dejó sin catalogar como material para la tesis de la joven, pero que necesitará de su ayuda en algún momento futuro con cierta familia de plantas que al parecer sólo se dan en el cuerno de África. Al parecer, Catherine había encontrado referencias antiguas sobre las propiedades narcóticas y anxiolíticas de estos especímenes. Georges Rouy no le habla directamente sobre Jacob Verner, como es habitual en él, pero deja entrever que el joven por quien Catherine se halla enamorada ha experimentado imprudentemente con ciertas esencias peligrosas, derivándose con ello penosas consecuencias personales para su protegida, así como importantes mermas en su trabajo. Sorprendentemente, Albert Sebas mantuvo un empecinado silencio sobre este hecho.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La segunda consideración la hallamos a principios de 1905, en las páginas del diario de Georges Rouy, donde éste manifiesta su consternación ante la marcha de Catherine, que se produce como resultado del desmoronamiento moral de cuanto ha rodeado a la joven, y la incapacidad del propio Rouy al no prever los desastres que anunciaba el paulatino apartamiento de Catherine de su mentor y maestro. No queda claro a qué desastres se refiere Rouy con estas enigmáticas palabras, pero una referencia a cierto británico de actitud e intenciones ponzoñosas y la proximidad de esta anotación con el inicio de las muertes en Épernay, presagian un nuevo giro de tuerca en este espinoso asunto.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1925011281067215929-8387014191963614674?l=lamuerteenvenecia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/feeds/8387014191963614674/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/2011/12/las-malas-companias.html#comment-form' title='15 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1925011281067215929/posts/default/8387014191963614674'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1925011281067215929/posts/default/8387014191963614674'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/2011/12/las-malas-companias.html' title='Las malas compañías'/><author><name>Javier Sabadell</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02550113436950009816</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-giK0wRc_MyI/Ts1dT9IF52I/AAAAAAAAAtQ/IX2uzpmugI0/s220/IMG_6160b.jpg'/></author><thr:total>15</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1925011281067215929.post-7380023294880639388</id><published>2011-11-23T11:02:00.013+01:00</published><updated>2011-12-02T20:09:56.205+01:00</updated><title type='text'>El deber cumplido</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Los restos mortales de Iwan Gruffudd yacen enterrados en la iglesia de San Martín, a poco menos de un kilómetro de la Catedral de Canterbury, en cuya capilla de San Esteban se encuentran las cenizas de su discípulo el egregio William Gordon Lang, Primado de la Iglesia de Inglaterra entre 1928 y 1942. Gruffudd trabajó, hasta el momento de su muerte, datada en 1937, como mentor y consejero personal de Lang. En buena medida, y aunque este hecho con frecuencia es ignorado por los hagiógrafos más representativos de la iglesia anglicana del siglo XX, la enormidad intelectual y eclesiástica de Lang se debe a la influencia de Iwan Gruffudd, quien, como veremos, fue una de las mentes más conspicuas del anglicanismo moderno.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Lang conoció a Gruffudd en la primavera de 1889 en la célebre escuela de teología de Cuddesdon College, donde este último impartió una brillante conferencia sobre fundamentos eclesiásticos que heriría la sensibilidad del futuro Arzobispo de Canterbury. Iwan Gruffudd advirtió de inmediato la profunda vocación eclesial de Lang y le conminó a prepararse para la ordenación sacerdotal. Aquel hecho marcó el principio de una largo recorrido de amistad entre ambos, sustentada por la vasta admiración que Gordon Lang sintiese, y declarase, hacia su maestro, mentor y amigo.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;En aquel tiempo Gruffudd ejercía un curato sosegado y pacífico en Lincolnshire, aparentemente al margen de los debates suscitados por los herederos del movimiento anglocatólico conocido como tractaranismo, que reivindicaba el regreso de las tradiciones más antiguas de la Iglesia de Inglaterra. Sin embargo, como hemos dicho, lo hizo sólo aparentemente. Iwan Gruffudd fue discípulo de John Keble, uno de los líderes de este movimiento y reputado catedrático de Poesía en la universidad de Oxford. Al igual que Keble, Gruffudd prefirió combatir desde la tranquilidad de una parroquia antes que desde el corazón de las fragosidades políticas. Y mientras lo hizo, sus armas intelectuales fueron muy intensas. En una serie de sucesivos artículos que remitió a la Revista de Teología de Oxford, Gruffud se mostró partidario de adoptar la reordenación del mundo de acuerdo a las revelaciones de la ciencia contemporánea, arremetiendo contra la liberización secular del Estado que promovía el partido &lt;i&gt;tory &lt;/i&gt;y, por consiguiente, contra la posibilidad de una dirección política del anglicanismo ajena a éste. A diferencia de otros compañeros suyos de ministerio, que como él abogaban por un retorno a la Iglesia universal y católica, aun cuando no a la romana, Gruffudd jamás abrazó el catolicismo (seguramente influido por su esposa, una mujer de mentalidad mucho más conservadora) aunque sí adoptó una actitud de defensa del principio dogmático y del sistema sacramental. Por tanto, es en este periodo de tiempo, hacia 1885, cuando hubo de nacer la convicción por ejercer una labor eclesial intensa y comprometida, iniciada al año siguiente en Pentyrch, como ya se ha reflejado anteriormente en estas crónicas, cuya parroquia solicitó a las autoridades anglicanas precisamente por ser considerada como muy dura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En Pentyrch su labor evangelizadora comenzó por un acercamiento decidido a los suburbios, donde se daban cita una gran cantidad de establecimientos dedicados a la prostitución y al alcohol que, literalmente, habían arruinado tanto la economía como la moral de las familias. Tan intensa y tan fecunda fue la labor de Gruffudd, que en poco más de seis años logró reconducir los fundamentos de la población hasta hacer de Pentyrch un refugio ético, una economía boyante y una buena muestra de la potencia sacerdocial del anglocatolicismo. Iwan Gruffudd parecía destinado a ser el siguiente ocupante del "&lt;i&gt;primus inter pares&lt;/i&gt;" de la iglesia anglicana. Sin embargo, estas circunstancias tan favorables para el destino del reverendo Gruffudd cambiaron completamente con la trágica y nunca bien explicada muerte de Susan en 1895, que le produjo una depresión moral y anímica de magnitudes colosales. El sacerdote continuó con su curato en Pentyrch, evidenciando ante sus superiores un desánimo que distaba medio mundo del dinamismo y arrojo iniciales. No obstante, quizá por verse incapacitado para ejercer el liderazgo espiritual que sus feligreses necesitaban, en 1901 solicita a Gordon Lang, quien acababa de ser nombrado&amp;nbsp;canónigo de la catedral de San Pablo de Londres, que intercediese ante William Temple, entonces Arzobispo de Canterbury, para que le fuese asignada una parroquia en el distrito londinense de Whitechapel, donde habría de ejercer su ministerio "&lt;i&gt;alejado de aquellas colinas torturadoras que le mantenían el alma abatida y contrita&lt;/i&gt;" (sic, de sus "Memorias"). Volveremos en otra ocasión sobre este punto, incardinado con los sucesos ocurridos en Hammersmith. Por el momento, es nuestro deseo avanzar con un resultado que a buen seguro será del interés de nuestros seguidores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como bien ha reflejado la amable lectora Sophie Holmes en una carta remitida a este cronista recientemente, Iwan Gruffudd mantuvo una próxima y cercana amistad con Albert Sebas durante el tiempo que ambos coincidieron en Pentyrch. Este hecho está plenamente probado y coincido con las apreciaciones que me hizo llegar la amable Mrs. Holmes. En efecto, motivado por su insaciable curiosidad y una devoradora ansia de conocimiento, nuestro párroco hubo de encontrar satisfacción y alimento bastantes para sus inquietudes intelectuales en la inconmensurable figura del biólogo y farmacéutico, quien aun no siendo por entonces el científico de renombre que posteriormente llegó a ser, ya había dado muestras apabullantes de su capacidad mental con sus patentes químicas y la universalización del libro de catalogación de especies, circunstancias ambas que, entre otras muchas, habrían de reportarle una inmortal posteridad. Es curioso advertir cómo la minúscula y olvidada Pentyrch juntó a finales del siglo XIX a dos de las personalidades más conspicuas de todo el Reino Unido. A ambos el destino depararía idénticas soledades y anonimatos en el tramo final de sus vidas, conducidas por la tortura emocional que catalizó la muerte de Susan Verner.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;A juicio de este cronista, es en este último hecho donde radican las mayores incógnitas del turbio asunto que nos ocupa. La desaparición de la malograda Susan no debió haber producido sino una leve conturbación en el ánimo de personalidades tan brillantes, cuya capacidad de raciocinio era manifiestamente superior a la del común de los mortales. Pero no fue así. Con el tiempo, la conmoción devino en pesadumbre, y la pesadumbre en tormento. Demasiado irracional y demasiado inexplicable. De ahí que optemos por pensar que la oscuridad cernida sobre Albert Sebas y la debacle espiritual de Iwan Gruffudd tuvieron su origen no en la muerte de Susan Verner, como aparentemente pueda colegirse, sino en algún hecho posterior que aún permanece anegado por las sombras.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En crónicas previas hemos sabido de la tutela formativa que Albert Sebas ejerció sobre el hermano menor de Susan, tras la muerte de ésta, cuya familia emigró de Pentyrch hacia algún lugar de Gran Bretaña que no podemos determinar con precisión. En las "Memorias" de Gruffudd se hace cierta ambigua referencia a la mediación que éste ejerce sobre Sebas por voluntad propia a este respecto. Si ponemos en claro los datos que conocemos, se desprende que la familia Verner mantuvo contacto con el reverendo, que éste se convirtió en su guía y luz en las oscuridades y tinieblas que atravesaron tras la pérdida de su hija, y que fue el reverendo quien solicitó a Albert Sebas que continuase con Jacob Verner la labor malograda con su hermana Susan. Ya hemos contado que, en efecto, el inminente biólogo aceptó la petición de su amigo, convirtiéndose así en el instructor personal del joven Jacob allá en su destierro voluntario de Dumfries. Del hijo de los Verner tenemos muy pocas referencias, tanto en lo que respecta a su carácter como a sus aptitudes personales, pero no habrían de ser ni irrelevantes ni mediocres cuando Albert Sebas se hizo acompañar por Jacob al congreso de botánica de París en calidad de asistente personal. Parece ser que las enseñanzas y tutelas del afamado científico germinaron y dieron su fruto en el joven Verner, aunque resta saber qué fue de él una vez concluido el evento parisino. Como afirma soslayadamente Iwan Gruffudd en sus memorias, se quedó aliviado al conocer que Albert Sebas regresaba a su residencia en Dumfries sin Jacob y con la satisfacción que proporciona el deber bien cumplido.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ignoro cuál será el parecer de mis atentos lectores, pero a este cronista se le antoja muy inquietante saber que un británico andaba desde ese momento suelto en Francia...&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1925011281067215929-7380023294880639388?l=lamuerteenvenecia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/feeds/7380023294880639388/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/2011/11/la-satisfaccion-del-deber-cumplido.html#comment-form' title='13 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1925011281067215929/posts/default/7380023294880639388'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1925011281067215929/posts/default/7380023294880639388'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/2011/11/la-satisfaccion-del-deber-cumplido.html' title='El deber cumplido'/><author><name>Javier Sabadell</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02550113436950009816</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-giK0wRc_MyI/Ts1dT9IF52I/AAAAAAAAAtQ/IX2uzpmugI0/s220/IMG_6160b.jpg'/></author><thr:total>13</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1925011281067215929.post-8093570265444405144</id><published>2011-10-25T18:18:00.000+02:00</published><updated>2011-10-30T16:06:12.540+01:00</updated><title type='text'>El congreso de botánica de 1900</title><content type='html'>&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;La región escocesa de Dumfries y Galloway carece de la imponencia característica que configura el paisaje de las Tierras Altas desde tiempos inmemoriales. Sus montañas no son escarpadas ni sus valles majestuosos.&amp;nbsp; No hay abundancia de montes o lagos, el paisaje es simplemente pintoresco y se encuentra impregnado de labranza, pastizales fecundos, colinas solitarias y bosquecillos alegres. Es en esta región donde sir Albert Sebas emplazó su morada definitiva: al sur de la ciudad de Dumfries, en una amplia y soleada costa que asomaba al fiordo de Solway desde una de las &lt;span class="" id="result_box" lang="es"&gt;&lt;span class="hps"&gt;orillas&lt;/span&gt; &lt;span class="hps"&gt;del&lt;/span&gt; &lt;span class="hps"&gt;Nith&lt;/span&gt;, &lt;/span&gt;&lt;span class="" id="result_box" lang="es"&gt;donde hubo de dedicarse &lt;/span&gt;casi por completo al estudio y la excelencia científica con los que alcanzaría la posteridad.&lt;span class="" id="result_box" lang="es"&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="" id="result_box" lang="es"&gt;Pudiera sugerirse que Albert Sebas emigró hasta el sur de Escocia atraído por la poesía de Robert Burns, con la esperanza de encontrar en ella consuelo y reparación a sus tristezas personales. &lt;/span&gt;&lt;span class="" id="result_box" lang="es"&gt;De hecho, así se aduce de forma continua en los obituarios con que la prensa local ha rendido homenaje al insigne científico desde su muerte. Nosotros creemos que s&lt;/span&gt;&lt;span class="" id="result_box" lang="es"&gt;e trata de una hipótesis falsa, aunque muy extendida, surgida de la inagotable espiral de patriotismo que rodea a la inmortal figura del insigne vate escocés. Albert Sebas, galés y poco amante de la literatura, menos aún de la escocesa, seguramente escondió sus pasos en las Tierras Bajas, contrito y afligido, buscando aliviar la pesarosa carga de su conciencia no en las artes, sino en su propia misión vital. Desentrañarla, como vamos a hacer a continuación, comportará una de las &lt;/span&gt;revelaciones más cruciales para los asuntos de que versan estas crónicas.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="" id="result_box" lang="es"&gt;En las memorias entretejidas por &lt;/span&gt;Agatha Worwick, &lt;span class="" id="result_box" lang="es"&gt;sobrina&lt;/span&gt; de Albert Sebas, nuestra primera y más inmediata fuente de información, apenas se destaca nada relevante de la vida del botánico una vez concluidas las exequias por Susan Verner. Tan solamente se consigna algo que ya conocíamos: la profunda melancolía y atribulación en que el científico se sumió tras el suicidio de la joven, y su decisión de superar estas vicisitudes con su apartamiento definitivo en Dumfries. De hecho, la revisión de la abundante correspondencia del biólogo, almacenada en los depósitos de la Biblioteca Nacional de Escocia, en Edimburgo, deja constancia de este vacío documental, que comprende desde 1895, año de la muerte de Susan Verner, hasta 1899, cuando Albert Sebas acepta la invitación del ilustre académico Georges Rouy a participar en el I Congreso Internacional de Botánica, a celebrarse un año más tarde en la Sorbona. Esta invitación, que pudiera parecer un asunto rutinario en temas universitarios y científicos, supone de facto la constatación de dos importantes circunstancias: una, el reconocimiento internacional de Albert Sebas, un hombre admirado en toda Europa de manera tácita al no prodigarse en ambientes universitarios, y que se comportaba siempre con sencillez y modestia descarnadas (recordemos que a finales del XIX podía considerársele un hombre rico); y dos, que tan sólo el prurito intelectual fue capaz de arrancar a Albert Sebas de su apartamiento, alcanzándose esta circunstancia solamente en dos ocasiones muy dispares: una, la citada conferencia científica; otra, su nombramiento como Caballero de la Orden del Imperio por el rey Jorge VI.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;En una de las misivas que le dirige Georges Rouy, el francés invita a Albert Sebas a permanecer en París tras la clausura del Congreso Internacional. Aduce para ello tanto la profunda admiración que siente hacia su encomiable labor científica, como la oportunidad que representa poder ahondar en ciertas investigaciones de interés palpitante en el mundo académico. Tras sucesivas misivas, Rouy finalmente acaba proponiendo a Sebas la impartición de una serie de clases magistrales sobre clasificación de especies exóticas, disciplina en la que el galés era una autoridad mundial, a alumnos sobresalientes y destacados de la Facultad de Botánica. En un primer momento Albert Sebas responde de manera negativa, justificando su decisión en la urgencia de ciertos asuntos que le maniatan en Dumfries y en su nula experiencia como docente. Pero la labor de zapa de Rouy ablanda las iniciales reticencias del galés, y éste poco a poco va dejándose larvar por la cautivadora seguridad de su antagonista. Se acuerda que Albert permanezca en Francia un tiempo no inferior a tres meses ni superior a nueve, comprometiéndose la Facultad de Botánica a cubrir todos los gastos derivados de la estancia, así como el desembolso de una cierta dotación económica, suficiente para que Albert Sebas pueda acompañarse de un ayudante de su elección que se encargue de la preparación de las clases y los pormenores que surgiesen en los proyectos científicos a desarrollar.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;Semanas antes del inicio del Congreso en la Sorbona, Albert Sebas desvela a Georges Rouy el nombre del ayudante que ha de acompañarle. Se trata de un pupilo suyo, provienente de una familia campesina con la que se siente en deuda, y a quien ha venido instruyendo durante los últimos años. Georges Rouy accede a esta pretensión del galés, rogándole a su vez que acepte la co-ayudantía de una alumna suya muy aventajada, cuya ilusión por la botánica era tan rutilante como conspicuo su intelecto. Albert Sebas, en la última respuesta previa al Congreso, asiente, mostrándose honrado por la excelente predisposición de Rouy.&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;El nombre del pupilo es Jacob Verner. El nombre de la alumna, Catherine Gonon.