lunes, 5 de junio de 2023

Primer. Una explicación meticulosa

"Primer" (2004) es una película extremadamente compleja y sofisticada. Antes que una película, parece un rompecabezas con apariencia científica. Su director y guionista, Shane Carruth, siempre ha declarado que esa fue su finalidad y que, de hecho, ese tipo de películas que necesitan ser vistas varias veces para ser entendidas, es el tipo de cine que le gusta. Ya tendremos tiempo, más adelante, en varios escolios, de analizar esta pretensión. Ahora vamos a intentar poner luz a esta enigmática película.


Empecemos respondiendo a una pregunta importante.

¿Cómo funciona la máquina del tiempo en el filme?

Las máquinas (porque son varias) para viajar en el tiempo en la película funcionan del siguiente modo (como se encargan los dos protagonistas de explicarlo varias veces en el filme): 

  • Cuando se enciende la máquina (es una caja, a veces con forma de sarcófago), se abre un canal en el espacio-tiempo. Dependiendo del tamaño de la caja, se necesita más o menos tiempo para estabilizar dicho canal.
  • Cuando se apaga la caja, el campo electromagnético previamente estabilizado disminuye hasta desaparecer. Este hecho produce que el canal antes abierto, se cierre. 
  • Un chisme (un tentetieso, creo que es) colocado dentro de la caja entre el momento en que se enciende la caja y el momento en que se apaga, no "percibe" que el tiempo transcurra del modo lineal habitual. De hecho, el chisme pasa del punto inicial A al punto final B una y otra vez, de manera imprecisa, en un bucle repetitivo. Esto sucede hasta que el chisme es extraído de la caja. De hecho, se comenta que hay una cierta probabilidad de que, tanto en el punto inicial como en el final, la onda electromagnética se colapse y el chisme salga del bucle por sí mismo. La película no lo explica del todo bien (como tantas otras cosas), pero dicha probabilidad no es muy alta, como tampoco muy baja. Este dato es innecesario para entender lo demás.
  • Como la trayectoria desde el punto inicial al final ha de ser siempre un número impar de veces, la cantidad de tiempo experimentado dentro de la caja será un número impar de minutos. De igual modo, si el chisme se introduce en uno de los puntos y es extraído en el mismo punto, el número de minutos será par. En la película se hace la asunción de que el tiempo transcurrido siempre es un número entero, pero es algo que carece de toda lógica.
  • Si el chisme es un objeto inanimado, la onda electromagnética solo puede colapsar cuando un ser humano lo extraiga de la caja. Si mediante un robot o un ordenador se midiese la cantidad de tiempo transcurrido, se podría colocar el chisme en el punto final y hacer que salga con exactitud en el punto inicial, lo cual significa que el chisme ha viajado hacia atrás en el tiempo.
  • Se explica que el campo electromagnético se estabiliza de manera gradual (parabólica) y desaparece de igual forma gradual. Es en ese tránsito (de estabilización), mientras el campo es débil, cuando se puede entrar y salir de la caja de forma segura en lo que los protagonistas llaman una "ventana" temporal.
  • Si un ser humano decide realizar ese viaje en el tiempo, ha de encender la caja en el momento en que desee salir de ella y aislarse (en un hotel) para que no pueda modificar los eventos de ese día, por ejemplo, impedir que él mismo entrase en la caja, lo que supondría la existencia de dos individuos iguales bajo una única identidad en un mismo sitio. No dicen que no sea posible, simplemente que no está bien. 
  • El individuo que se aísla en el hotel solo debería disponer de una opción, toda vez que ha encendido la máquina: introducirse en ella (si es que no cambia de opinión), desapareciendo así de esa línea temporal. Si la máquina ha funcionado durante seis horas tras el encendido, habrá seis horas en las que convivan dos réplicas de una misma persona: el que ha salido de la caja (el individuo una vez que ha viajado atrás en el tiempo) podrá hacer cosas mientras el que aún no se ha introducido permanece en el hotel. 
  • Un poco antes de que la máquina se apague, el humano puede meterse dentro de ella. El individuo que está dentro de la caja percibe lo mismo que si la máquina se encendiese y, después, se volviese a apagar (el tiempo está corriendo hacia atrás en esa rama del bucle entre B y A). Mientras se halla dentro de la caja, el humano no tiene control alguno sobre el campo electromagnético. Para poder salir en el momento previsto del arranque, necesita llevar un cronómetro para asegurarse permanecer dentro el tiempo correcto, de lo contrario, realizaría múltiples viajes de ida y vuelta antes de lograr salir, llegando incluso a morir dentro de ella. Esto no se explota en modo alguno en la película.
  • Entrar o salir de la caja cuando el campo electromagnético es intenso (no en los puntos inicial A o final B) es posible, pero muy peligroso. De hecho, uno de los personajes se agobia y sale demasiado pronto (aunque para el otro personaje es demasiado tarde, lo cual es un contrasentido porque están yendo de B a A), sintiéndose de inmediato gravemente enfermo. El uso repetido de la caja tiene consecuencias para la salud de quienes la usan (una sola vez puede ser más o menos inocua, no así la acumulación de efectos tras muchos viajes en el tiempo). Estando el campo a cero, se puede entrar y salir sin riesgo, pero si se viaja hacia atrás en el tiempo hay que ingresar a la caja justo antes de que se apague y salir justo antes de que se encienda. Esta parte "técnica" del viaje en el tiempo podría haberse omitido perfectamente.
  • La caja ha de estar inundada con argón, un gas noble inerte e inofensivo, para funcionar. Por ese motivo los humanos deben introducirse en ella con botellas de oxígeno. Es otro aspecto técnico que no tiene ninguna relevancia y que parece introducido en el guion porque a su autor le dio la gana explicar el funcionamiento de la caja llenándola de argón.
  • Aunque las cajas por dentro apenas se describen (no se ven) en la película, son pequeñas, oscuras y silenciosas. Se puede soñar dentro de ellas.

