Se fue.
Se marchó.
De repente, el silencio.
La ausencia. El dolor.
Se fue, como si jamás hubiera existido.
Se fue, y me dejó despierto del más ingrato sueño.
Se fue, como si ya se hubiera ido
y la tenacidad de la memoria fuese arbitrio.
Se fue. Llevándose consigo el placer descarnado,
la belleza inmaculada, el afecto sentido.
Se fue, no dejando tras de sí nada.
Y con esa nada, tan desnuda, ahora vivo.
Se fue. Acaso porque nunca fue mía.
Pero la deseé tanto, tanto soñé con ella noche y día,
que ahora no tengo sino un alma vacía
en este cascarón de piel y músculo y rutinas.
Se fue. Y quiero que vuelva.
Quiero que se quede, aquí, conmigo, sentida.
Si ha sido un sueño, maldigo a las musas.
Y si ha sido otra cosa, maldigo mi dicha.