&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1925011281067215929-8093570265444405144?l=lamuerteenvenecia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/feeds/8093570265444405144/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/2011/10/el-congreso-de-botanica-de-1900.html#comment-form' title='23 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1925011281067215929/posts/default/8093570265444405144'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1925011281067215929/posts/default/8093570265444405144'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/2011/10/el-congreso-de-botanica-de-1900.html' title='El congreso de botánica de 1900'/><author><name>Javier Sabadell</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02550113436950009816</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-giK0wRc_MyI/Ts1dT9IF52I/AAAAAAAAAtQ/IX2uzpmugI0/s220/IMG_6160b.jpg'/></author><thr:total>23</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1925011281067215929.post-3089945347226207695</id><published>2011-10-06T19:30:00.004+02:00</published><updated>2011-10-10T14:17:20.554+02:00</updated><title type='text'>La falsa asesina de Eleanor Behn</title><content type='html'>&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;La &lt;i&gt;tory &lt;/i&gt;y proselitista Eleanor Behn es considerada habitualmente la primera de una serie de víctimas asesinadas entre el otoño de 1938 y la primavera de 1939 en el distrito londinense de Hammersmith. La policía nunca logró encontrar al responsable de las muertes, un ser despiadado si atendemos a la terrible brutalidad de sus ejecuciones y la indiscriminada elección de los occisos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A finales de septiembre de aquel año de 1938, apareció ahogado en la legamosa ribera de Upper Mall un tendero del mercado de Kensington. Se trataba de William Canning. Los corrillos asustadizos de las gentes pronto difundieron el rumor de que pereció estrangulado mucho antes de ser arrojado al río, pero este extremo nunca fue confirmado por Scotland Yard. Por esta razón, cuando tiempo más tarde se iniciasen las mortíferas acechanzas de "&lt;i&gt;la bestia de Hammersmith&lt;/i&gt;", como popularmente se conoció a quien cometió las occisiones aquí referidas, el infeliz tendero no llegó nunca a encabezar con su nombre el tétrico registro de víctimas malogradas por el despiadado criminal. Los diarios de la época apenas se hicieron eco de la muerte de Canning: solamente el &lt;i&gt;News Chronicle &lt;/i&gt;le dedicó un reportaje interior, donde su firmante, el famoso periodista Gerald Barry, se limitaba a dar cuenta del suceso y describir al tendero como una persona afable, laboriosa, taciturna y poco habladora. Fue en este mismo periódico donde, semanas más tarde, se vinculó a Canning con el asesinato de la &lt;i&gt;tory &lt;/i&gt;Eleanor Behn, al sospecharse de sus relaciones sentimentales con la asistenta. Pero dicha conexión se desvaneció muy pronto: los sucesivos asesinatos se encargaron de borrar esta sospecha. De hecho, tanto es así que en el informe redactado por el inspector Dawson, al frente del caso, no se hizo mención explícita a ello. La muerte de William Canning, premeditada o no, nunca abandonó su condición de suceso, uno más de los muchos acaecidos en el Londres previo a la Segunda Guerra Mundial, donde la recesión aún mostraba sus trazas e improntas con patética crueldad entre las clases bajas, y sólo los compases vehementes del &lt;i&gt;swing &lt;/i&gt;lograban enjaezar con disimulo a una ciudad vencida por el miedo al Tercer Reich&amp;nbsp; y la pobreza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es difícil hallar rastro certero de la vida del pobre Canning. Tan sólo se ha podido hallar su nombre en un registro archivado en la iglesia de St Mary Abbots, donde se nombra a quienes generosamente contribuyeron en una donación popular que se organizó a principios de 1937 para acometer la reparación del pináculo del templo. Por tanto podemos concluir que, como tantos otros cientos de miles de ciudadanos anónimos, los devenires de la vida y muerte de William Canning hubiesen quedado perdidos en la densa neblina del olvido... de no haber sido por Elizabeth Darby, asistenta de Eleanor Behn, de quien supuestamente el tendero estaba enamorado, y en quien recayó la sospecha de la autoría del crimen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por desgracia para Elizabeth, pese a contar solamente con 19 años de vida cuando la anciana &lt;i&gt;tory &lt;/i&gt;fue hallada muerta, la prensa se ensañó con ella hasta un punto absurdamente inhumano. Prácticamente la totalidad de los tabloides, liderados por &lt;i&gt;The Evening News&lt;/i&gt;, ejercieron de acusación popular contra la desdichada asistenta. El estruendoso clamor se nutría en dos temores coevos, que paradójicamente nada tenían que ver con las circunstancias del crimen: por un lado, los descalabros provocados por una larga recesión, que golpeaba al Londres de los años 30 con implacable inmisericordia; y por otro, el nerviosismo descontrolado que generaba en la ciudadanía los devaneos cada vez más demenciales de un Hitler henchido de poder al otro lado del Canal. No es de extrañar, por tanto, que en los tabloides, durante los primeros días de caza y captura, se la acusase abierta e infundadamente de haberse querido apropiar de las supuestas riquezas de su patrona, de ser una suerte de Mata Hari en misión secreta en el Reino Unido (hubo quien declaró que Elizabeth se dedicaba al strip-tease en los pubs de Upper Mall, adonde acudía cada noche la flor y nata de la alta sociedad londinense), y un puñado de otras situaciones por el estilo, todas igualmente disparatadas. En cualquier caso, estos desvaríos lograron su propósito al conculcar los derechos de Elizabeth, quien no tardó en ser arrestada por Scotland Yard pese a no hallarse prueba alguna de su culpabilidad. En mi opinión, esta anómala actuación podría justificarse en el intento desesperado de las autoridades por impedir su linchamiento físico. Pero mientras todo esto ocurría, &lt;i&gt;The Evening News &lt;/i&gt;no dejaba de aumentar su tirada, e incluso un diario de la seriedad del &lt;i&gt;News Chronicle &lt;/i&gt;se permitía coquetear indecentemente con la ficción, tratando de desvelar a sus lectores las extrañas relaciones de la acusada con varios individuos, uno de ellos el ya difunto William Canning.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo este barullo, que nos recuerda con amargura la invariable permanencia del sensacionalismo en la voz de la calle, se apagó en el mismo instante en que fue hallado, junto a unas escombreras bajo el puente de Hammersmith, el cadáver del reverendo Sean Mac Carthaigh, titular de la cercana parroquia de St. Peters, muerto a martillazos hasta reventarle el cráneo. Ante las similitudes de este crimen con el perpetrado sobre Eleanor Behn, la opinión pública no pudo sino silenciar su dedo acusador, y Elizabeth Darby fue puesta en libertad. Jamás volvió a su casa en Cambridge Grove. El &lt;i&gt;News Chronicle &lt;/i&gt;publicó un editorial excusando la irresponsable actitud que había mantenido en toda la trama. &lt;i&gt;The Evening News &lt;/i&gt;simplemente se limitó a dejar de escribir el nombre de Elizabeth.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1925011281067215929-3089945347226207695?l=lamuerteenvenecia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/feeds/3089945347226207695/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/2011/10/la-falsa-asesina-de-eleanor-behn.html#comment-form' title='32 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1925011281067215929/posts/default/3089945347226207695'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1925011281067215929/posts/default/3089945347226207695'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/2011/10/la-falsa-asesina-de-eleanor-behn.html' title='La falsa asesina de Eleanor Behn'/><author><name>Javier Sabadell</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02550113436950009816</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-giK0wRc_MyI/Ts1dT9IF52I/AAAAAAAAAtQ/IX2uzpmugI0/s220/IMG_6160b.jpg'/></author><thr:total>32</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1925011281067215929.post-418156976495034197</id><published>2011-08-02T00:19:00.022+02:00</published><updated>2011-10-08T19:08:29.378+02:00</updated><title type='text'>Carta de Sophie Holmes</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Estimado cronista:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Aunque mi pulso no sea firme y no alcance sino a garabatear las palabras de esta carta mientras cae el crepúsculo sobre Pentyrch, sí dispongo de voluntad suficiente en las venas como para redactar unas cuantas consideraciones pertinentes sobre lo que usted se afana en despertar de su mansedumbre de olvido.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ya soy anciana. Tengo 85 años bien cumplidos. Como tantas otras viejas que menudean por esta campiña galesa, la perspectiva de la vida me ha hecho portadora de una memoria repleta de asuntos pequeños que jamás han llegado a trascender más allá de las colinas suaves y dóciles que me rodean. Nunca he abandonado mi pequeño pueblo, salvo en contadas ocasiones, y cuando lo he hecho, me he asegurado de regresar a él tan pronto como me lo permitieran las razones que me ausentaban de casa. Pentyrch, como bien sabrá, es una pequeña comunidad situada a las afueras de Cardiff, hacia el noroeste. Su emplazamiento es privilegiado. Nuestro pueblo germina en la ladera de una colina, Garth Hill, famosa no solamente por el luctuoso suceso del hallazgo del cadáver de Susan Verner, sino porque en época más reciente protagonizó con total merecimiento una de esas hermosas historias que el cine gusta de regalar para regocijo de nuestro corazón.&amp;nbsp; Todo cuanto rodea a nuestras casas son pequeños y laberínticos caminos, antes arenosos y hoy de asfalto duro y maloliente, vegetación de una exuberancia fértil que lo puebla todo con sombras y frescura, y extensiones bastantes de terreno campestre que la proximidad de la gran urbe todavía no ha alcanzado a perturbar. Mi hogar, por ejemplo, se encuentra en Mountain Rd., el más estrecho y pendiente de todos los caminos que parten de Pentyrch, desde donde puedo gozar de un paisaje maravilloso y tranquilizador tanto de Garth Hill como del pueblo entero.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Siendo niña, crecí en el vecino barrio de Gwaelod-y-Garth, adonde se trasladó desde Newport mi abuelo paterno cuando la empresa Blackmoor Booker decidió reabrir la mina de hierro, trayendo prosperidad suficiente a los habitantes de esta pequeña región durante muchos lustros. Mi abuelo trabajó en la mina hasta su muerte, y desposó ya mayor con Catrin Finch, el ama de llaves del pastor de Pentyrch. Tuvieron dos hijos: mi padre y un segundo retoño que murió siendo aún niño a consecuencia de un desafortunado accidente con una carreta tirada por caballos. De esta fatalidad se obró la posterior rectitud de temperamento de mi abuela Catrin, a quien recuerdo siempre como una mujer hipersensible en sus sentimientos, y de una religiosidad manifiestamente severa. Mi padre hubo de crecer en un hogar donde imperaba una disciplina atroz, tanto a consecuencia de los excesivos fervores de mi abuela Catrin como de la despreocupación de mi abuelo Arthur, más interesado en la mina y en las tabernas que en el fomento del cariño hacia su único hijo. No se puede decir que mi padre tuviese una infancia triste. Él acostumbraba a contarme sus recuerdos con inusitada felicidad interior. Se convirtió, sencillamente, en un hombre feliz por sometimiento voluntario a su destino ramplón y solitario. Desposó a los 19 años con mi madre, Elinor Bennett, una hacendosa mujercita de 17 años que para mayor desgracia suya, y también para la mía, murió durante el parto en el que me dio a luz. Mi padre, resignado como siempre y encogido de hombros como nunca, se desentendió por completo de mí, y fue mi abuela, por tanto, quien me educó a lo largo de su vida con la acostumbrada rigidez con que manifestaba sus actos. Sin embargo, jamás actuó conmigo como lo hiciera con mi padre, quién sabe si porque el rol de las abuelas es blandir ternura en lugar de severidad. El caso es que, conforme me hacía mujer, fue adoptando conmigo una confidencialidad algo difícilmente imaginable en un principio. Supongo que, con el tiempo, según su temperamento galés se veía relegado a la venerabilidad de los años, mi abuela comenzó a necesitar de alguien en quien sincerar su intimidad más profunda y velada. Yo la amaba como madre, y eso a mi abuela le abría hasta los más oclusos caminos del corazón. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Con esta nueva relación, así establecida entre mi abuela y yo, hasta su muerte, fui obteniendo una visión profunda y veraz de Pentyrch y sus alrededores. Y también de Susan Verner,&amp;nbsp;la hija mayor de los Verner, unos hacendosos labriegos que acabaron emigrando a alguna otra parte, a quien mi abuela conoció bien siendo&amp;nbsp;el ama de llaves del pastor Iwan Gruffudd.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Por lo que me contó mi abuela, Susan&amp;nbsp;debió ser un ángel: la muchacha más jovial y alegre de todo Pentyrch. Su carácter animado y vivaz iluminaba hasta los rostros más pesarosos de los labriegos. Todos la querían mucho, ayudaba a la gente en aquello que podía e incluso en lo que no podía, y en todas las labores se desenvolvía con resolución y encanto, hasta tal punto de que muchos la consideraban enviada por el cielo para ayudar a sobrellevar la pesarosa carga que Dios puso sobre los hombres antes de alcanzar el paraíso. No ha de ser muy difícil deducir que poco hubo de tardar en reclutarla el pastor Iwan Gruffudd una vez que Susan abandonó la niñez. No solamente la quiso cerca de sí para los menesteres de la parroquia, además la instruyó en el canto y en principios de teología. A resultas de sus frecuentes visitas a casa de los Gruffudd, Susan acabó trabando una muy estrecha amistad con la mujer del pastor, y por ende también con mi abuela Catrin. Ambas mujeres velaron por la formación y la educación de Susan, y especial empeño puso en ello mi abuela, quien convenció a la muchacha para que cursase el preparatorio a la escuela de magisterio de Cardiff. Este proyecto entusiasmó a la señora Gruffudd, quien no dudó un instante en hacer copartícipe a su marido. El pastor no solamente atendió la petición de su esposa, sino que ejerció toda su influencia en asegurar tutores más que adecuados para la formación de la joven. Es aquí donde surge la figura de Albert Sebas, con quien Iwan Gruffudd disfrutaba de una muy estrecha amistad, como no podría ser de otro modo tratándose de dos mentes tan conspicuas como las suyas, llamadas a entenderse por encima de cualquier mundano asunto.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Es cierta la posibilidad de que el boticario y eminente biólogo se enamorase perdidamente de su pupila. Pero ha de saber que muchos pretendieron a Susan Verner sin que ella diese jamás muestras de querer abrir las  puertas de su corazón a nadie, salvo en una ocasión, y no para la felicidad del boticario. Dice usted, tras analizar las memorias que publicó Agatha Worwick sobre su tío Sebas, que del amor correspondido entre tutor y discípula no le cabe la menor duda. Yo, en cambio, a tenor de lo que mi abuela me confesó, tengo muchas acerca de ese sentimiento, y tiendo a pensar que los recuerdos de Albert Sebas estaban sesgados por la conveniencia y el paso del tiempo, que todo lo idealiza. No pondré reparo alguno al resto de sus conjeturas. Es evidente que Susan Verner pasó mucho tiempo al lado del boticario y que en éste bien pudo establecerse un fuego de amor y pasión, fundamentado en la graciosa juventud de Susan, su gracejo y belleza. Pero de ahí a que ella accediese convencida a los favores y pretensiones de matrimonio de Albert Sebas, media un trecho. Y en todo caso, tanto si fue así como de cualquier otra manera, no justifica la acusación de asesinato que usted formuló hace algunas semanas, culpando al boticario de ello. En este punto coincido con la sucinta opinión que expuso el señor Belarmino Marsó en su misiva, y me declaro en total desacuerdo al parecer de usted. Pero no solamente por convicción propia o inferida, sino porque Susan Verner, en la época en que aprendía los misterios de la farmacología con Albert Sebas, estaba completamente enamorada de un joven que había arribado por aquel entonces a Pentyrch: el agente Theodore J. Dawson, como así se lo confesó a mi abuela Catrin.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Se suicidó Susan Verner? Yo así lo creo. ¿Por qué se suicidó? No lo sé, pero es posible que el agente Dawson dejase algún atisbo de esta verdad en su cuaderno de investigación, por mucho que le abatiese el sufrimiento de hallar muerta a su amada. A lo mejor, y no quiero arriesgarme a formular acusaciones infundadas sino a apuntar ciertas sospechas, Susan reveló en su casa que su corazón pertenecía al joven agente de policía y no al próspero boticario, favorito de sus progenitores, revelación a la que debió seguir una desgraciadísima y horrenda disputa entre ella y sus padres, a quienes respeto debía. Su conocimiento de la botánica, su destreza a la hora de confeccionar fármacos bajo las enseñanzas de Albert Sebas, y sobre todo, su enorme desazón, capaz de revocar toda benignidad y frescura y alegría de su alma, para entregarle la irrupción de una desgracia casi infinita, hizo el resto. En todo caso, creo que debería usted acudir de nuevo a las anotaciones del inspector Dawson.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Reciba un cordial saludo,&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sophie Holmes&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1925011281067215929-418156976495034197?l=lamuerteenvenecia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/feeds/418156976495034197/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/2011/08/carta-de-sophie-holmes-sobre-susan.html#comment-form' title='28 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1925011281067215929/posts/default/418156976495034197'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1925011281067215929/posts/default/418156976495034197'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/2011/08/carta-de-sophie-holmes-sobre-susan.html' title='Carta de Sophie Holmes'/><author><name>Javier Sabadell</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02550113436950009816</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-giK0wRc_MyI/Ts1dT9IF52I/AAAAAAAAAtQ/IX2uzpmugI0/s220/IMG_6160b.jpg'/></author><thr:total>28</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1925011281067215929.post-1704388874593526224</id><published>2011-07-20T00:51:00.024+02:00</published><updated>2011-08-06T16:21:14.877+02:00</updated><title type='text'>Carta de Belarmino Marsó</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Distinguido cronista:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Vengo leyendo con mucha atención y no poco interés la narración de los extraordinarios hechos que Vd. está exponiendo de un tiempo a esta parte ante la opinión pública, que siendo en sí mismos el resultado de investigaciones ciertamente arduas y complejas, como no podría ser de otro modo tratándose de acontecimientos ocurridos hace más de un siglo, resultan del todo inquietantes: lo mismo que si fuésemos testigos presenciales directos del trabajo de la imparable mente criminal que Vd. ha decidido perseguir y atrapar pese a que la extinción de tan macabro asesino es una certeza categórica avalada por el calendario. De alguna manera, su cometido es elogiable: que el horrendo homicida actuase a sus anchas sin sentir el aliento de la justicia en el cogote y la satisfacción de saberse no solamente impune, sino también desconocido, espolea nuestros deseos de perpetrar una venganza intelectual y reparadora que conlleve tanto el oprobio de su infausta memoria como la vindicación de las víctimas que padecieron su insaciable terror. De ahí que uno de mis propósitos con esta carta, si no el primero de ellos, sea exhortarle a que continúe con su investigación y prosiga con las pesquisas necesarias para alcanzar tan justificable fin.