Este es el planteamiento de viaje en el tiempo de esta película. Una vez entendido este funcionamiento, y es fácil no captar los entresijos del viaje, ya es posible lanzarse tranquilamente a seguir el desarrollo de la trama. Pero no hay que olvidar lo siguiente:

  • Los primeros diez minutos del filme están dedicados a la construcción de sus dos personajes principales (Abe, el rubio, y Aaron, el moreno, que es interpretado por el propio director). 
  • Los siguientes diez minutos describen la construcción de la máquina del tiempo. Hay mucho parlamento científico acerca de ella, pero realmente no es importante para la trama y tampoco aporta mucho, salvo forzar el entendimiento del espectador. 
  • Es en este momento, alrededor del minuto veinte, cuando se puede ver a Abe, desde un tejado, mirando a sí mismo entrar en el lugar donde se encuentra la máquina. Esto significa que los personajes que se encuentran en el tejado, ya han viajado en el tiempo. El momento en que los personajes entran en ella sucede quince minutos después.
  • Después de ese momento, todo se complica porque los protagonistas, que intentan todo el tiempo demostrar que son más astutos que el otro, atentan contra las reglas del viaje del tiempo y se mienten u ocultan hechos con descaro. 

Argumento de la película

Aaron, Abe, Philip y Robert trabajan en una empresa de semiconductores durante el día y venden productos electrónicos caseros en su tiempo libre. Aunque han registrado patentes interesantes, nunca han ganado mucho dinero ellas. En una ocasión, un individuo llamado Joseph Platts les robó su idea, dejándolos sin recursos.

Son las navidades. Cada uno de ellos, por turnos, presenta una idea. Robert desea construir una máquina que pueda reducir la masa de un objeto dentro de ella, manipulando los efectos gravitatorios. Esta caja requiere superconductividad, lo que requiere muy bajas temperaturas, por lo que buscan ideas para hacer que funcione a temperatura ambiente. Además, la caja ha de estar herméticamente sellada e inundada de argón para que funcione correctamente. Empleando diversos chismes y un convertidor catalítico de paladio, construyen un prototipo en el garaje de Aaron. 

Aaron y Abe descubren, experimentando, que la máquina realmente funciona. Ponen un chisme dentro de la caja y comprueban que su masa ha disminuido. Mientras juguetea con el dispositivo, Aaron mete su mano dentro del campo electromagnético generado y Abe pone sus manos haciendo aparecer agujeros en dicho campo (todo esto será de alguna importancia más adelante). Aaron y Abe, absortos por las implicaciones del dispositivo, se desentienden de Robert y de Philip, haciendo lo que Platts les hizo previamente a todos: eliminarlos del proyecto. Urden la excusa de que el garaje de Aaron tiene que ser fumigado para conseguir este objetivo. Además, necesitan tiempo para entender completamente la máquina antes de hacer público el invento. 