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;De momento ha indagado Vd. en los ominosos acontecimientos ocurridos en Épernay y sus alrededores a primeros del siglo XX. Previamente, y en aparente desorden, nos ha relatado a nosotros, sus lectores, otros episodios acaecidos en esta parte de Occidente, como son el crimen de&amp;nbsp; Pentyrch o el asesinato de la tory Eleanor Behn, en Hammersmith, Londres, que sin duda alguna están relacionados o Vd. jamás hubiese escrito una palabra sobre ellos.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Hay aspectos ciertamente interesantes en los sucesos arriba referidos, como son por ejemplo la imponente presencia del coronel Hume Ross o la enigmática tristeza del botánico Albert Sebas, a quien Vd. atribuye la muerte de Susan Verner, cuestión en la que debo mostrar mi absoluto desacuerdo. Como en desacuerdo estoy con la ilógica conclusión por Vd. alcanzada de que la matanza de Épernay se produjo para encubrir la verdadera razón del asesino: matar al prefecto Alexandre Joules Mathurin. A decir verdad, me sorprende la facilidad con que Vd., relator y creador de estas crónicas durmientes (porque dormidos han permanecido los crímenes después de tanto tiempo) yerra a la hora de descifrar unos enigmas que con exquisita y pormenorizada meticulosidad ha sido capaz de desgranar. Si encomiable es la finísima labor con que ilumina las escenas oscurecidas por el tiempo y el olvido, vituperable es la facilidad con que se deja engatusar por las lagunas creadas en la lógica incompletitud de las tramas. Por ejemplo: incurre Vd. en una absurda irracionalidad, tercamente sostenida, al afirmar que el asesino planea campar por sus respetos en la capital de la Champagne tantos años como sea preciso hasta alcanzar el objetivo de acabar con Mathurin, con quien supone -acertadamente- que se topó en el pasado en Londres. Esa explicación, o una parte de ella, la estrictamente criminal, no es sostenible en modo alguno. Al abundar en su terca obstinación solamente consigue que la única evidencia lógica e incuestionable parezca quimérica, haciéndosela parecer así al lector poco fundamentado.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Se lo digo con toda claridad. El asesino no se establece en Éparnay para asesinar al prefecto Mathurin. El asesino no disfruta asesinando inocentes con el solo objeto de encubrir su verdadero y muy postrero crimen. El asesino, como cualquiera de nosotros, no es capaz de predecir los destinos políticos de Mathurin, por muy amigo suyo que sea o aparente ser. El asesino no actúa por capricho al esperar más de un lustro en Éparnay antes de acometer su postergadísimo crimen. Vd., amigo mío, antepone las circunstancias a la lógica, con lo que su fracaso es rotundo. Y quizá lo haga por haberse empeñado de un modo absurdo en demostrar al mundo que sus pesquisas son mucho más acertadas que las seguidas en su día infructuosamente por la policía. Por este motivo piensa Vd. que lo mejor y más sensato es alejarse de las claves policiales, y actuando de esta manera, Vd., el cronista, cuya obligación para con el rigor y la objetividad debiera estar por encima de cualquier otra consideración, peca de superficialidad, de obstinación y de imprudencia, como cuando estúpidamente critica a la pobre Cécile Foly, haciéndola corresponsable de los crímenes por dudar de manera comprensible sobre la irrefutabilidad de sus sospechas. Obstinado es Vd., amigo mío, años más tarde, cuando todo ha pasado. Entre el pensamiento de Cécile y el suyo propio existen notables diferencias: la más importante es que ella acabó masacrada por aquel de quien sospechaba y Vd. en cambio no puede sentirse amenazado en modo alguno por el cruel y ya extinto asesino. La siguiente diferencia en importancia estriba en la veracidad y acertado tino de las sospechas de Cécile Foly, quien estaba en lo cierto, en contraposición a la pobreza lógica de las de Vd., cosa que le cuesta una enormidad reconocer.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;¡Por supuesto que el anglosajón amante de Noemie Dubled, la sobrina de Cécile, es el asesino! Pero, ¿acaso no se da cuenta de la importancia que cobra el hecho de que las sospechas de la señorita Foly se fundamenten una vez que tiene lugar el examen forense de la maestra Rachel Lemonnier y no antes? Lo anota de su propio puño y letra en uno de los márgenes de su ficha forense, como Vd. bien describe. Pero desdeña este episodio, no le presta suficiente atención, y pasa por alto una evidencia importantísima para la investigación. He tenido la precaución de solicitar a la biblioteca pública de Éparnay copia de los números publicados en 1908 por &lt;i&gt;L'Union&lt;/i&gt;, el periódico local. Es algo que bien hubiera podido hacer Vd. mismo si su engreimiento le hubiese permitido pensar con mayor lucidez. En la crónica de su obituario se advierte que la maestra era una mujer querida, y que su muerte por asfixia produjo una conmoción extraordinaria entre los habitantes de Éparnay. Dígame, ¿no se ha preguntado qué hizo a Cécile sospechar del amante de su sobrina, por qué los detalles escabrosos de la muerte de Rachel la alertaron y no otros? No busque la respuesta en parte alguna, en ficha policial alguna, ni siquiera entre los legajos manuscritos de la desdichada Cécile. Búsquela en la foto publicada por el susodicho diario durante las exequias de la maestra. El pie de página es revelador: en primer plano se hallan sus padres y hermanos, acompañados por C. Foly y N. y P. Dubled. En el otro extremo, un joven sin identificar mira a Noemie en actitud extraña. El asesino, con su fría y calculada metodología criminal, la misma que imposibilitaba cualquier sospecha policial, no tuvo el menor reparo en retratarse junto al féretro de la mujer que mató, y de quien presumiblemente era también amante. ¿Tanto cuesta sospechar que Cécile, Rachel y Noemie eran amigas, íntimas incluso estas dos últimas, y que las sospechas de la señorita Foly provienen de confidencias de mesa camilla, de murmuraciones íntimas, de cotilleos insospechadamente reveladores efectuados por las tres mujeres? El asesino acabará posteriormente con la vida de la desgraciada Cécile, la única persona que podía acusarle abiertamente. Y si siega la vida del prefecto Mathurin es, como bien apunta Vd., porque el político conoció al asesino anteriormente, y su nombramiento como prefecto del Marne trastorna de tal modo a este implacable criminal que solamente puede hacer una cosa: eliminarle, para que nadie sepa relacionarle con ningún episodio anterior a su vida. No le mata a consecuencia de un maquiavélico plan, preconcebido décadas atrás. Tal pensamiento es no solamente absurdo, sino manifiestamente pueril. Yo, en su lugar, amigo cronista, indagaría un poco más en la lista de estudiantes que confluyeron en la escuela universitaria londinense que ha mencionado en otra crónica. Es posible que allí encuentre pistas suficientes para avanzar en sus averiguaciones.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Disculpe el tono agrio adoptado en algunos pasajes de esta carta, que bien pudiera ser que le haya disgustado. Sepa que puede contar conmigo en todo momento. Soy su más fiel lector, su más admirado indagador de pesquisas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Desde un confortable sillón, este prejubilado  español, a quien han arrancado prematuramente de su quehacer diario a  cambio de una ingente cantidad de solazamiento, así  sea ver aburridamente los antipáticos programas de la televisión o  desenmascarar a un asesino hábil, le saluda afectuosamente, &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Belarmino Marsó&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1925011281067215929-1704388874593526224?l=lamuerteenvenecia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/feeds/1704388874593526224/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/2011/07/carta-apostilla-de-d-belarmino-marso.html#comment-form' title='24 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1925011281067215929/posts/default/1704388874593526224'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1925011281067215929/posts/default/1704388874593526224'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/2011/07/carta-apostilla-de-d-belarmino-marso.html' title='Carta de Belarmino Marsó'/><author><name>Javier Sabadell</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02550113436950009816</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-giK0wRc_MyI/Ts1dT9IF52I/AAAAAAAAAtQ/IX2uzpmugI0/s220/IMG_6160b.jpg'/></author><thr:total>24</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1925011281067215929.post-3887772813603340161</id><published>2011-07-12T18:21:00.015+02:00</published><updated>2012-01-31T13:36:55.883+01:00</updated><title type='text'>El terror en Épernay</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Cuesta creer que Épernay y la región de Marne fuesen testigos de los  repugnantes crímenes que allí se perpetraron en los albores del siglo  XX. Si bien es cierto que sólo desde un mínimo de distante frialdad se  puede acometer la tarea de enjuiciar y analizar las circunstancias de  tan abominantes manifestaciones de la crueldad humana, en el caso que nos  ocupa hemos de significar que todos los vestigios e improntas del terror reinante desaparecieron  al iniciarse una atrocidad aún mayor, la Gran Guerra de 1914, que por dos veces trató de devastar las riberas del Marne. Cuesta igualmente imaginar la angustia y  el miedo que debió apoderarse de la malograda Cécile F., cuyos esfuerzos  por desenmascarar al ser que perpetró tamañas matanzas en su ciudad han  pasado a la historia como restos de papeles almacenados en un archivo  que ni las guerras ni la corrosión han conseguido destruir. Y por  último, cuesta admitir que toda esta trágica relación de muertes  sucediese en la región de Marne, donde se encuentra Épernay, capital de  la Champagne francesa, donde los exquisitos y extensos campos de  viñedos, impecablemente cuidados, se tiñen por el otoño de un color ocre  sereno y por primavera refulgen con la intensidad de los verdes  sobrenaturales. En este pedazo de tierras regadas por el Marne ondulan  las colinas suaves, redondeadas, atravesadas por caminos serpenteantes y  sabulosos, de cuya amabilidad al caminante sólo puede decirse que está  repleta de armonía y belleza. Y qué decir de sus gentes, amables y  laboriosas, acostumbradas a vivir en pequeños pueblos acogedores, cuyo  tránsito por la vida y por todo cuanto alcanza a contemplar la vista en  tan prodigiosa campiña parece designado por la naturaleza para dar  muestras de su espledor benigno y fecundo. Por todas estas  circunstancias muchos llegaron a creer que los crímenes de Épernay,  entre los años 1907 y 1914, fueron el satánico anuncio del apocalipsis  que se cerniría sobre el Marne cuando los ejércitos ensordecieran el  paraíso terrenal con su estruendo de sables y balas. Muchos, pero no  nosotros.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Algunos lectores, alarmados por la tragedia  de Cécile F., nos han remitido con urgencia a los archivos policiales de  la Sûreté francesa, y encontrar en ellos referencias a estos crímenes.  Bien podemos afirmar que estaba en nuestro ánimo acercarnos a la  documentación desclasificada de este estamento policial, pero ante la  avidez de quienes nos siguen con interés en estas crónicas hemos  decidido adelantar esta fase de nuestra investigación, en detrimento de  otros apuntes notables que también contiene la historia, y que habremos  de referir en posteriores ocasiones.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Las  investigaciones policiales de los primeros crímenes cometidos en Épernay  son frustrantes. La Sûreté fue alertada por las autoridades de la  ciudad en 1911, y no antes, esto es, cuando la cadena de homicidios  alcanzó al prefecto de Marne y, lógicamente, se desató abiertamente la  alarma social, hasta entonces tensamente contenida por el miedo y la  confusión. Los archivos policiales anteriores a esta fecha se  corresponden con investigaciones realizadas por agentes locales del  orden, cuya metodología criminalista era prácticamente inexistente. De  hecho, al comparar estas fichas con los registros de Cécile F., mucho  más pormenorizados y audaces, se advierten en seguida las razones que  llevaron a la pobre administrativa a desconfiar de la policía local,  cuyas fichas apenas pasaban de ser meras descripciones de las escenas  del crimen y una relación asaz deslabazada de todo tipo de  circunstancias y sospechosos entrando y saliendo de las distintas  conjeturas sin orden ni concierto. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La  entrada en escena del cuerpo policial de Eugène Vidocq se produce, como  hemos referido, en 1911, tras el escabroso asesinato de Alexandre Joules Mathurin, el prefecto de Marne, un joven político prácticamente recién  llegado a la ciudad y que apareció con la cabeza abierta de un hachazo  en la bañera de su casa. Como hemos dicho, este crimen alertó  definitivamente a las autoridades de París, que requirieron  inmediatamente de los servicios de la Sûreté y censuraron, con bastante  aplomo para la época, la poco menos que inservible investigación  criminal de la policía. De hecho, fue el propio Clément Fallières quien  firmó en febrero de 1911 la destitución fulminante del jefe de policía  de Éparnay. Lógicamente, los inspectores de la Sûreté se hallaron ante  un escenario muy amplio y complejo, que cubría la ciudad de Épernay y la  casi totalidad de sus aledaños, y se extendía en el tiempo hasta ocho  años atrás. De inmediato descartaron la existencia de un móvil como  posible desencadenante del crimen del prefecto y de todos los crímenes  anteriores. En ninguno de ellos hubo tampoco evidencia alguna de  vejaciones sexuales, robos, intimidaciones, venganzas o despechos. Todas  fueron muertes aparentemente sin sentido, inconexas, crueles,  desordenadas, en los que la personalidad o identidad del asesinado  parecía una casualidad imprevisible. Cuando en 1914, semanas antes de la  inmersión de Francia en la contienda bélica, se produce el asesinato de  Cécile F., se detuvieron de manera tajante los crímenes y nunca más  volvió a evidenciarse en Épernay actividad alguna tan despiadada,  horrenda y sádica, a excepción hecha de las mortíferas guerras mundiales.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Algunas  de las conclusiones más interesantes para el avance significativo del  caso se sucedieron años después del cese de los asesinatos, en concreto a  partir de 1918, cuando el celo y pundonor de los efectivos policiales  que sobrevivieron a la terrible contienda pesó más que el convencimiento  que tenían de que el asesino había huido o desaparecido sin dejar  rastro. Las nuevas pesquisas fueron orientadas a elaborar el &lt;i&gt;modus operandi&lt;/i&gt;  del criminal y su perfil psicológico, que serían de enorme utilidad en  caso de que el asesino decidiera reiniciar su mortífera actividad. Se diseñó una detallada planificación de entrevistas e  interrogatorios, en la que se incluyeron tanto a vecinos y familiares y  amigos de las víctimas, como a psiquiatras, sociólogos, antropólogos,  criminalistas y jefes de policía de otras localidades (el jefe de la  policía cesado de Épernay había caído acribillado en la funesta Batalla  de Somme, años atrás). Con todo este bagaje obtuvieron conclusiones  ciertamente interesantes. Por ejemplo, que la sumamente baja ilación  existente entre los crímenes y sus circunstancias era premeditada: el  asesino quería dar la sensación de matar al azar, por capricho, sin  trazas aparentes que indujesen a pensar en un plan deliberado. Y con  esta deducción los investigadores dieron justamente con la pista clave:  la existencia de un propósito oculto, intrincadamente oculto, de cuya  evidencia el asesino suprimió todo rastro con su macabra ejecución de víctimas inocentes.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;Sin embargo,  en la primavera de 1920, tras exhaustar todas las posibilidades abiertas  con las pistas reveladas, que eran pocas y se iban perdiendo  progresivamente, cuando no confundiéndose en el olvido, los  investigadores encontraron en la morgue del hospital de Épernay las  anotaciones y registros de Cécile F., a quien desde ese mismo momento se  identifica como Cécile Foly, soltera y de 43 años. Pese al aparente  giro copernicano del caso, éste debió cerrarse sin conclusiones  definitivas a los pocos días por mandato de la superioridad. Nos consta  que los investigadores quedaron impresionados ante la voluminosa  información legada por la desventurada Cécile, incluidos los dramáticos comentarios  con que anuncia su inminente muerte. Sin embargo, la orden  prematura para su archivo dejó este misterioso caso con abundantes  preguntas sin respuesta.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Para nosotros, y creemos que  también para cualquier lector que siga estas crónicas, la arriesgada  derivación mostrada por el asesino en su último crimen permite  establecer -esta vez sí- una motivación clara e inequívoca, motivación  inexistente, en apariencia, con los asesinatos perpetrados  anteriormente. De hecho, que la espiral de muertes se quebrase tras el  asesinato de la administrativa, y el culpable no tuviese intención de  borrar sus huellas enmascarándolas en una nueva serie de crímenes, sólo  podía significar una cosa: el plan inicial, el que permaneció camuflado dentro de las matanzas previas, tiempo hacía que estaba cumplido. Es de sospechar que el  inicio de la Gran Guerra europea obligase al asesino a abandonar la región y, por tanto, a desistir de su truculento disimulo. Pero incluso ante esta suposición, hemos de considerar como cierta la&amp;nbsp; conjetura de que el asesino se propusiera acabar con la vida de Cécile Foly toda vez que culminado quedaba su tenebroso plan anterior. Esto significa que en al menos una de las víctimas que la antecedieron estuvo el origen de la macabra danza de muertes que se cernió sobre  el Marne, disfrazada de apocalipsis.