Varios meses más tarde, en marzo, obtienen fondos de Thomas Granger. Al mismo tiempo, Abe inicia una relación con la hija de este, Rachel. Aaron está felizmente casado con su esposa Kara, con quien tiene una hija, Lauren. Abe intenta averiguar cómo funciona la máquina, sin lograrlo. 

Es lunes

Abe se acerca a Aaron, quien está sentado en un banco y escuchando algo a través de un auricular (y continúa haciéndolo durante el resto del día). Abe convence a Aaron para que se tome el día libre en el trabajo y luego guía a Aaron a través de una serie de descubrimientos que ha hecho. Tras repetidos experimentos, Abe se dio cuenta de que un hongo extraño estaba creciendo sobre el chisme. Al analizarlo, se comprobó que el hongo era perfectamente normal, pero que había crecido en una proporción que solo es posible al cabo de los meses, no los días. Posteriormente colocó su reloj de pulsera en la caja y descubrió que la caja funcionaba como una máquina del tiempo (la que arriba hemos explicado). Los dos razonan inmediatamente que es posible usarla para viajar hacia atrás en el tiempo. Abe revela a Aaron que ya lo ha hecho, que ha construido una máquina del tiempo del tamaño de un ataúd (la caja A) y que la ha colocado en un edificio de trasteros de alquiler. A las 08:30 de ese lunes, Abe programó la caja A para que se activase al cabo de quince minutos. Luego se alejó del edificio y se aisló en un hotel. La caja se activó a las 08:45, completándose el encendido a las 08:49. A las 15:15, Abe regresó y apagó la caja A. Tardó otros cuatro minutos en apagarse por completo. Y entonces se metió dentro. Abe esperó seis horas y media (aunque, en la película, esta cifra se dice que fue "seis horas") y salió de la caja justo después de que se activase, a las 08:45 del lunes. Entonces se acercó a Aaron, quien estaba sentado en el banco con un auricular en la oreja. A las 15:15 de ese mismo lunes, Aaron y Abe-2 pueden ver a Abe-1 regresar a la caja A, subir, apagarla y desaparecer en el pasado.

Es martes

Abe le dice a Aaron que ganó aquel mismo lunes un buen montón de dinero con una operación en bolsa. Aaron ya tiene su propia caja: la caja B. Encienden las cajas a las 08:30 del martes, se esconden en el hotel todo el día y regresan a las 15:15. Abe sale de la caja A a las 08:45 del martes como se esperaba, pero Aaron se pone nervioso hacia el final del viaje y sale de la caja B uno o dos minutos antes (o, desde la perspectiva de Abe, uno o dos minutos tarde), sufriendo una grave reacción física. Son las 08:50 de la mañana del martes.


Se desarrolla un diálogo que ha de tenerse en cuenta. Abe y Aaron están tratando de modificar la historia lo menos posible. Se aíslan en el hotel para evitar impedir alteraciones no deseadas de la línea temporal y que no haya múltiples Aarons/Abes pululando por las calles. Además, imponen la condición de un solo uso: después de haber salido de una caja, no se puede volver más tarde, apagarla y subir por segunda vez, porque eso es algo que ya hizo el yo del pasado. No se puede usar la misma caja para recorrer continuamente el mismo día.

Ganan algo más de dinero en el mercado de valores. Esa noche, mantienen una conversación con la esposa de Aaron, Kara, sobre la posibilidad de procurarse una riqueza ilimitada. Aaron plantea la hipótesis de golpear a Joseph Platts en la cara, luego retroceder en el tiempo y decirse a sí mismo que no lo haga, para que nunca suceda. Abe dice que no pueden hacer eso, no porque sea moralmente incorrecto golpear a Joseph Platts en la cara, sino porque esto supondría que hubiese dos Aarons, contraviniendo la primera de las reglas. Kara entonces menciona que hay un ruido misterioso en el ático. ¿Ratas?

Es miércoles

Aaron y Abe discuten en el supermercado y en la gasolinera sobre paradojas, libre albedrío, paranoia y predestinación. Un punto particular que Aarón plantea es el problema de vivir en un universo que ha sido diseñado por otra persona. En el hotel, y luego ese miércoles por la tarde en la biblioteca, Abe y Aaron discuten sobre las razones por las que Aaron está manteniendo en secreto ante Kara, su esposa, la existencia de las máquinas del tiempo. También discuten sobre Robert y Philip. Acuerdan darles una cierta cantidad de dinero en concepto de derechos de patente para aliviar sus conciencias.

Retroceden en el tiempo como de costumbre. A las 08:15 del miércoles, poco después de salir la máquina, Aaron sangra por la oreja. Ese día realizan sus operaciones bursátiles con todo éxito. Por la tarde admiten que el garaje ya ha sido desinfectado, y se reanuda el trabajo que venían desarrollando con Robert y Philip, quienes reciben sus regalos de Aaron y Abe.

Robert relata una historia interesante. El lunes por la noche fue su fiesta de cumpleaños. Abe no estaba allí, pero su novia Rachel sí. También acudió el ex novio de Rachel, quien entró a la fiesta blandiendo una escopeta. Igualmente estuvo Aaron, quien arriesgó su vida para evitar una situación violenta. 

Por la noche, mientras buscan fuera de casa el gato desaparecido de Aaron, Abe se enoja con Aaron por arriesgar su vida de aquella manera. Abe se muestra confundido ante el hecho de que Aaron actuase de manera tan irresponsable. Aaron pone excusas y afirma que, desde el descubrimiento de las máquinas del tiempo, contempla el mundo de otra manera. Sin embargo, no explica sus acciones.

Es jueves

Idéntica rutina. Durante el día que pasan en el hotel, suena el teléfono de Aaron. Es Kara, preguntando por la cena. Este hecho es interpretado como un error, porque se supone que Aaron está aislado. Abe le pide a Aaron que no lleve el teléfono en el tiempo consigo, una forma perfectamente sensata de evitar la posibilidad de una paradoja.

Retroceden en el tiempo como de costumbre. Por segunda vez, Aaron ve un partido deportivo (cuyo resultado ya conocen) mientras Abe come un panecillo. Luego, de camino a un restaurante, el teléfono celular de Aaron (que descuidadamente ha llevado a través del tiempo) vuelve a sonar. Este hecho supone un punto de inflexión en la película. En ese momento hay dos Aarons (uno de ellos está en el hotel) y, debido a su torpeza, hay dos teléfonos móviles (uno de ellos en el hotel). Si el teléfono que lleva Aaron en la mano está sonando, eso significa que el teléfono que permanece en el hotel no suena. De este modo la simetría se rompe y la historia ha cambiado. 

Es viernes

Alrededor de las 02:00 de la mañana del viernes, unos niños activan las alarmas de los automóviles frente a la casa de Abe. Abe va a casa de Aaron y lo saca de la cama. Abe revela que ha estado encendiendo rutinariamente las cajas a las 17:00 y apagándolas a la mañana siguiente.

Abe presenta un plan confuso y peligroso: visitar a Joseph Platts en su casa, golpearlo en la cara y luego, alrededor de las 03:00 del viernes, usar esas cajas que ha dejado encendidas para retroceder en el tiempo hasta las 17:00 del jueves y asegurarse de que no salten las alarmas del automóvil ni que haya golpes. En teoría, como resultado, tanto los dobles de Aaron como los de Abe se quedarían en la cama toda la noche, entrarían en sus cajas a las 15:15 del viernes como de costumbre y abandonarían esta línea de tiempo permanentemente, dejando solo uno de cada uno de Aaron y Abe atrás.


Sin embargo, cuando suben al coche, se dan cuenta de que están siendo seguidos por Thomas Granger, el padre de la novia de Abe y principal fuente de financiación del proyecto. Granger tiene varios días de crecimiento de barba en su rostro, pero Aaron lo vio por última vez a las 18:00 del jueves, cuando estaba bien afeitado. Abe llama al número de Thomas Granger y el tipo que responde es de hecho Thomas Granger, pero no el que los está siguiendo. Algo extraño está sucediendo. Ese hombre es un Thomas Granger diferente que ha regresado en el tiempo usando una de las cajas, presumiblemente saliendo a las 17:00 del jueves, cuando Abe las encendió.