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sospechamos, de un modo más rotundo a como la policía  inicialmente lo sospechó, que el prefecto Alexander Mathurin fue la razón que  condujo al criminal a su espantosa matanza. Este joven político, militante en la Alianza Democrática francesa e hijo de un importante banquero francés, estudió en la&lt;b&gt;  &lt;/b&gt;London School of Economics and Political Science, apadrinado por Sydney Webb, quien le introdujo rápidamente en el fabianismo. De regreso a París, su padre le procuró una pronta y muy ascendente carrera política, sirviendo en un par de altos puestos ministeriales antes de ser nombrado prefecto del Marne. Cuando Alexander llega a Épernay, es posible que una de las carpetas que atrajesen su atención fueran los informes policiales sobre el elevado número de muertes violentas que allí se estaban produciendo. Por desgracia, poco podría sospechar que él mismo hallaría la muerte en similares circunstancias, pasando a engrosar la lista de víctimas de dicha carpeta. Los investigadores  de la Sûreté jamás debieron abandonar esta línea de investigación por el simple hecho de que muchos de los asesinatos se cometieran con anterioridad a su designación  como prefecto, en la creencia como estaban de que el asesino no podía saber si Mathurin  acabaría en Épernay o no. Nosotros, en cambio, pensamos que entre Mathurin y el asesino existió algún tipo de relación, aún por determinar. De ninguna otra manera, por extraño que parezca ésta, se comprendería que el criminal pudiese limitarse a esperar a que el joven político recabase  en la región, a la que presumiblemente se veía destinado, para acabar con él. ¿Por qué en Épernay y no en París o en cualquier otro lugar? Lo ignoramos. Acaso por capricho. Una mente así, tan fría y sádica, capaz de planificar un crimen con años de antelación,  capaz de embrollonar su crimen antes y después interponiendo un caos de sangre, capaz de desorientar a los mejores expertos policiales de toda  Europa, es lógico que produzca estupor ante la pretensión de entenderla. Especialmente cuando la solución la abrió ante nuestros ojos las manos de una mujer frágil, trabajadora, sufriente y buena, a quien no acabamos de creer cuando por vez primera leímos sus palabras. Porque, ¿quién sino ese misterioso joven  británico, de buena posición, llegado a Épernay antes del primer crimen,  amante de Noemie Dubled y sospechoso desde 1908 a los ojos de Cécile  Foly, puede ser merecedor de toda nuestra atención y todas nuestras sospechas?&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1925011281067215929-3887772813603340161?l=lamuerteenvenecia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/feeds/3887772813603340161/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/2011/07/el-terror-en-epernay_12.html#comment-form' title='11 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1925011281067215929/posts/default/3887772813603340161'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1925011281067215929/posts/default/3887772813603340161'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/2011/07/el-terror-en-epernay_12.html' title='El terror en Épernay'/><author><name>Javier Sabadell</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02550113436950009816</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-giK0wRc_MyI/Ts1dT9IF52I/AAAAAAAAAtQ/IX2uzpmugI0/s220/IMG_6160b.jpg'/></author><thr:total>11</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1925011281067215929.post-4961512760730987426</id><published>2011-06-30T01:46:00.014+02:00</published><updated>2011-10-21T12:03:19.756+02:00</updated><title type='text'>La perpetuidad de la memoria del coronel Ross</title><content type='html'>&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;Las memorias que el coronel Hume Ross publicó al final de su vida son  un testimonio ejemplar de caballerosidad, pundonor y valentía. Su  lectura resultará apasionante para los lectores interesados en el  papel desempeñado por las fuerzas británicas durante la primera mitad  del siglo XX. Su biografía militar está escrita con los avatares de algunas de las más renombradas contiendas, como la batalla de los  Dardanelos o el desembarco de Normandía. Pero Hume Ross es considerado, igualmente, un fino diplomático. Su participación en algunas de  las administraciones territoriales desempeñadas por Inglaterra en aquel  tiempo, como el protectorado egipcio o el mandato británico de  Palestina, le otorgaron no sólo un conocimiento exacto y preciso de la  siempre difícil estrategia geopolítica británica: también una finísima capacidad  de análisis social, que evidenció con enorme solvencia en su obra "&lt;i&gt;Notes on a lasting peace&lt;/i&gt;  &lt;i&gt;(Apuntes sobre una paz duradera)&lt;/i&gt;", apenas percibida por el gran público a  consecuencia de la enormidad de las obras de Winston Churchill.&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;Anteriormente en estas crónicas hemos revisado un episodio sucedido  durante la etapa en que Hume Ross participó en el protectorado egipcio, y  que no fue otra cosa que la relación, breve y trágica, que mantuvo con Catherine Gonon, a quien desposó cuando la muerte de ésta era inminente.  En algún momento, más adelante habremos de continuar la tarea de  desvelar algunas de los muchos enigmas que todavía se esconden tras tan peculiar  aventurera francesa. Pero en este capítulo que nos ocupa, nuestro objetivo  no es otro que aportar alguna revelación que permita seguir los pasos del monstruoso asesino que actuó, impunemente, en Europa durante la primera mitad del siglo XX. La primera de estas extraordinarias revelaciones proviene de la huella impresa en Hume Ross por su malograda  primera esposa, Catherine Ross.&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;Hojeando las memorias del militar, se constata de inmediato que el coronel Ross no pudo olvidar a quien fue su primer y único gran amor en vida. El lector es consciente de que jamás pudo disolver por completo el rastro  dejado por esta extraordinaria mujer. Hay detalles que nos permanecen ajenos, por supuesto. Los afectos, las  conversaciones, el sentido de la profunda dilección que se estableció en tan breve lapso de tiempo entre  los dos amantes, son cuestiones que no  han quedado registradas en parte alguna. El propio coronel Ross apenas aporta detalles íntimos de sus vivencias tan queridas, pero sí refiere indirectamente la melancolía pura y limpia con que el alma del militar fue signada, una vez que Catherine Gonon expiró su último aliento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue  Hume Ross quien llevó adelante, con valentía y honor, bajo tristísimas circunstancias, las exequias de Catherine, en Asuán. Recogió las cenizas resultantes de la cremación del cuerpo inerte y las depositó en una urna humilde, con la que viajó hasta París,  atravesando desiertos, mares y montañas, con la sola intención de honrar  a la familia de su esposa fallecida. Los Gonon, como toda respuesta, le cerraron  las puertas de una manera desabrida y displicente. Ignoramos si  la razón de ello debe encontrarse en los orígenes  judíos de Catherine, que sus padres entendían que ella había profanado en dos ocasiones, o acaso en las nunca bien  esclarecidas circunstancias que desencadenaron la huida de Catherine, y por las que fue presumiblemente aborrecida. Ninguna de ambas posibilidades resulta extraña tratándose de  una familia que, por el contexto y su desenvolvimiento, debió ser conservadora en costumbres e impenetrable en rectitud. Pero ya fuese por un motivo u otro, el resultado fue que Hume Ross partió la misma tarde de su  llegada a París con rumbo a Londres, triste y circunspecto, portando la modesta urna donde se hallaba cuanto quedaba del único amor, puro e inmarcesible, que  había cubierto las vastas extensiones de su férreo corazón.&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;Quizá  recuerde el lector, de cuando unas pocas páginas atrás, cómo Catherine  Gonon, en su lecho de muerte, suplicó a su marido que encontrase la memoria  de su amor en unas extrañas semillas que él debía hacer germinar en su jardín, allá donde se encontrase. Hume Ross, con nobleza, con esa  grandeza limpia de caballero británico, cumplió con creces la voluntad  de su esposa. Poseía una casa victoriana en Kent, al este de Londres,  heredada de su abuelo paterno, el general Murray G. Ross. Estaba levantada donde principia la  península de Hoo, en un valle que se extiende a pocas millas del estuario del Medway, no muy lejos de Gadshill Place, donde el lector recordará que, años más tarde al momento que estamos narrando en este instante, el inspector Dawson sería asesinado. En el jardín de aquella casa crecieron recios y vigorosos los arbustos que Hume cultivó con las semillas recibidas de Catherine. En la primavera florecieron los primeros brotes, rojos e intensos, que se desplegaron como rosas injertadas en un espino. El militar, durante los intermitentes lapsos de tiempo que pudo disfrutar de la tranquilidad de su vivienda, cuidó y mimó aquellas plantas exóticas, cuidando tanto de las yemas que alumbraba como de los pétalos rojizos que se purificaban cada amanecer con el agua limpia del rocío. Nada parecía doblegar la vigorosidad de los arbustos: ni las humedades otoñales, ni las nubes del estío. Parecían imbuídos de la fortaleza de las tierras del África y de la enigmática personalidad de Catherine Ross. Muy pronto acabaron por adueñarse de todo el jardín.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;Volviendo a la vida de Hume Ross, ya hemos constatado que su carrera militar estuvo plagada de reconocimiento. No estando interesados en la notoriedad castrense que alcanzó en vida, nos detendremos en cierto episodio sucedido en el otoño de 1946, cuando ya se habían apagado los ecos del crimen del inspector Dawson, ocurrido en 1941. &lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;Habían pasado varios meses tras la victoria aliada en la II Guerra Mundial. Hume Ross era ya un coronel de fama e importante riqueza personal, solterón y solitario. Con el inicio de la explotación urbanística de la península de Hoo, se había planteado mudarse a una mansión en Gower Street, próxima a la facultad de biología del University College de Londres. Sin embargo, la suerte de su jardín, y en especial los frondosos arbustos de Catherine, le hacían remiso a terminar de adoptar una decisión que le era muy conveniente. Una vez resuelto a ello, con la intención de preservar la existencia de sus arbustos, acudió a entrevistarse con varios profesores de la facultad con tallos, hojas y flores, cuidadosamente cortados. Sorprendentemente, ninguno de aquellos profesores supo concretar la taxonomía del arbusto, y le sugirieron que acudiese al jardín botánico de Kew Gardens, donde uno de los expertos en flora africana, el doctor Hooper, no sólo se interesó por el enigmático arbusto, sino que decidió que debía inspeccionarlo en el propio jardín del militar, encontrándolo de un esplendor y una  suntuosidad envidiables. Hooper estudió detenidamente, durante varios días, el curioso espécimen africano. Transplantó con exquisita delicadeza uno de los arbustos, para su exposición en Kew Gardens, y recogió un importante número de semillas para que fuesen almacenadas en el banco de semillas su institución, uno de los más importantes del mundo. Tras varias semanas de investigación, Hooper le comentó a Hume que deseaba acudir a Dumfries, al sur de Escocia, donde vivía uno de los más prestigiosos expertos mundiales en flora exótica, sir Albert Sebas, un anciano octogenario que, en su juventud, había publicado en un extraordinario catálogo de Ciencias Naturales, en el que se encontraba aquella variedad de arbusto orquiáceo. El anciano, cuyas aportaciones a la formulación y síntesis de compuestos químicos le habían hecho inmensamente rico, no concedía audiencias desde varios lustros atrás, pero guardaba con él una correspondencia grata y amistosa, y estaba convencido de que accedería a la entrevista, como así sucedió. Hume, sin mayor dubitación, decidió acompañar al especialista de Kew Gardens, quien finalmente, por diversas circunstancias, no pudo emprender viaje en la fecha prevista, viéndose el militar en la circunstancia de acometer él solo el proyectado viaje hasta Dumfries.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;Sir Albert Sebas vivía en absoluta soledad, bajo la atenta vigilancia de su sobrina Agatha, en una zona muy alejada del casco urbano. El coronel recuerda en sus memorias que en la mansión del anciano el silencio era impenetrable, y produjo en Hume Ross una desgarradora sensación de desasosiego. Fue acogido con frialdad. La sobrina le acompañó hasta una salita de espera decorada con diversos elementos vegetales y minerales, todos debidamente catalogados. En ella aguardó más tiempo del aconsejable para una visita con preaviso. Cuando finalmente volvió a aparecer la sobrina, le invitó a acceder a una pequeña biblioteca donde Albert Sebas descansaba al amor de un brasero y una tímida bujía encendida, frente a un servicio de té para dos personas. El aspecto del anciano era lamentable. Tenía el rostro surcado por las arrugas más profundas que Hume hubiese jamás completado. La expresión de sus ojos, atrapados bajo el flequillo de su pelo canoso y laso, era de completo abatimiento. En cambio, su voz era fuerte y grave, no reflejaba el cansancio proyectado por su avanzada edad. Tras servir el té y tomar un par de pastas, el militar explicó a Sebas el motivo de su visita, sin dar explicaciones sobre el origen de los arbustos. Sebas miró en un principio con cierta fingida indiferencia los tallos y hojas que Hume portó consigo, pero muy pronto la calculada frialdad se convirtió en interés y asombro. Los pocos destellos de vida que aún refulgían en los cansados ojos del científico se tornaron en excitación. En un momento dado, el anciano se irguió de la mecedora para rebuscar en un antiguo baúl el paradero de un viejo cuaderno de notas manuscritas, repleto de detallados dibujos. Una de las páginas contenía una réplica virtualmente exacta de las ramas y flores que Hume le había mostrado. Sebas explicó que se trataba de una rarísima variedad de &lt;i&gt;orchidaceae&lt;/i&gt;, que él había identificado como &lt;i&gt;apostasiaceae &lt;span class="st"&gt;&lt;i&gt;abyssiniae&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;. Albert Sebas la había descubierto años atrás, en Amsterdam, mientras trabajaba en el puerto como inspector de los cargamentos provenientes de África. El científico confesó, quizá sin reparar demasiado en el error en que estaba incurriendo, que posteriormente, ejerciendo de boticario en una pequeña localidad galesa, pudo constatar que esta especie extraña de &lt;i&gt;orchidaceae &lt;/i&gt;permitía sintetizar un potente veneno compuesto de alcaloides capaces de producir la muerte por parada cardíaca. Este estudio jamás lo había publicado y, según las propias palabras del célebre botánico, tampoco revestía de mayor interés. Lo interesante de ese instante, según refleja Hume Ross en sus memorias, fue la emoción tristísima y honda que embargó al viejo mientras contemplaba sus notas y ofrecía a su interlocutor referencias precisas del veneno derivado de aquella planta.&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;Hume Ross no pudo volver a entrevistarse con Albert Sebas por la repentina muerte de éste a las pocas semanas, una vez que su corazón se hubo detenido, exhausto. Tampoco tuvo ocasión de confrontar sus notas con las memorias biográficas que años más tarde la sobrina de Albert Sebas, Agatha Worwick, publicó sobre su tío. De haberlo efectuado, quizá Hume Ross hubiese advertido en aquel llanto una confesión implícita de culpabilidad respecto al ignorado crimen de Susan Verner, quien probablemente halló la muerte, quién sabe si por celos o despecho, de manos de su enamorado: sir Albert Sebas, boticario y eminente botánico.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1925011281067215929-4961512760730987426?l=lamuerteenvenecia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/feeds/4961512760730987426/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/2011/06/la-perpetuidad-de-la-memoria-del.html#comment-form' title='21 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1925011281067215929/posts/default/4961512760730987426'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1925011281067215929/posts/default/4961512760730987426'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/2011/06/la-perpetuidad-de-la-memoria-del.html' title='La perpetuidad de la memoria del coronel Ross'/><author><name>Javier Sabadell</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02550113436950009816</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-giK0wRc_MyI/Ts1dT9IF52I/AAAAAAAAAtQ/IX2uzpmugI0/s220/IMG_6160b.jpg'/></author><thr:total>21</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1925011281067215929.post-4492841436479673619</id><published>2011-06-18T21:52:00.022+02:00</published><updated>2012-01-31T01:03:27.614+01:00</updated><title type='text'>La vocación detectivesca de Cécile</title><content type='html'>&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;Entre los años 1907 y 1914, la cotidianeidad de la ciudad de Épernay, en Francia, se vio alterada por una serie de horrendos y sobrecogedores crímenes, que jamás fueron esclarecidos. Los documentos más reveladores han permanecido ocultos en los archivos del hospital construido por el millonario y filántropo Victor Auban-Moët, e inaugurado veinte años antes de que dieran inicio las más de cincuenta muertes cuyas circunstancias pretendemos esclarecer. Para quien lo desconozca, cabe apuntar que Épernay conoció su época de mayor esplendor y crecimiento entre 1870 y 1914, es decir, en el periodo comprendido entre la guerra franco-prusiana y la I Guerra Mundial.&amp;nbsp; A lo largo de esas cuatro décadas, la ciudad cuadruplicó su población atraída por la creciente actividad de la que se había constituido, con total justicia, en capital mundial del Champagne y una de las villas más ricas e influyentes del noreste francés. No sorprende, por tanto, que el primero de los crímenes se perpetrase en las propias bodegas de la familia Möet.&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;Los datos de éste y los sucesivos crímenes que se cometieron, fueron cuidadosamente documentados por una de las administrativas que trabajaban en el ya mencionado Hospital Victor Auban-Moët. De ella solamente conocemos su nombre, Cécile, y la inicial de su apellido, F. Cualquier dato biográfico o revelación oficial de esta mujer se ha perdido. De hecho, lo poco que podemos saber de su vida proviene de las breves anotaciones que ella misma fue apuntando en el margen de las notas que transcribía mientras documentaba los asesinatos. Al principio nos sorprendió que una mujer tuviese acceso a los cadáveres y autopsias practicadas, pero muy pronto descubrimos que ella era la encargada del registro de la morgue del hospital. Posiblemente Cécile F. fue una mujer de edad mediana que hubo de sobreponerse a las dramáticas circunstancias en que se desenvolvió la villa durante este periodo de terror. Pero es indudable que muy pronto advirtió la importancia de su trabajo, porque las observaciones que escribió de su puño y letra sobre los crímenes son pormenorizadas, y las anotaciones al margen están sembradas de sus propias deducciones.