Aaron corre detrás de Granger y, cuando se acercan el uno al otro, Aaron tropieza y cae, y Granger queda inconsciente. Acuestan a Granger en la casa de Abe. Al parecer, Aaron no puede acercarse a él sin dejarlo inconsciente. Verifican que las cajas están encendidas. Aaron propone apagarlas para comprobar si Granger está dentro, un acto cuyas consecuencias serían extremadamente difíciles de adivinar. No lo hacen. ¿Por qué Granger ha regresado en el tiempo? Obviamente, en algún momento en el futuro, Granger se enteró de la existencia de las cajas. Además, algo sucedió para que retrocediese en el tiempo con objeto de observar a Aaron y a Abe. Concluyen que la situación tendría que ser muy grave, pero que no tienen ni idea de cuál podría ser. La historia definitivamente ha cambiado ahora que Granger ha regresado, pero no tienen forma de adivinar si la situación en cuestión ha sido completamente evitada por sus interacciones con ellos y el resto del universo, o aún puede estar a punto de suceder.

Abe pierde los nervios y revela que construyó una caja a prueba de fallos (Failsafe), que está ubicada en otro trastero. Esa caja ha estado funcionando durante 3 días y 22 horas, en otras palabras, desde el lunes por la mañana. Abe la construyó hacia las 05:00 del lunes, luego volvió a la cama y a las 08:30 regresó para arrancar la caja A. Hacia las 03:00 del viernes, Abe regresa a la caja a prueba de fallos, con oxígeno y agua para cuatro días y un pequeño tanque de óxido nitroso de grado médico, entra y viaja hasta las 05:00 del lunes.

De nuevo es lunes

Abe-2 sale de la caja a prueba de fallos a las 05:00. Viaja a su casa y desvanece a su doble, que está en la cama, con óxido nitroso. Esconde a su doble en el baño. Ahora hay permanentemente dos Abes en esta línea de tiempo. 

De nuevo se sucede la escena en la que Aaron está sentado en un banco, escuchando lo que supuestamente es baloncesto en su auricular. Abe-2 está enfermo, tras haber pasado cuatro días con muy poca comida, y se encuentra en estado de shock tras gasear violentamente a su doble. Aaron, sin embargo, repite la mayoría de las mismas líneas que la última vez.

Cuando Abe se desmaya, se desvela que Aaron no está escuchando baloncesto, sino una grabación de esa misma conversación. La grabación debe haberse realizado en alguna línea de tiempo anterior. El Aaron con auricular en el oído no es el Aarón original. Luego tampoco es la línea de tiempo original. 

Aaron y Abe se enfrentan y explican lo que ha sucedido (es posiblemente la secuencia más difícil de seguir de toda la película debido a la falta de CGI, que imposibilita poner a más de un Aaron en la pantalla al mismo tiempo). 

Al parecer, Aaron descubrió el viaje en el tiempo antes que Abe y no se lo dijo, eliminándolo del descubrimiento exactamente de la misma manera que ambos cortaron con Robert y Philip, o del modo en que Platts los eliminó a los cuatro. Aaron ha estado construyendo sus propias cajas durante más tiempo que Abe. Aaron explica que el hecho de que las cajas sean de un solo uso, pero reciclables, significa que aunque no puedes volver a entrar en la caja de la que saliste, es posible llevar otra caja consigo, activarla al salir y usarla, viajando de nuevo al mismo momento en el tiempo. Sin que sepamos cuándo, en algún momento del pasado, Aaron creó su propia caja a prueba de fallos. Algún tiempo después, construyó una segunda máquina del tiempo, la dobló y usó su caja a prueba de fallos para regresar a las 05:00 del domingo, llevándose la segunda máquina con él. Al llegar a casa, configuró la segunda máquina del tiempo como una nueva caja a prueba de fallos, que comenzaría a funcionar una hora más tarde. Aaron fue a su casa y drogó la leche de cereales que tomaba durante el desayuno su doble, escondiéndolo en estado comatoso en el ático. Este es el ruido a pájaros o ratas que Kara menciona el miércoles por la noche. Ahora hay dos Aarons en esta línea de tiempo, permanentemente. Aaron asumió la identidad de su doble y grabó todas las conversaciones de la semana. Luego usó su segunda caja a prueba de fallas (porque no puede reutilizar la primera caja a prueba de fallos al haber salido de ella una vez) para retroceder en el tiempo al domingo una vez más. Se convierte en Aaron-3, y su distintivo es un jersey blanco. Aaron-3 llega a su casa justo cuando Aaron-2 ha drogado y escondido a Aaron-1. Aaron-3 intenta someter a Aaron-2, pero está demasiado agotado y no lo consigue. Tras una conversación, Aaron-3 persuade a Aaron-2 para que se vaya. Ahora hay tres versiones permanentes de Aarón: Aaron-1, que está drogado en el ático; Aaron-2, que se ha ido de la ciudad; y Aaron-3, a quien hemos estado viendo desde la primera escena del banco, con los auriculares en la oreja alimentándole líneas.

Como Aaron-3 ha estado muy expuesto a las cajas, comienza a sangrar por la oreja el miércoles. Este es también el motivo por el que su contacto con Thomas Granger casi los mata a ambos.

El narrador en off de la historia es Aaron-2, que llama a Aaron-1 (el Primer) algún tiempo después de los eventos de la película.

Aaron eligió regresar, duplicándose permanentemente dos veces, debido a la fiesta. Aaron-3 arriesga su vida para paliar la situación porque, habiendo dos Aarons en la línea de tiempo, él realmente no importa: no tiene derecho a la familia de Aaron-1. 

Hay una escena de baloncesto, que tiene lugar en algún momento a mediados del lunes, importante para el argumento. Esta escena establece que fue Aaron quien invitó a la fiesta al primo del ex novio de Rachel, y quien sugirió a Will que trajese al ex novio de Rachel con él. En otras palabras, lo que sucedió en la fiesta fue indirectamente culpa de Aaron. Aaron-3 pensó que el problema se resolvió permanentemente, pero el hecho de que Thomas Granger regresara a tiempo a las 17:00 del jueves indica que no fue así. Aaron-3 y Abe-2 resultan proféticos. Deciden diseñar la situación para que el ex novio de Rachel sea arrestado y encarcelado.

Aaron y Abe sufren los efectos de una gran cantidad de viajes en el tiempo: no pueden escribir correctamente. En este punto, el narrador, Aaron-2, recuerda que él no proviene de una línea de tiempo donde todo funcione perfectamente. De hecho, nunca estuvo en la fiesta. Sin embargo, el celoso ex-novio de Rachel es arrestado y encarcelado. 

Martes de nuevo

Aaron-1 se despierta en su propio ático después de haber sido drogado 24 horas antes por su doble. Hay tres cajas a prueba de fallos que nadie ha pensado en apagar, además de la caja A original de Abe-1 que aún no se ha activado pero que, sin embargo, está operativa. 

Aaron-3 y Abe-2 terminan en el aeropuerto. Aaron va a robar el pasaporte de su doble y salir del país, porque nunca podrá volver a casa. Ha perdido a Kara y Lauren a manos de Aaron-1. Abe, mientras tanto, se quedará atrás para sabotear los intentos de sus dobles de construir las máquinas del tiempo. Y, más siniestramente, quedarse cerca de Kara y Lauren y protegerlas de Aaron-3.

Al otro lado del mundo, Aaron-2 hace su llamada telefónica a Aaron-1. Aaron-1 graba la conversación y cree, o tal vez no, a AAron-2. Este explica toda la historia, incluyendo por qué drogó a Aaron-1. 

Aaron-2 cuelga y comienza la construcción de una máquina del tiempo del tamaño de un almacén. 