&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;Decíamos que el primer cadáver apareció en las bodegas Moët, y debió tratarse de un jornalero anónimo. La fecha de su muerte corresponde con la primera recogida de la uva en la región, y fue hallado muerto, de acuerdo a las anotaciones de Cécile, en la franja norte de los extensísimos viñedos de la familia. Había recibido un hachazo en la cabeza, que le abrió el cráneo, produciéndole una muerte horrible. Las primeras anotaciones al margen sostienen posiblemente una de las hipótesis de trabajo de la policía: se trataba de una riña o disputa entre jornaleros, de final aciago. Sin embargo, en esta primera página, justo en el margen inferior, aparece una enmienda de Cécile que nos remite al crimen perpetrado en agosto de 1911, muchas páginas más adelante, cuando se encuentra asesinado en su casa al prefecto de la región, a consecuencia precisamente de un hachazo en la cabeza. Para entonces, la administrativa había tenido ocasión de describir una treintena larga de crímenes, y su confianza en el trabajo policial era prácticamente nulo. Muy probablemente tal fuese el sentir generalizado de las gentes de Épernay. La dispersión social y racial de los asesinados hace pensar que el autor de los mismos no perseguía objetivo alguno con ellos, salvo instaurar un periodo de terror en la región, cosa que sin duda alguna logró sobradamente.&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;La clave más reveladora de toda esta larga indexación de asesinatos lo muestra Cécile, por vez primera, en la anotación correspondiente al crimen de la maestra Rachel Lemonnier, muerta en 1908 por estrangulamiento con una soga de cáñamo. Dice la administrativa, literalmente: "&lt;i&gt;Tengo sospechas del amante de mi sobrina Noemie Dubled&lt;/i&gt;". Desafortunadamente, fuera de los documentos escritos por Cécile, no hemos podido hallar indicio alguno del hombre al que se refiere la administrativa. Los únicos rastros de Noemie Dubled son la partida matrimonial de 1905, tras desposar con Pierre Dubled, y el acta de defunción de 1918 a consecuencia de unas fiebres. Nada más. No dejó descendencia, pero sí consta que su marido volvió a casarse unos años más tarde, yéndose a vivir cerca de París. Sin embargo, estos datos no parecen en principio cruciales para la investigación que estamos llevando a cabo. Quizá nos equivoquemos, pero la cuestión intrigante estriba en que, desde ese momento, las sospechas de Cécile parecen irse fundamentando, y en no pocas ocasiones da cuenta, visiblemente alterada, de las enormes diferencias que mantiene con las pesquisas de la policía.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;Por lo tanto, podemos asegurar que, entre 1908 y 1914, las anotaciones de la administrativa constituyen el único indicio plausible capaz de dar con la identidad del asesino, identidad que si bien para Cécile nunca resultó un enigma, sí debió serlo para la policía local, desconcertada a lo largo de dos lustros e incapaz de dar con el criminal y atajar el imperio de terror que se había instaurado. Quizá se debiera mantener alguna cautela sobre esta afirmación: parece evidente que las pruebas que Cécile fue acumulando en sus anotaciones no le parecieron en ningún momento suficientes como para llevar a efecto una denuncia. Y por mucho que ensalcemos ahora la pulcritud moral de Cécile ante la suposición de inocencia de aquel a quien creía culpable, sí conviene lamentar su tenaz escrupulosidad, que la impidió caligrafiar una sola vez el nombre de tan peculiar sujeto. Mas no todo está perdido. Podemos, en todo caso, establecer un retrato-robot del sospechoso a quien ella dedicó una atención extraordinaria durante buena parte de su vida: en efecto, de sus notas puede deducirse que se trataba de un hombre joven, de origen anglosajón, cultivado en letras y en ciencias, llegado a Francia desde poco antes del primer crimen y acostumbrado a llevar una vida disoluta, sin que se conociera el origen de su economía que, no obstante, debía ser boyante pues le permitía vivir con lujo y capricho en la siempre esplendorosa Éparnay. &lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;Es igualmente lastimoso que las anotaciones de Cécile siempre sean breves. Las pruebas que, en su opinión, vinculan cada vez más al asesino con el cortejador de su sobrina, resultan además excesivamente etéreas para quien las lee, no así para ella, que las refiere con cierta desidia, como si estuviese más necesitada de transcribir sus pensamientos personales que de dejar constancia de la ilación lógica de sus sospechas. Es como si la administrativa de repente se viese enardecida por esclarecer la psicología y el conductismo de aquel a quien reconoce como un asesino, aun sin poder aportar una prueba concluyente. Y así es. Para Cécile, los crímenes, tormentosos en muchos casos para las víctimas, que llegan a padecer auténticas torturas en los momentos previos a fenecer, son en realidad demostración de la enorme distancia que media entre la actitud pública del asesino (un joven de buena posición, extranjero, que se divierte dejándose ver en sociedad como ultrajador de la honra de sus convecinos) y la del criminal (un absoluto monstruo incapaz de sentir la más leve misericordia por sus víctimas, a las que inflige todo tipo de padecimientos, cuando no las descuartiza sin contemplación). Ambas actitudes tienen un mismo elemento sobre el que pivotan: ni la sociedad ni la policía pueden atajar sus desmanes, públicos o privados.&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"&gt;Es hacia la última parte de estos registros de Cécile cuando sobreviene el terror para todo aquel que los lea. De repente se percata, por la identidad de las víctimas, que el asesino hace meses que viene trazando círculos alrededor de ella, que sí existe un planteamiento y unas intenciones, que cada asesinato posterior se comete justo del modo en que Cécile ha pensado previamente que debería perpetrarse. En ciertos momentos, las notas al margen se tornan confusas, como si de pronto la pobre administrativa se hubiese dado cuenta, tarde, pero irremediablemente, de que hace muchos años que el asesino viene jugando con ella, que sabe de sus sospechas, de sus notas manuscritas, de las claves que conjetura, de los distintos barruntos con que ella trata de aproximarse a la psicología del asesino. Y cuanto más evidente se le aparece esta deliberación a Cécile, más confusas se tornan sus conjeturas sobre si el amante de Noemi es o no el verdadero culpable. Al menos para el lector, que permanece estupefacto ante esta súbita revelación, que no conoce detalles ni entresijos pormenorizados de cuanto Cécile debió cavilar mientras dispersaba apuntes en los márgenes de las páginas donde registraba los asesinatos, y que se mantiene -como lector- ajeno y externo a todo cuanto sucede, el origen de la vuelta de tuerca bien pudiera hallarse en la existencia de una tercera persona que conoce, que ha conocido desde el primer momento, las presunciones detectivescas de Cécile. Y de ser así, hemos de confesar que nos produce una desagradable sensación contemplar cómo el odio inveterado de esta mujer hacia el amante de su sobrina fue lo que la indujo a desvirtuar el resultado de una investigación, la suya, que de otro modo hubiese resultado crucial para desvelar la identidad del asesino, quien no sólo perpetró sus fechorías en la región de Champagne, lugar donde la justicia fue incapaz de dar con él, sino que cesó de cometer homicidios solamente cuando, finalmente, Cécile F. fue hallada muerta en la propia morgue del hospital de Épernay, mientras su rastro de sangre se extendía sobre el último de los folios que estaba escribiendo. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1925011281067215929-4492841436479673619?l=lamuerteenvenecia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/feeds/4492841436479673619/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/2011/06/la-vocacion-detectivesca-de-cecile.html#comment-form' title='11 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1925011281067215929/posts/default/4492841436479673619'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1925011281067215929/posts/default/4492841436479673619'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/2011/06/la-vocacion-detectivesca-de-cecile.html' title='La vocación detectivesca de Cécile'/><author><name>Javier Sabadell</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02550113436950009816</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-giK0wRc_MyI/Ts1dT9IF52I/AAAAAAAAAtQ/IX2uzpmugI0/s220/IMG_6160b.jpg'/></author><thr:total>11</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1925011281067215929.post-8444764685783520895</id><published>2011-06-06T01:21:00.006+02:00</published><updated>2011-10-21T11:03:35.933+02:00</updated><title type='text'>El amor de un boticario galés</title><content type='html'>&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;Según relata en sus memorias, publicadas póstumamente por su sobrina Agatha Worwick, la conducta recoleta de Albert Sebas se vio agravada por una desdichada historia de amor. No podría ser de otra manera.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;Albert Sebas nació y creció en Pembroke, la capital del condado de Pembrokeshire, al oeste de Gales. Su padre fue un humilde zapatero que murió de manera temprana por unas fiebres, y su madre una lavandera en una posada del puerto que, tras desposar con un viajante, se desentendió de su hijo, abandonándolo en la calle. Albert fue acogido por un matrimonio mayor, que se apiadó de sus inmensos ojos tristes. Albert siempre les trató con respeto y cariño. A los 19 años fue aceptado como aprendiz por el boticario que dispensaba fármacos a la anciana pareja. Fue allí donde Albert desarrolló un gran amor por las plantas, los animales y los minerales. Al cabo del tiempo, tras fallecer sus padres adoptivos, se trasladó a  Ámsterdam, para ayudar en la inspección de los grandes buques provenientes de África y Asia, siempre cargados de especímenes y cuantiosas rarezas naturales. Prueba de sus nutridos conocimientos es que, a la temprana edad de 25 años, publicó un catálogo ilustrado de Ciencias Naturales que cobraría fama por todo el continente. Aunque fue requerido por varias universidades, desechó la idea de una carrera académica y decidió abandonar Holanda y regresar a Gales, donde su viejo amigo el boticario de Pembroke logró encontrar para él una anticuada pero bien provista botica en Pentyrch, localidad próxima a Cardiff. &lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;En Pentyrch adoptó una vida cenobita acorde con la tranquilidad y el descanso que esta población ofrece secularmente a sus visitantes y ciudadanos. En la rebotica se entregó a la destilación de variados compuestos químicos de gran utilidad. Con ello logró hacer mucho dinero. Al ciudadano actual quizá le sorprenda averiguar que algunas de las formulaciones más conocidas para la limpieza de sanitarios no son sino derivaciones modernas de la extracción de ácido oxálico ideada por Albert Sebas en aquellos años postreros del siglo XIX. Hoy día es habitual la síntesis de este compuesto a partir de formiato sódico, compuesto que, por cierto, Sebas empleó en una patente de su propiedad para comercializar un excelente conservante de alimentos. Pero puede concluirse, sin faltar mucho a la verdad, que muchos de los modernos productos químicos que se emplean a diario derivan de procedimientos desarrollados y publicados por Albert Sebas a lo largo de su vida.&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;Nunca se casó, si bien narra concluyentemente en sus memorias un episodio trágico que, en el contexto de su existencia, habría de tenerse como anecdótico si no fuese por las implicaciones que posteriormente tuvo.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;En el otoño de 1892 comenzó a frecuentar los ensayos semanales del coro de Pentyrch Parish. Allí conoció a una joven de la que hubo de enamorarse en silencio. La muchacha estudiaba en la propia parroquia para convertirse un día en maestra. Siendo ella locuaz y vivaracha, tanto que en no pocas ocasiones dio que hablar a las gentes de Pentyrch por su exceso de confianza y espontaneidad, algo no bien visto entre los clanes galeses más conservadores, no tardó en solicitar la ayuda de Sebas para profundizar en un tema que le fascinaba sobremanera: los misterios de las ciencias naturales. Sorprendentemente, éste la aceptó de buen grado por su amistad con el párroco y también por la jovialidad y frescura de la joven. El caso es que, con el paso de los meses y el aumento progresivo de los conocimientos de la muchacha en tales materias, la amistad entre ambos llegó a consolidarse, encendiéndose en él una llama con algo que más que neutra simpatía. Los padres de la joven, ambos agricultores, no vieron con malos ojos la amistad creciente entre el boticario y su hija, acaso por la sospecha de que se trataba de un hombre muy conveniente en caso de que algo más surgiese entre ambos.&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;Albert no se sentía ajeno a las costumbres&amp;nbsp; galesas, pero prefirió confiar en su paciencia antes de anunciar a la joven sus intenciones, siquiera por asegurarse de que ella le correspondía. En sus memorias el boticario refleja con cierta prudencia no exenta de júbilo las intensas sensaciones que le perturbaban ante la presencia de la muchacha, y en muchos casos se permite digresiones poéticas perfectamente reveladoras, como cuando escribe -por ejemplo- que su sonrisa es "&lt;i&gt;fuente clara de la que brota un agua fresca y saciadora&lt;/i&gt;". Todo parece indicar que en la familiaridad con que juntos coinciden en los ensayos de la coral, en sus paseos habituales por Garth Hill, o en la creciente intimidad con que ambos se trataban durante las clases, así como en otros momentos que apenas se detallan, afloran unos sentimientos amorosos y eróticos que posteriormente habrán de mortificarle, especialmente en sus momentos postreros más señeros. Y aunque las memorias están redactadas de tal modo que no podamos conjeturar que la joven le correspondiese, es evidente que lo hacía. A fin de cuentas, pese al relativo aislamiento que se vivía por aquel entonces en  Pentyrch, la joven pudo haber elegido otros pretendientes o dedicar su  tiempo a varones más favorecedores por edad y estatus. Del amor que  ambos se profesaban, por tanto, no queda duda alguna. &lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;Este momento de la vida del célebre boticario se tuerce, definitivamente, con el interés que suscitan en la joven los experimentos químicos que él realiza en su laboratorio. Sebas, alentado por el ímpetu de la muchacha y su amor hacia ella, permite que la muchacha sintetice formulaciones orgánicas muy básicas con los alambiques, las romanas, los vasos de precipitación, las pipetas y, en general, todo el aparataje que había recopilado para su profesión. Posteriormente, conforme la joven fue ganando en destreza y en sabiduría, la hizo ayudante suyo, de modo que tuvo acceso a todos los trabajos químicos por los que era retribuido.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"&gt;Justo en este momento se produce una discontinuidad en las memorias del boticario. Su exposición se torna aturullada, confusa y un tanto farragosa. Albert Sebas entremezcla sentimientos de una honda culpabilidad con desoladoras reflexiones. Abundan las referencias a su inconsciencia, en las que asume que ciertos peciolos y rizomas que la joven traía a la botica para "&lt;/span&gt;&lt;i style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"&gt;probar a extraer alguna esencia&lt;/i&gt;&lt;span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"&gt; nueva" deberían haberle alertado. No debemos olvidar que fue el propio Albert quien la hallaría muerta semanas más tarde entre las suaves lomas de Garth Hill. Hay una evidente retroactividad moral en sus palabras. En las memorias obvia decir que el estudio forense dictaminó que la causa de la muerte de la joven se debió a la ingesta de extracto de cierta rosa venenosa proveniente de África, así como tampoco menciona que la investigación policial no encontró jamás muestra alguna de dicho veneno en el laboratorio de Albert. Pero, continuando con la ilación de sus memorias, éste debió quedar signado a perpetuidad por su memoria, y nada pudo hacer el carácter conciliador de sus vecinos, las gentes de Pentyrch.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"&gt;A partir de este instante, el boticario pasa a narrar el comienzo de su vida en Dumfries, al norte de Inglaterra, donde Albert Sebas residiría hasta su fallecimiento, solo y amargado. En lo restante de su libro no advertimos una sola evocación más de la señorita Susan Verner, cuya muerte jamás dejó de martirizar su alma.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1925011281067215929-8444764685783520895?l=lamuerteenvenecia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/feeds/8444764685783520895/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/2011/06/el-amor-de-un-boticario-gales.html#comment-form' title='10 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1925011281067215929/posts/default/8444764685783520895'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1925011281067215929/posts/default/8444764685783520895'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/2011/06/el-amor-de-un-boticario-gales.html' title='El amor de un boticario galés'/><author><name>Javier Sabadell</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02550113436950009816</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-giK0wRc_MyI/Ts1dT9IF52I/AAAAAAAAAtQ/IX2uzpmugI0/s220/IMG_6160b.jpg'/></author><thr:total>10</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1925011281067215929.post-5068064365437222027</id><published>2011-05-30T20:10:00.014+02:00</published><updated>2011-10-08T18:52:55.641+02:00</updated><title type='text'>El ahogado de Upper Mall</title><content type='html'>&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;Entonces el desarrollo urbano en la ribera sur del Támesis a su paso por Hammersmith Bridge era prácticamente inexistente. No así en su ribera norte, donde se prodigaban las maltrechas casuchas de los estibadores de Upper Mall. El lugar donde se extiende Furnival Gardens era, en realidad, una barriada maloliente y mugrienta frecuentada por prostitutas y vagabundos. Hoy es un parque descuidado: desde sus lomas suaves puede vislumbrarse una imagen gloriosa del río y el puente colgante.&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;Seguía siendo muy célebre entonces el entrañable pub The Dove Inn, ubicado en la confluencia del callejón de Upper Mall con la explanada abierta hacia los diques hediondos. Su bien ganada celebridad provenía de antiguo, por los abundantes enredos forjados con amoríos cortesanos o la obstinación de las musas en visitar allí a escritores que larvaban manuscritos con aceptables versos. No podía ser de otra manera. Pero todo aquello sucedió en tiempos pretéritos a los acontecimientos aquí narrados: en la primera mitad del siglo XX, los vecinos acostumbraban a inadvertir, con cierto descaro, a tanto frecuente poetastro y bohemio de baja estopa, que nunca faltaban, y a tanto reyezuelo o corista, carentes de gloria, e incluso al buen hato de celebridades que, sin más prosapia que la inventada cuando convenía, tan sólo dejaban a su paso unos misérrimos chelines en los cacitos pedigüeños arrimados al calor que ofrece lo notorio. Así, de esta guisa, permaneció el carácter aparentemente inmutable de aquella callejuela relumbrante, donde los pubs obsequiaban con una fragancia inesperada a quienes olores de fango y pesca hubiesen sospechado.