Una revisión crítica

El hecho de que Primer sea tan intencionalmente compleja es, en buena parte, debido a sus limitaciones presupuestarias: no hay efectos especiales y, como se trata de una película con viajes en el tiempo y líneas temporales entrecruzadas, que en una misma escena no podamos ver juntos a los dobles de un mismo personaje o que haya errores de continuidad entre dos escenas que se supone suceden en el mismo momento, limita mucho la capacidad para entender lo que pasa. Ya en un primer visionado es fácil advertir que el guion está plagado de detalles que intentan pasar inadvertidos, camuflados en la continua farfolla de sus personajes o en el foro del escenario en que se encuentran. Esos detalles, no siempre bien expuestos aunque supervivan en el oleaje, convierten la película en una historia detectivesca en la que el espectador ha de hacer encajar todas las piezas del misterio. Urdida por su guionista y director, conviene admitir que su empeño en borrar todas las huellas fue ejecutado del modo más eficiente posible. El problema de "Primer" es que, durante el proceso de eliminar cualquier intento de claridad, el director no ha sabido o no ha sido capaz de estructurar adecuadamente la narración. La acción no se explica en las imágenes y el espectador ha de conformarse con asistir impávido a las muchas conversaciones que mantienen sus protagonistas. No hay secuencias que permitan ir explicando las idas y venidas de la trama, que son abundantes, porque este filme habla de viajes en el tiempo y entrecruzamientos de líneas temporales, un género en el que, al parecer, todo está permitido. 

Una de las herramientas elegidas por el director para complicar la película es hacer que muchas cuestiones clave del argumento sucedan fuera de la pantalla y en diferentes líneas de tiempo. La película sigue el punto de vista de uno de los personajes, Abe, pero no se detiene demasiado en Aaron, o lo hace participar solo como apoyo argumental del primero. De ahí mi opinión de que la estructura narrativa no está bien alcanzada: ese personaje, el de Aaron, realiza muchas acciones confusas. ¿A propósito porque el personaje es así, o porque es decisión externa, del guionista? Yo tiendo a pensar lo segundo.

En cuanto todo el asunto de las cajas y su ingeniería o física subyacente, es pura farfolla. Hay que partir de un hecho sustancial. Los viajes en el tiempo no existen, de modo que cualquier autor (literario, cinematográfico, de lo que sea) tiene potestad, permiso, derecho y hasta la obligación de plantearlos y justificarlos como le dé la real gana. El guionista ha decidido aportar un sustrato realista a su filme, narrando el nacimiento de la dichosa máquina y queriendo vendérnosla como una posibilidad científica irreal, pero realista. Esta película opta, de ese modo, por un argot científico en su primera mitad. A algunos estas explicaciones del filme les parecen buenas argumentaciones científicas, pero no son tales. Que unos ingenieros encuentren, de repente, un bucle temporal que se repite indefinidamente y que por ello descubran la posibilidad de viajar en el tiempo (hacia atrás) si construyen una máquina basada en el mismo principio, no es una ley científica. Es un recurso de la imaginación. Personalmente no he encontrado tanta sesudez en el argot científico de los protagonistas, algo que al parecer a muchos espectadores ha despistado o incluso frustrado. La he visto en versión original y toda esa primera parte me pareció una manera rápida de hacer avanzar en el guion un discurso en apariencia técnico con el solo objeto de construir a los personajes principales. Nada más. El asunto de los hongos, por ejemplo, es algo que perfectamente puede omitirse y no pasa nada: solo están ahí para explicar que han descubierto un bucle de tiempo que se sucede una y otra vez mientras cierto campo electromagnético se encuentra activado. Lo mismo se puede decir de la inclusión de la superconductividad (creo que solo sirve para una escena en la que se ven virutas levitando), o el argón o cualquier otro aspecto de la maquinita. Es todo atrezo. De hecho, toda la primera mitad de la película puede omitirse y no pasa nada. El filme pudo haber iniciado su discurso con la máquina ya construida y en la escena en que Aaron ve a Abe a través de unos prismáticos. Eso habría concedido al filme más tiempo para enlazar toda la trama e intriga.  

El director y guionista opta a partir de ese momento por una narración atropellada, esquilmada y desorientadora, donde, como he referido antes, suceden muchas (en realidad, son pocas) cosas fuera de cámara o dentro de ella. Por eso mismo yo tengo mis dudas sobre las intenciones reales del director, quien escogió qué aspectos se iban a mostrar en pantalla y cuáles no. 

No son pocos los que han declarado que la obra les parece fascinante, de una complejidad soberbia. Bueno, la intención era plantear una película compleja de seguir. La tesis no puede ser cuán complicada resultó finalmente, o el tiempo que uno necesita para entenderlo todo. El fondo debe versar sobre cuán coherente y cinematográfico es el resultado. Otros muchos la han tachado de soberano tostón (frustrante). Seguramente el director, con esta obra, haya querido demostrar que su mente es tan superior a la de los espectadores, y tan formidable su talento creativo, que puede permitirse plantear a estos un reto intelectual en forma de imágenes. El problema es que, con ello, olvidó diseñar un puzzle: le salió un galimatías.