&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;Poco antes de estallar la segunda Gran Guerra ocurrió un suceso que muy pocos, por no decir nadie, supo desentrañar: una noche bastante oscura, con la espesa niebla del Támesis recorriendo sin prisa las dos riberas del río, apareció flotando sobre las aguas lóbregas el cadáver de un hombre de mediana edad. Un &lt;i&gt;bobby &lt;/i&gt;de paisano, que trasegaba sus buenas pintas tardías al cobijo de las luces mortecinas de The Dove, hubo de recoger el cadáver y custodiarlo hasta la llegada del juez del condado. Alertado Scotland Yard, un inspector y varios agentes se personaron hasta los limosos accesos del río, bajo los diques, donde el cuerpo permanecía quieto, salvaguardado por el celo constante del &lt;i&gt;bobby&lt;/i&gt;, quien se sentía extraño y ficticio sin su casco y su silbato. Los investigadores inspeccionaron el cadáver, por supuesto, y se marcharon con igual sigilo al que habían llegado. No fue sino varios días más tarde cuando se corrió la voz de que aquel ahogado había perecido no a causa del abrazo de las aguas lúgubres y misteriosas del río, sino por estrangulamiento con una cuerda de cáñamo. El finado tenía nombre y apellido, y se le conocía por faenar el pescado en el mercado de Kensington.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"&gt;Huelga decir, porque a los propósitos de esta investigación poca relevancia tiene, que el revuelo causado por aquella muerte violenta, camuflada de ahogamiento, como en los mejores seriales, no tardó en guarecerse entre las horas nocturnas del pub o los cuchicheos de tienda al mediodía. Pero la conturbación causada por tan extraño y ajeno suceso no habría de disiparse rápidamente, ni mucho menos. A las pocas semanas saltó la noticia de que Eleanor Behn, la vieja &lt;i&gt;tory &lt;/i&gt;proselitista de Hammersmith, había muerto de forma horripilante en su casa de Cambridge Grove. Alguien comentó en The Dove, una de las noches siguientes, que el tendero era amante secreto de la vecina que cuidaba a la vieja.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1925011281067215929-5068064365437222027?l=lamuerteenvenecia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/feeds/5068064365437222027/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/2011/05/el-hombre-ahogado-de-upper-mall.html#comment-form' title='10 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1925011281067215929/posts/default/5068064365437222027'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1925011281067215929/posts/default/5068064365437222027'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/2011/05/el-hombre-ahogado-de-upper-mall.html' title='El ahogado de Upper Mall'/><author><name>Javier Sabadell</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02550113436950009816</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-giK0wRc_MyI/Ts1dT9IF52I/AAAAAAAAAtQ/IX2uzpmugI0/s220/IMG_6160b.jpg'/></author><thr:total>10</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1925011281067215929.post-1497697126137062901</id><published>2011-05-27T14:19:00.004+02:00</published><updated>2011-12-05T14:42:17.932+01:00</updated><title type='text'>La misteriosa vida de Catherine Gonon</title><content type='html'>&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;La vida de Catherine Gonon sigue siendo un impenetrable misterio. Los únicos datos fiables que han podido conocerse de esta enigmática mujer corresponden a dos periodos extremos de su corta existencia: sabemos que cursó estudios elementales en su localidad natal, Drancy, y sabemos también que desposó a los 29 años con el teniente Hume Ross en una improvisada capilla del hospital de campaña que los británicos habían levantado en Asuán. Catherine Gonon fallecería minutos después de la ceremonia a consecuencia de la tuberculosis. El resto de su vida, ya legendaria, está formada por una enmarañada sucesión de conjeturas de dudosa fiabilidad, y una extraordinaria alineación de sucesos que complican aún más el trabajo bibliográfico que nos hemos empeñado en llevar a cabo.&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;Así, como ejemplo de los múltiples escollos que ha de afrontar el investigador, nos encontramos con la inexistencia de testimonios familiares, toda vez que sus padres y hermanos, de origen judío, fueron deportados al campo de concentración de Flossenbürg por los nazis, donde fueron exterminados. Sí constan vestigios poco relevantes de su niñez: generalmente recuerdos inconexos del maestro de escuela, de los alumnos con quienes compartió juegos en el patio, o de vecinos que confesaron en su momento haberla tratado. En cualquier caso, como ya hemos advertido, no son sino remembranzas muy difusas sobre las que el devastador paso del tiempo ha ejercido su invariable molienda.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"&gt;Pudiera pensarse que el testimonio de su esposo, el coronel Ross de la RAF, sí aporta alguna revelación sobre los pasos de su malograda (y breve en el tiempo) esposa. Y ciertamente así es: a él &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"&gt;se debe &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"&gt;fundamentalmente la leyenda y misterio que rodean a esta extraordinaria mujer. De ser ciertas sus afirmaciones, fue Catherine Gonon en 1917, y no Rosita Forbes en 1921, la primera mujer capaz de adentrarse en la mítica ciudad prohibida de Kufra, donde convivió con los sanusí, lo que lleva a pensar que se convirtió al islamismo. El rastro que corrobora esta singular historia se encuentra en los registros de la lejana ciudad de Keren, donde un soldado italiano traza una cruz junto a una identificación beduina y escribe a continuación con trazo trémulo: "&lt;/span&gt;&lt;i style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"&gt;Mi sembra che una delle donne è francese&lt;/i&gt;&lt;span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"&gt;". Siguiendo con el testimonio del coronel Ross, la salud de Catherine debió hacerse añicos allí en Eritrea, motivo por el que fue abandonada por los beduinos. Durante un mes, tiempo que debió parecerse más a un infierno que a un viaje, la joven remontó el río Arbara hasta Asuán, donde fue recogida por un destacamento militar y trasladada con urgencia al hospital de campaña. Nada pudo hacerse por ella. Sobrevivió quince días más, y tal era su fuerza y belleza que enamoró al joven teniente que la cuidaba, de quien aceptó su proposición de matrimonio (hecho que nos conduce a pensar que deseaba morir cristiana). Poco antes de fallecer, de acuerdo siempre a las memorias del militar, Catherine Ross regaló a su esposo una pequeña bolsa de tela donde guardaba la simiente de la más extraña flor que nunca antes hubiese conocido. Aquella flor habría de convertirse en el recuerdo más vívido de Hume Ross hacia su esposa, quien habiendo dicho esto, le asió con fuerza de la mano, sonrió bajo la triste luminosidad del quinqué, y expiró.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1925011281067215929-1497697126137062901?l=lamuerteenvenecia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/feeds/1497697126137062901/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/2011/05/la-misteriosa-vida-de-catherine-gonon.html#comment-form' title='10 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1925011281067215929/posts/default/1497697126137062901'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1925011281067215929/posts/default/1497697126137062901'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/2011/05/la-misteriosa-vida-de-catherine-gonon.html' title='La misteriosa vida de Catherine Gonon'/><author><name>Javier Sabadell</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02550113436950009816</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-giK0wRc_MyI/Ts1dT9IF52I/AAAAAAAAAtQ/IX2uzpmugI0/s220/IMG_6160b.jpg'/></author><thr:total>10</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1925011281067215929.post-7489868026223223150</id><published>2011-05-22T23:37:00.010+02:00</published><updated>2011-10-08T19:15:08.016+02:00</updated><title type='text'>Los tres crímenes sin resolver del inspector Dawson</title><content type='html'>&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;El primero de los tres crímenes que el inspector Dawson no pudo resolver se produjo al poco tiempo de incorporarse a la comisaría de Pentyrch, en Gales. El boticario, durante su paseo matinal diario por Garth Hill, encontró el cuerpo sin vida de la joven Susan Verner. El estudio forense fue incapaz de observar señal alguna de violencia en el cadáver, y dictaminó que la causa posible de la muerte había sido la ingesta masiva de un jarabe hecho con pétalos de una rosa proveniente de África. Este crimen, pese a haber suscitado la curiosidad del entonces joven inspector Dawson, permaneció sin descifrarse por mucho tiempo, pese a que el agente, en las primeras fases de la investigación, descartó que Susan Verner cometiese suicidio: se trataba de una chica divertida, simpática, bien agraciada, cuyo perfil psicológico no concordaba con alguien capaz de ingerir esencia de pétalos de rosa africana antes de salir a pasear tranquilamente por Garth Hill en espera de la muerte. &lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;El segundo de los tres crímenes que el inspector Dawson fue incapaz de aclarar se produjo, esta vez, en el distrito de Hammersmith, al oeste de la conurbación de Londres, siendo él un veterano agente de Scotland Yard. Una anciana, algo cenceña y de carácter hirsuto, apareció en su casa un lunes por la mañana con la cabeza destrozada a martillazos. La mujer halló tan espantosa muerte mientras cosía en su sillón favorito. No dejó herederos ni en la vivienda se echó a faltar cosa alguna. Tampoco se encontraron huellas. El inspector Dawson desconfió de una vecina, pero jamás pudo aportar prueba incriminatoria alguna en su contra. Al cabo de unos meses, el asunto fue archivado en los sótanos del número 4 de Whiteall.&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"&gt;Finalmente, el tercero de los crímenes que el inspector Dawson no descifró hubo de producirse en los aledaños de la pequeña localidad de Higham, en Kent, a pocas yardas de distancia de Gadshill Place. Fue, con seguridad, el más inquietante de los tres crímenes, porque el asesino pudo ser visto, creemos que nítidamente, por el inspector Dawson, entonces ya retirado de Scotland Yard. Éste, que en los momentos de perpetrarse el delito se hallaba azuzando el fuego de la chimenea de su hogar, al oír un estrepitoso ruido proveniente de la puerta principal se alzó del fogón y volvió la mirada hacia la entrada. Fue entonces cuando sospechamos que pudo ver con claridad el rostro del asesino: justo en el preciso instante en que éste le abatía con dos certeras balas que impactaron mortíferamente contra su pecho. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1925011281067215929-7489868026223223150?l=lamuerteenvenecia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/feeds/7489868026223223150/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/2011/05/los-tres-crimenes-sin-resolver-del.html#comment-form' title='14 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1925011281067215929/posts/default/7489868026223223150'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1925011281067215929/posts/default/7489868026223223150'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/2011/05/los-tres-crimenes-sin-resolver-del.html' title='Los tres crímenes sin resolver del inspector Dawson'/><author><name>Javier Sabadell</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02550113436950009816</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-giK0wRc_MyI/Ts1dT9IF52I/AAAAAAAAAtQ/IX2uzpmugI0/s220/IMG_6160b.jpg'/></author><thr:total>14</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1925011281067215929.post-853285241292566586</id><published>2011-05-18T10:00:00.070+02:00</published><updated>2011-05-18T21:37:21.054+02:00</updated><title type='text'>La rebelión de los idiotas</title><content type='html'>&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;Hubo un momento en el que todos los idiotas advirtieron que su voz, individual y numerosa, era realmente una única y sola voz. A esa conjunción ciertamente extraordinaria, por las circunstancias que luego desencadenaron y por la peculiar característica de sus protagonistas (todos idiotas de solemnidad, y los había en mucho mayor número de lo que jamás hubiese podido pensarse) se le llamó rebelión, si bien ha quedado sobradamente demostrado que en ningún momento hubo ánimo de protesta. Tampoco de aclamación, de ensalzamiento, de conjura, de conspiración. Fue, pura y lisamente, un hermanamiento que trascendió las fronteras conocidas de los países geográficos, que surcó los cielos y avanzó sin importar cordilleras, oceános, continentes, países, ríos y ciudades. Por primera vez, los idiotas del mundo se sintieron a sí mismos unidos, como una inmensa y gigantesca colmena planetaria de la que ellos eran obreros y peones que, con sus afirmaciones y actuaciones, bregaban en pos de una consciencia gobernante, sobre cuyos designios nada podía saberse aún.&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;Por supuesto, y como no podría ser menos habida cuenta del carácter gregario del ser humano, los demás pronto comenzaron a prestar atención, primero, y a preocuparse hondamente, después, de esta rebelión que nada tenía de silenciosa, si bien todavía no resultaba violenta u organizada. La clase política tendió puentes de confianza, de cooperación, de entendimiento y de ayuda. El dinero inventó mil estrategias y publicidades con la intención de atraer hacia su engrosada cartera cualquier resultado mercantil de la rebelión, que lo había, y era cuantioso. Los jóvenes la abrazaron con entusiasmo, y bailaron y bebieron abundante y perdurablemente por ella, y también gracias a ella. Los ancianos la vieron con melancólica resignación, aceptándola poco a poco, porque la idiotez atravesaba la impermeable membrana de la edad con lenta y parsimoniosa eficacia. La clase científica quiso comprender, estudiar, analizar y discernir acerca de la gloriosa eventualidad que se había producido, sin lograr alcanzar conclusión útil alguna. Y los demás, simplemente callaron.&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;Como resultado de todo ello, todos en cada una de las distintas clases y castas y colectivos se volvieron, o quisieron volverse, idiotas, pues en definitiva poco hay de diferencia entre una cosa y otra. Había quienes tenían apetencia del calor reconfortante que trae todo lo revolucionario, del cambio súbito, del paradigma destrozado. Y hubo quienes saludaron con alborozo el horizonte nuevo que se les abría por la distancia que imponía a sus vidas programáticas, sus clichés y su conocimiento aprehendido. Los más, simplemente porque estaban hartos. Y aunque no todos lograron alcanzar un grado de idiotez suficiente como para sentir muy adentro el verdadero sentimiento que supone el saberse idiota, o no supieron serlo en todos los actos de la vida cotidiana, solamente en los más representativos, la realidad es que ni los verdaderos idiotas tenían capacidad para discernir quién lo era por fingimiento y quién por naturaleza, ni los conversos quisieron ahondar en los entresijos de esta nueva religión, firmemente y masivamente abrazada en el mundo entero.&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;Cuando al fin la inmensa mayoría de los habitantes del planeta se volvieron idiotas, y la rebelión no tuvo más remedio que acabarse, surgió una voz de entre las montañas gritando en favor de la libertad.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1925011281067215929-853285241292566586?l=lamuerteenvenecia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/feeds/853285241292566586/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/2011/05/la-rebelion-de-los-idiotas.html#comment-form' title='9 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1925011281067215929/posts/default/853285241292566586'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1925011281067215929/posts/default/853285241292566586'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/2011/05/la-rebelion-de-los-idiotas.html' title='La rebelión de los idiotas'/><author><name>Javier Sabadell</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02550113436950009816</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-giK0wRc_MyI/Ts1dT9IF52I/AAAAAAAAAtQ/IX2uzpmugI0/s220/IMG_6160b.jpg'/></author><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1925011281067215929.post-1779414098790905141</id><published>2011-05-15T12:57:00.006+02:00</published><updated>2011-05-15T14:52:28.549+02:00</updated><title type='text'>En el límite de la locura</title><content type='html'>&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;Avanzaba arrastrándose, como una serpiente, por entre la espesa vegetación que cubría la loma. Las balas silbaban sobre su cabeza. Le dolía el vientre y apenas podía contener el vómito, pero continuaba avanzando con las mandíbulas apretadas, rechinando los dientes hasta el límite de lo soportable. Hubiese dado lo que fuera por dejar de oír el llanto rabioso del muchacho que a su lado le acompañaba en el ascenso hacia los búnqueres. Le ponía nervioso, pero no podía culparle: el miedo se había apoderado de su sensatez por completo. Ambos sabían que, tarde o temprano, una de aquellas balas silbantes, que cruzaban el cielo perfecto a un palmo de sus cabezas a más de mil kilómetros por hora, se incrustaría en el casco destrozando cráneo, cerebro y alma. ¿Cómo poder mantenerse cuerdo, cómo resistirse a la locura? La certeza de una muerte incomprensible, horrible y antiestética, acechante lejos del hogar, disfrazaba completamente la realidad. Sabía que esos minutos que le restaban de vida estaban abastecidos con balas, con miasmas de putrefacción de otros soldados muertos, con explosiones y con el rugir lejano de las baterías navales.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;Qué hacemos, le preguntó el muchacho que plañía como las viejas en un funeral, no podemos avanzar por ahí, nos freirán si subimos por esas rocas. Y yo qué sé, respondió improvisando dureza, el sargento nos dijo que atacásemos de frente, ahí arriba. Pero eso es un suicidio, se quejó aquel. Esta guerra ya era un suicidio, chaval, nada tiene sentido, el que ordenó este ataque no se enfrentará a esas ametralladoras ni a esos búnqueres, ni sabe lo que sucederá cuando le digan que su mierda de estrategia ha fracasado. Pero no podemos atacar, no serviría de nada, es mejor flanquear hacia aquellas peñas, si vamos de frente nos tumbarán y todo habrá sido en vano. A mí qué me importa ya, chaval... y deja de llorar de una vez, que me pones nervioso. Yo no voy a subir ahí, no quiero morir para nada. El sargento ordenó... ¡A la mierda el sargento!, ¿entiendes?, no es él quien se la está jugando, yo pienso flanquear, tú haz lo que quieras.&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;El muchacho comenzó a reptar hacia su derecha, desapareciendo con prontitud entre las olas de hierba que mecía el viento. Él se quedó inmóvil, indeciso. Miró a un lado y al otro. Miró también colina abajo, donde descubrió el cadáver de un compañero: de su casco aún surtía un hilo caliente de sangre negruzca. Un poco más allá otros soldados, camuflados entre la vegetación, continuaban el mismo ascenso trémulo que le había llevado en avanzada a él hasta allí. Desde su posición podía contemplar el incesante fuego de balas de las ametralladoras, cada vez más preciso y mortífero. Sólo entonces se pudo percatar de que el monte estaba impregnado de ayes y lamentos, de gritos de angustia y de dolor, que la armoniosa melodía de la hierba brizada por el viento era inexistente. Todo había sido reemplazado por la violenta sucesión de disparos, de muerte, de explosiones, cuyo final él no se atrevía siquiera a imaginar. Aquella colina era un cementerio de cuerpos calientes y destrozados de soldados que, como él, habían avanzado sin saber para qué ni preguntárselo tampoco. Los planes transmitidos por el sargento se truncaron en algún momento de esa mañana, demasiado lejano ya. Lo único que podían hacer era huir... o continuar. De súbito comprendió que sólo la locura de la guerra, instalada en sus mentes, les impedía huir, como si el honor y la dignidad fuesen elementos mensurablemente superiores al estímulo de la propia vida y su salvaguarda. Avanzar para morir, se dijo, avanzar para que la deshonra no nos mancille cuando hayamos muerto.&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;Una súbita explosión, por encima de las rocas que divisaba al frente, le arrancó de su exorcismo paralizante. El soldado lastimero y lloroso había logrado situarse junto a los búnqueres socavados en la roca y los combatía lanzando granadas en su interior. Le pareció inconfundible el estallido ensordecedor que producían aquellas prisiones estáticas al ser bombardeadas. Inmediatamente la adrenalina anegó todas sus venas. Henchido de un valor que hasta ese momento había permanecido huido y oculto, se irguió con el fusil en las manos y dio cuatro o cinco zancadas rápidas, poderosas, en dirección al búnquer. Sin embargo, su arrebato fue súbitamente cercenado por una conjunción de balas que ametrallaron completamente su cuerpo, que se rompió con la misma mansedumbre con que se rompe un saco de trigo al que se hiende varias veces el puñal.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1925011281067215929-1779414098790905141?l=lamuerteenvenecia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/feeds/1779414098790905141/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/2011/05/en-el-limite-de-la-locura.html#comment-form' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1925011281067215929/posts/default/1779414098790905141'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1925011281067215929/posts/default/1779414098790905141'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/2011/05/en-el-limite-de-la-locura.html' title='En el límite de la locura'/><author><name>Javier Sabadell</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02550113436950009816</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-giK0wRc_MyI/Ts1dT9IF52I/AAAAAAAAAtQ/IX2uzpmugI0/s220/IMG_6160b.jpg'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1925011281067215929.post-4236396233270964047</id><published>2011-05-14T02:03:00.003+02:00</published><updated>2011-05-14T14:38:57.812+02:00</updated><title type='text'>8 de junio</title><content type='html'>&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;Llegado el momento de cenar, el viejo preparó sopa de estrellas y alitas de pollo crujientes. Dispuso tres cubiertos sobre una mesa desnuda, sin mantel alguno. En dos copas vertió vino blanco de aguja enfriado en la nevera desde el día anterior, y en otro vaso ancho y liso, zumo de uva y manzana. Una de las servilletas era roja, con un enorme dibujo desgastado de Micky Mouse en el centro.&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;Colocó la fuente de las alitas de pollo en el centro de la mesa y sirvió la sopa. Sorbió la suya despacito, sin prisa alguna, mirando constantemente cómo se iba enfriando la que nadie tomaba en los otros platos. Al terminar, bebió de un trago el vino de su copa. Dirigió la mirada hacia la servilleta con el famoso ratón y se esforzó por dibujar una sonrisa, que surgió extraña y fingida. Tomando de la fuente una de las alitas con su mano derecha, la devoró parsimoniosamente, rebañando con tenacidad hasta dejar los huesos limpios.&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"&gt;Echó un poco más de vino en la copa, que volvió a beber de un solo trago, al igual que todas las siguientes copas hasta terminar completamente la botella. Luego se derrumbó sobre la mesa y sollozó amargamente durante mucho tiempo. No tardó en caer dormido. El zumo de uva y manzana permaneció templado hasta la mañana siguiente. Nadie tocó el contenido de la otra copa.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"&gt;Como cada año, por esa fecha, el viejo buscaba en vano recordar la última de las cenas que disfrutó en familia, sin lograr otra cosa que profundizar más y más en el pozo sin fondo en que se había convertido su solitaria existencia.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1925011281067215929-4236396233270964047?l=lamuerteenvenecia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/feeds/4236396233270964047/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/2011/05/8-de-junio.html#comment-form' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1925011281067215929/posts/default/4236396233270964047'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1925011281067215929/posts/default/4236396233270964047'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/2011/05/8-de-junio.html' title='8 de junio'/><author><name>Javier Sabadell</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02550113436950009816</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-giK0wRc_MyI/Ts1dT9IF52I/AAAAAAAAAtQ/IX2uzpmugI0/s220/IMG_6160b.jpg'/></author><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1925011281067215929.post-6690497613170678185</id><published>2011-05-11T13:05:00.008+02:00</published><updated>2011-05-11T18:54:56.895+02:00</updated><title type='text'>Luz del cielo</title><content type='html'>&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;Brillaba con una dulzura especial, inmarcesible, rebosante de felicidad. Yo la quería con ese amor emergente capaz de colmar los intersticios del sentimiento. Me gustaba sentirla pegadita a mi espalda, estampando su presencia en mi espinazo, pero me gustaba también su expresión frágil estando de frente y sin ambages. Creo que la adoraba en todas sus manifestaciones, sin importarme cómo. Iluminaba mi cielo, y con eso bastaba.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;Las cosas que no se necesitan, pero que aparecen y se vuelven ciertas, acaban arrastrando por sí solas nuestros miedos. Por esta razón hube de maquinar el modo de oscurecer su brillo, de eliminar el radiante resplandor con que me cubría. Lo intenté miles de veces, con empeño, tragándome las mil lágrimas de dolor causado. Fracasé en todas ellas, porque su luz, lejos de extinguirse, se convirtió en más pura y más blanca. Al final no pude hacer otra cosa que irme lejos, guarecerme en otro firmamento, donde su claridad no refulgiese.&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="" id="result_box" lang="es"&gt; &lt;span class="hps" title="Haz clic para obtener otras posibles traducciones"&gt;La dejé&lt;/span&gt; &lt;span class="hps" title="Haz clic para obtener otras posibles traducciones"&gt;muy lejos&lt;/span&gt;, &lt;span class="hps" title="Haz clic para obtener otras posibles traducciones"&gt;detrás de mí&lt;/span&gt;, y desde ese momento &lt;span class="hps" title="Haz clic para obtener otras posibles traducciones"&gt;estoy&lt;/span&gt; &lt;span class="hps" title="Haz clic para obtener otras posibles traducciones"&gt;perdido&lt;/span&gt;&lt;span title="Haz clic para obtener otras posibles traducciones"&gt; y&lt;/span&gt; huido. Escucho la &lt;span class="hps" title="Haz clic para obtener otras posibles traducciones"&gt;lluvia&lt;/span&gt;, escucho el viento: no portan la única palabra que podría salvarme: su nombre. Sólo hablan, una y otra vez, de mi soledad. Perdido y solitario, sin una estrella que me guíe, los miedos de entonces me parecen ridículos &lt;/span&gt;&lt;span class="" id="result_box" lang="es"&gt;ahora&lt;/span&gt;&lt;span class="" id="result_box" lang="es"&gt;, cuando todo alrededor arroja sobre mí el dolor de los pasos perdidos que nunca volverán a recobrarse.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="" id="result_box" lang="es"&gt;Algunas noches sueño brevemente que está junto a mí, pegadita a mi espalda. Mientras llega la cruel y desconsoladora certitud &lt;/span&gt;&lt;span class="" id="result_box" lang="es"&gt;de su ausencia, que tarda poco en alcanzarme, mi cerebro se calma como un niño compungido, sonríe &lt;/span&gt;&lt;span class="" id="result_box" lang="es"&gt;tibiamente &lt;/span&gt;&lt;span class="" id="result_box" lang="es"&gt;y finge ser feliz.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"&gt;&lt;span class="" id="result_box" lang="es"&gt;&lt;span class="hps" title="Haz clic para obtener otras posibles traducciones"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1925011281067215929-6690497613170678185?l=lamuerteenvenecia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/feeds/6690497613170678185/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/2011/05/luz-del-cielo.html#comment-form' title='14 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1925011281067215929/posts/default/6690497613170678185'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1925011281067215929/posts/default/6690497613170678185'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/2011/05/luz-del-cielo.html' title='Luz del cielo'/><author><name>Javier Sabadell</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02550113436950009816</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-giK0wRc_MyI/Ts1dT9IF52I/AAAAAAAAAtQ/IX2uzpmugI0/s220/IMG_6160b.jpg'/></author><thr:total>14</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1925011281067215929.post-8601631952419610969</id><published>2011-05-09T13:57:00.004+02:00</published><updated>2011-05-09T18:18:43.531+02:00</updated><title type='text'>Timshel</title><content type='html'>&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;Jodido Aute. Tengo impregnada la mente de piedras arrojadas contra una casa blanca. Esa imagen es como agua sucia que se traga el desagüe, pero su sonido no tiene nada que ver con el de un sumidero. Esa música, sus notas, al escucharla, me provoca una migraña. Quizá no debería salir a la calle con estos pensamientos. Debería hacer lo que Cathy Adams: esconderme en un cuartucho sin ventanas y cerrar los ojos. Jodido Aute. Me quitó las ganas de interpretar yo a Caleb Trask.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1925011281067215929-8601631952419610969?l=lamuerteenvenecia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/feeds/8601631952419610969/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/2011/05/timshel.html#comment-form' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1925011281067215929/posts/default/8601631952419610969'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1925011281067215929/posts/default/8601631952419610969'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/2011/05/timshel.html' title='Timshel'/><author><name>Javier Sabadell</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02550113436950009816</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-giK0wRc_MyI/Ts1dT9IF52I/AAAAAAAAAtQ/IX2uzpmugI0/s220/IMG_6160b.jpg'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1925011281067215929.post-5897873474612449283</id><published>2011-05-06T14:04:00.001+02:00</published><updated>2011-05-06T15:41:09.017+02:00</updated><title type='text'>La Dama Roja</title><content type='html'>&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;Me atrae su nervio, su temperamento, su docilidad y ternura, el modo incontestable en que, bajo sus ropajes burdeos, se acopla a mi ser para entregar el espíritu vivo y abrasador con que supo embriagarme. Sabe que no me importan otras damas, que no me atraen, que no las pretendo: ni por más bellas ni más apasionadas. La justa medida de su nervio y vehemencia, de su ímpetu y coraje, son míos. Y ella, a su vez, me sabe suyo, incluso cuando desconfía o se desconcierta, porque sabe que sólo ella ha sabido abrir en mi alma las ansias por el mundo, haciéndome vibrar como el fuego, haciéndome sentir muy próximos la tierra y el cielo. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1925011281067215929-5897873474612449283?l=lamuerteenvenecia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/feeds/5897873474612449283/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/2011/05/la-dama-roja.html#comment-form' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1925011281067215929/posts/default/5897873474612449283'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1925011281067215929/posts/default/5897873474612449283'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/2011/05/la-dama-roja.html' title='La Dama Roja'/><author><name>Javier Sabadell</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02550113436950009816</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-giK0wRc_MyI/Ts1dT9IF52I/AAAAAAAAAtQ/IX2uzpmugI0/s220/IMG_6160b.jpg'/></author><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1925011281067215929.post-4465846156940874227</id><published>2011-05-04T21:26:00.009+02:00</published><updated>2011-05-04T21:49:20.899+02:00</updated><title type='text'>Fe de (algunas ) erratas</title><content type='html'>&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;Las noticias sobre mi matrimonio han sido, posiblemente, exageradas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En cambio, merece mucho la atención leer la descripción pormenorizada que se ha publicado sobre mi fallecimiento y posterior inhumación: tal relato de hechos dolorosos y trágicos, especialmente para mí, no puede sino calificarse de "&lt;i&gt;emocionante sensibilidad&lt;/i&gt;". Tras leerlo, confieso que sentí ganas de haber estado verdaderamente muerto durante las horas que duró el sepelio.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;Ahora bien, desposado, y de las cochambrosas maneras en que se viene anunciando desde muy lejos, ni estando ahíto de vino, que uno todavía conserva la decencia de galantear con todas las muchas damas que, pese a lo que de mí profieren desde su anonimato, saben decir una cosa ante la parroquia y otra muy distinta estando en penumbra cerca de mis oídos. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1925011281067215929-4465846156940874227?l=lamuerteenvenecia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/feeds/4465846156940874227/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/2011/05/fe-de-algunas-erratas.html#comment-form' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1925011281067215929/posts/default/4465846156940874227'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1925011281067215929/posts/default/4465846156940874227'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/2011/05/fe-de-algunas-erratas.html' title='Fe de (algunas ) erratas'/><author><name>Javier Sabadell</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02550113436950009816</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-giK0wRc_MyI/Ts1dT9IF52I/AAAAAAAAAtQ/IX2uzpmugI0/s220/IMG_6160b.jpg'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1925011281067215929.post-8299989027243675085</id><published>2011-05-04T11:06:00.010+02:00</published><updated>2011-05-04T14:36:03.962+02:00</updated><title type='text'>La mies del olvido</title><content type='html'>&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;Una mujer despechada pergeña todas sus venganzas (en plural, porque jamás se desquita una sola vez) buscando menoscabar la honra y probidad del hombre que la despechó. Ignora, inconscientemente, que si el tal hombre es un rufián, hará lo menos quince mujeres que la habrá olvidado y poco ha de importarle el daño de su honra, habiendo tanta gente en el mundo. Y si no lo es, también.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;Una mujer despechada es como el grano que, arrastrado por el viento, acaba en el pedregal que rodea al campo de mies: allí ha de crecer añorando los surcos a los que no ha de regresar jamás, y su destino será el vientre de algún cuervo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por eso las mujeres despechadas no logran aceptar que su llanto es rumor de pedregal, que a nadie importa, por el que sólo las piedras secas sienten piedad.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1925011281067215929-8299989027243675085?l=lamuerteenvenecia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/feeds/8299989027243675085/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/2011/05/la-mies-del-olvido.html#comment-form' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1925011281067215929/posts/default/8299989027243675085'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1925011281067215929/posts/default/8299989027243675085'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/2011/05/la-mies-del-olvido.html' title='La mies del olvido'/><author><name>Javier Sabadell</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02550113436950009816</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-giK0wRc_MyI/Ts1dT9IF52I/AAAAAAAAAtQ/IX2uzpmugI0/s220/IMG_6160b.jpg'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1925011281067215929.post-4887055190061244128</id><published>2011-04-29T00:07:00.006+02:00</published><updated>2011-04-30T20:43:55.538+02:00</updated><title type='text'>Cinco años</title><content type='html'>&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;Necesitó de todo ese tiempo para decidirse, harto y agobiado por el absurdo en que se había convertido su vida, cansado de la infinita paciencia de su amada,&amp;nbsp; su perpetuo amor y la infinita firmeza de su pasión y sentimientos, inmarcesibles a&amp;nbsp; cualquier situación lacerante o circunstancia inopinada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por eso mismo, la tarde última del último año en que por última vez la visitó, compró un ramillete de rosas, como de costumbre, una botella de vino, como era habitual en él, y se encaminó con firme decisión hacia la casa a la que se había habituado, sabiendo por encima de todo ritual y causa que aquel ramillete de mundanas rosas rojas y aquella botella de aceptable vino tinto no serían debidamente entregados.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;A la mañana siguiente, en el contenedor de la basura encontraron las flores a punto de marchitarse y la botella hecha añicos, con los distintos aromas entremezclados repugnantemente.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1925011281067215929-4887055190061244128?l=lamuerteenvenecia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/feeds/4887055190061244128/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/2011/04/cinco-anos.html#comment-form' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1925011281067215929/posts/default/4887055190061244128'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1925011281067215929/posts/default/4887055190061244128'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/2011/04/cinco-anos.html' title='Cinco años'/><author><name>Javier Sabadell</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02550113436950009816</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-giK0wRc_MyI/Ts1dT9IF52I/AAAAAAAAAtQ/IX2uzpmugI0/s220/IMG_6160b.jpg'/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1925011281067215929.post-332986797834421280</id><published>2011-04-27T00:10:00.003+02:00</published><updated>2011-04-28T00:05:18.515+02:00</updated><title type='text'>Pulso, latidos</title><content type='html'>&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;Con la yema de los dedos comprobó, posándolos sobre la muñeca, que su corazón continuaba bombeando vida por las venas. Avanzó unos cuantos pasos más hacia la puerta. Luego, presionando levemente el cuello, quiso contar los latidos que en cada minuto su corazón palpitaba. Siguió dirigiéndose hacia la estancia que permanecía cerrada ante sí. Justo antes de girar el pomo hacia la derecha, sintió en sus sienes un martilleo doloroso y constante de sangre impulsada sin mesura.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;Aunque la estancia se encontraba a oscuras, en sus ojos comenzaron a chisporrotear miríadas de pequeñísimas explosiones de luz, como fuegos artificiales estallados contra el negro profundo del espacio vacío. Poco antes de exhalar su último aliento, en el instante de apretar fuertemente el brazo contra su pecho por calmar el lacerante dolor que taladraba sus pulmones, reunió en su consciencia todo cuanto una vez pudo asegurarle que estaba vivo.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;Y aunque no había nadie que escuchase, susurró, casi sin fuerzas ya, en un hilo de voz, las siguientes palabras: "por favor, sigue adelante, escribe otro libro, construye otra vida, amor mío".&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1925011281067215929-332986797834421280?l=lamuerteenvenecia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/feeds/332986797834421280/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/2011/04/pulso-latidos.html#comment-form' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1925011281067215929/posts/default/332986797834421280'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1925011281067215929/posts/default/332986797834421280'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/2011/04/pulso-latidos.html' title='Pulso, latidos'/><author><name>Javier Sabadell</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02550113436950009816</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-giK0wRc_MyI/Ts1dT9IF52I/AAAAAAAAAtQ/IX2uzpmugI0/s220/IMG_6160b.jpg'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1925011281067215929.post-6357330932808151519</id><published>2011-04-26T00:00:00.001+02:00</published><updated>2011-04-26T00:01:25.747+02:00</updated><title type='text'>Una foto</title><content type='html'>&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;Tras el delicado ropaje, sobre la dulce piel, junto a la suave marea, bajo la tenua luna, en una foto cualquiera, apareció como si emergiese del mar, cual Venus mediterránea, de pelo equivocado, figura errada, edad esquiva, motivaciones imprecisas. Y aun así, pese a todo ello, sin que pudiera pensarse que fuese justamente a causa o consecuencia de ello, apareció digna y brillante para esa foto. Una foto engañosa, sin duda alguna, pero una imagen ante la que nada habría de temer, salvo su propia (pero levísima) consciencia.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1925011281067215929-6357330932808151519?l=lamuerteenvenecia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/feeds/6357330932808151519/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/2011/04/una-foto.html#comment-form' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1925011281067215929/posts/default/6357330932808151519'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1925011281067215929/posts/default/6357330932808151519'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/2011/04/una-foto.html' title='Una foto'/><author><name>Javier Sabadell</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02550113436950009816</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-giK0wRc_MyI/Ts1dT9IF52I/AAAAAAAAAtQ/IX2uzpmugI0/s220/IMG_6160b.jpg'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1925011281067215929.post-3901345951145453342</id><published>2011-04-19T13:28:00.007+02:00</published><updated>2011-04-26T00:01:36.476+02:00</updated><title type='text'>Claridad</title><content type='html'>&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;Un teléfono. Un relato. Un argumento. Una venganza. Una historia. Un alivio. Nada, al final. La vida tiene esquinas donde la luz parece oscura y la oscuridad parece luminosa. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1925011281067215929-3901345951145453342?l=lamuerteenvenecia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/feeds/3901345951145453342/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/2011/04/luz-decorosa.html#comment-form' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1925011281067215929/posts/default/3901345951145453342'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1925011281067215929/posts/default/3901345951145453342'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/2011/04/luz-decorosa.html' title='Claridad'/><author><name>Javier Sabadell</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02550113436950009816</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-giK0wRc_MyI/Ts1dT9IF52I/AAAAAAAAAtQ/IX2uzpmugI0/s220/IMG_6160b.jpg'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1925011281067215929.post-8454589244073046038</id><published>2011-04-17T13:08:00.001+02:00</published><updated>2011-04-26T00:01:42.868+02:00</updated><title type='text'>Safo</title><content type='html'>&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;Con tesón, perseverancia, y mucho, muchísimo empeño, consiguió escribir las primeras cinco líneas de una novela que, no obstante, jamás vería la luz y nunca sería publicada. Aquellas primeras cinco líneas describían con minuciosidad, y gran detalle, los rumores sonoros y otras percepciones que se establecen cuando alguien toma una ducha caliente a las seis cincuenta y tres de la mañana de un día cualquiera, pero sin concretar absolutamente nada más. El preciosismo a menudo está salpicado de enormes imprecisiones,como bien queda constatado desde que Madeleine de Scudéry fuese ridiculizada por Moliére...&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1925011281067215929-8454589244073046038?l=lamuerteenvenecia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/feeds/8454589244073046038/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/2011/04/safo.html#comment-form' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1925011281067215929/posts/default/8454589244073046038'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1925011281067215929/posts/default/8454589244073046038'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/2011/04/safo.html' title='Safo'/><author><name>Javier Sabadell</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02550113436950009816</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-giK0wRc_MyI/Ts1dT9IF52I/AAAAAAAAAtQ/IX2uzpmugI0/s220/IMG_6160b.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1925011281067215929.post-2537985104342432098</id><published>2011-04-14T16:21:00.000+02:00</published><updated>2011-04-14T16:21:19.274+02:00</updated><title type='text'>Dulzura (1 y 2)</title><content type='html'>&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;¡Son las ocho! Vamos, ¡levántate! Ya es de día. Hay que ir al cole. Si no te levantas voy a tener que comerme este piececito tan suavecito y bonito, y entonces ya me contarás con qué chutarás a puerta esta tarde en el partido...&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;Papi, no me comas el pie, que lo necesito, que luego David corre más que yo...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1925011281067215929-2537985104342432098?l=lamuerteenvenecia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/feeds/2537985104342432098/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/2011/04/dulzura-1-y-2.html#comment-form' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1925011281067215929/posts/default/2537985104342432098'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1925011281067215929/posts/default/2537985104342432098'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/2011/04/dulzura-1-y-2.html' title='Dulzura (1 y 2)'/><author><name>Javier Sabadell</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02550113436950009816</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-giK0wRc_MyI/Ts1dT9IF52I/AAAAAAAAAtQ/IX2uzpmugI0/s220/IMG_6160b.jpg'/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1925011281067215929.post-6816195071121215830</id><published>2011-04-13T22:18:00.004+02:00</published><updated>2011-04-26T00:01:51.511+02:00</updated><title type='text'>Ira (1 y 2)</title><content type='html'>&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;¡Puto cabrón! ¡Tú, sí, tú!: ¿para qué me miras, baboso?. Así te pudras. Qué lástima no te abran la cabeza un día de estos...&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;¡Mira que eres puta!: ¿para qué cojones dices nada? Habría que meterte la polla en la boca, que sólo así sabes estar callada...&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1925011281067215929-6816195071121215830?l=lamuerteenvenecia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/feeds/6816195071121215830/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/2011/04/rabia-1-y-2.html#comment-form' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1925011281067215929/posts/default/6816195071121215830'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1925011281067215929/posts/default/6816195071121215830'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/2011/04/rabia-1-y-2.html' title='Ira (1 y 2)'/><author><name>Javier Sabadell</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02550113436950009816</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-giK0wRc_MyI/Ts1dT9IF52I/AAAAAAAAAtQ/IX2uzpmugI0/s220/IMG_6160b.jpg'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1925011281067215929.post-8463780525934641639</id><published>2011-04-12T21:19:00.004+02:00</published><updated>2011-04-26T00:02:05.446+02:00</updated><title type='text'>Km. 72</title><content type='html'>&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;Hacia el kilómetro 13, el dedo índice derecho, y estando irracionalmente desprovisto de toda  responsabilidad conductora, se aproximó con sutilidad de aliento hacia  la mejilla derecha sonrosada. Y la acarició, con la misma levedad que  aparentemente perturba los sentidos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Más tarde, e imprecisamente después, un poco antes del kilómetro 21,  sintiéndose audaz y enardecido por su desigual victoria,  perpetró el descenso sostenido que le dirigía hacia la tersura del apetecible cuello que se  le ofrecía. E igualmente lo acarició, nublando así el entendimiento con&amp;nbsp; el  gozo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Habiéndose apenas alcanzado la salida 33 de la autovía, sintióse dispuesto el dedo índice a explorar la piel de la clavícula bajo la blusa  liviana, y no contento con ello, en apenas dos kilómetros más, supo alzarse sobre las  redondeces firmes y pronunciadas del seno femenino, al que coronó  -pellizcando, no sin estilo- durante el kilómetro siguiente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Necesitó otros cinco indicadores de la autovía para decidir delinquir, larga  y pausadamente, bajo el pantalón vaquero. Y cerca de otros treinta más hasta satisfacer con amplitud su ardiente deseo, su&amp;nbsp; férvido capricho, su húmeda ensoñación, su vehemente apetito, su gimiente pretensión, su encendidísimo anhelo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al término de esa treintena de hitos, fue súbitamente desalojado, obligado a  regresar a la responsabilidad conductora, con el fin de ayudar al desvío del  vehículo hacia el árido montículo donde éste se detendría para consumar la sicalipsis.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, el índice derecho habría de desconocer los placeres y  quejidos que allí -en el punto kilométrico 72, justamente- se sucedieron, sin intuir siquiera el apasionamiento con que la  delectación y la sapidez de los néctares fueron capaces de hacer sucumbir a  la mente que poco antes le ordenaba.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1925011281067215929-8463780525934641639?l=lamuerteenvenecia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/feeds/8463780525934641639/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/2011/04/km-72.html#comment-form' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1925011281067215929/posts/default/8463780525934641639'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1925011281067215929/posts/default/8463780525934641639'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/2011/04/km-72.html' title='Km. 72'/><author><name>Javier Sabadell</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02550113436950009816</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-giK0wRc_MyI/Ts1dT9IF52I/AAAAAAAAAtQ/IX2uzpmugI0/s220/IMG_6160b.jpg'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1925011281067215929.post-5963003839370000951</id><published>2011-04-12T20:16:00.006+02:00</published><updated>2011-04-26T00:02:15.403+02:00</updated><title type='text'>Mente anónima</title><content type='html'>&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;Anónimamente. Mentalmente anónima.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;La mente anónima se abrió paso hacia la oscuridad. Una oscuridad fría y devastadora. Sin rumbo ni traza. Extensa e ilimitada.&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;La mente anónima,&amp;nbsp; anónimamente, en la oscuridad pereció. Pero de ese irrelevante suceso nadie pudo percatarse.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1925011281067215929-5963003839370000951?l=lamuerteenvenecia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/feeds/5963003839370000951/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/2011/04/mente-anonima.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1925011281067215929/posts/default/5963003839370000951'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1925011281067215929/posts/default/5963003839370000951'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/2011/04/mente-anonima.html' title='Mente anónima'/><author><name>Javier Sabadell</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02550113436950009816</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-giK0wRc_MyI/Ts1dT9IF52I/AAAAAAAAAtQ/IX2uzpmugI0/s220/IMG_6160b.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1925011281067215929.post-368730371615446386</id><published>2011-04-10T15:00:00.003+02:00</published><updated>2011-04-26T00:02:23.735+02:00</updated><title type='text'>Estuviese</title><content type='html'>&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;Estar, no estoy.&lt;br /&gt;Y sin estar, estaré.&lt;br /&gt;Porque no estando, he estado.&lt;br /&gt;Y aun estando, no estuve.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1925011281067215929-368730371615446386?l=lamuerteenvenecia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/feeds/368730371615446386/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/2011/04/estuviese.html#comment-form' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1925011281067215929/posts/default/368730371615446386'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1925011281067215929/posts/default/368730371615446386'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/2011/04/estuviese.html' title='Estuviese'/><author><name>Javier Sabadell</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02550113436950009816</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-giK0wRc_MyI/Ts1dT9IF52I/AAAAAAAAAtQ/IX2uzpmugI0/s220/IMG_6160b.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1925011281067215929.post-1878072757464571869</id><published>2011-04-07T00:01:00.002+02:00</published><updated>2011-04-07T00:02:41.744+02:00</updated><title type='text'>114</title><content type='html'>&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;Desde 114 espejos, 114 almas miraban. Como estaban del otro lado, ninguna supo advertir que aquel reloj, el mismo que sigilosamente acudía a señalar los 100.393, estaba girando en sentido contrario.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1925011281067215929-1878072757464571869?l=lamuerteenvenecia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/feeds/1878072757464571869/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/2011/04/114.html#comment-form' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1925011281067215929/posts/default/1878072757464571869'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1925011281067215929/posts/default/1878072757464571869'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/2011/04/114.html' title='114'/><author><name>Javier Sabadell</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02550113436950009816</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-giK0wRc_MyI/Ts1dT9IF52I/AAAAAAAAAtQ/IX2uzpmugI0/s220/IMG_6160b.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1925011281067215929.post-7422856356355535054</id><published>2011-04-04T19:17:00.002+02:00</published><updated>2011-04-04T19:17:42.342+02:00</updated><title type='text'>100.393</title><content type='html'>&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"&gt;El reloj se detuvo en 100.393. Luego, decidió desintegrarse.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1925011281067215929-7422856356355535054?l=lamuerteenvenecia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/feeds/7422856356355535054/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/2011/04/100393.html#comment-form' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1925011281067215929/posts/default/7422856356355535054'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1925011281067215929/posts/default/7422856356355535054'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lamuerteenvenecia.blogspot.com/2011/04/100393.html' title='100.393'/><author><name>Javier Sabadell</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02550113436950009816</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-giK0wRc_MyI/Ts1dT9IF52I/AAAAAAAAAtQ/IX2uzpmugI0/s220/IMG_6160b.jpg'/></author><thr:total>3</thr:total></entry></feed>