Expliquemos por qué afirmo lo anterior y, para ello, analicemos un momento decisivo de la trama que, no obstante, es igualmente confuso. 

La noche en que Abe habla con Aaron sobre los viajes en el tiempo, sucede algún tipo de incidente en una fiesta de cumpleaños. El ex de la novia de Abe entra a la fiesta portando un arma. No queda claro (tampoco es extraño, a estas alturas) qué sucedió. Tampoco por qué Aaron decide retroceder en el tiempo y cambiar lo que sucedió en la fiesta. ¿Tal vez hubo heridos la primera vez y piensa que es su obligación moral evitarlo? O más cínicamente, ¿tal vez solo desea ser un héroe, aunque con ello introduzca una paradoja temporal de consecuencias imprevisibles? En cualquier caso, es cuando Aaron se entera de la máquina a prueba de fallos de Abe. Digamos suavemente que el plan de Aaron es complicado de ejecutar: retrocede en el tiempo usando la caja a prueba de fallos y se anticipa a su yo original. Vive el día del incidente de la fiesta con una grabadora para registrar todos los eventos y conversaciones. Luego regresa otra vez en el tiempo (y aquí el guionista se inventa el recurso de llevarse consigo una caja y resolver la imposibilidad del único uso: una triquiñuela que aumenta el grado de confusión) para volver a adelantarse a sí mismo y vivir el día siguiendo fielmente lo sucedido, de lo que se asegura usando la grabación que escucha por los auriculares, que le dice exactamente qué dirá y cómo actuará cada persona. Sin embargo, por motivos confusos o no explicados (una prueba más de la pésima estructuración del guion) no logra adelantarse y los dos Aarons, tras una especie de pelea consigo mismo en la que el viajero del tiempo no logra vencer a causa de la debilidad que provoca la caja, llegan a un acuerdo: él se queda, fingiendo ser el Aaron original. Es por ese motivo que la historia del filme vuelve a recular: vemos a Abe explicando a Aaron cómo funciona el viaje en el tiempo y vemos que Aaron finge estar respondiendo a todo como si fuese la primera vez. Aaron completa su objetivo en la fiesta, y Aaron y Abe completan varios ciclos diarios más. Después de unos días, a Abe se le ocurre el plan de golpear a Platts, el tipo que les traicionó hace un tiempo, para luego retroceder y obligarse a sí mismo a no hacerlo. ¿Alguien entiende las motivaciones de este absurdo plan? Tampoco iba a funcionar, de hecho, los detalles del plan no importan (aquí casi nada que tenga que ver con la acción, importa) porque el guionista lo que quiere mostrar es que alterar lo que va a suceder en el futuro concluirá en desastre. Como resultado, o eso suponemos, Abe le cuenta al inversor Thomas Granger sobre la máquina del tiempo, y este retrocede en el tiempo para tratar de detenerla (creemos). Tras el encontronazo con Granger, en el que cae inconsciente, Abe se asusta, hace uso de su caja a prueba de fallos, retrocede una semana entera, se adelanta a sí mismo y va al encuentro con Aaron, quien queda confuso porque Abe no actúa de acuerdo a la grabación que estaba escuchando. Se explican mutuamente todo lo que ha sucedido, Aaron convence a Abe de seguir con el plan de salvar la fiesta, se separan y dejan de ser amigos.

A esto llaman ser de culto. 

El montaje de la película se resiente mucho del bajo presupuesto y de la cantidad de paja metida a presión en el desarrollo del filme. En esta película las escenas son vistazos a las interacciones de los protagonistas, no hay una sola secuencia cuya misión sea facilitar la interpretación de la acción narrativa. Todo es mucho más sencillo de lo que parece una vez que se comprende cómo funciona la endiablada máquina, porque también el guion racanea en este aspecto, dejando todas las explicaciones a las charlas de los protagonistas, si bien son conversaciones que, en apariencia, no están dirigidas al público, de ahí que no sorprenda que algunos espectadores hayan declarado que al segundo o tercer visionado comenzaron a entender lo que ocurría. Y cuando esto sucede, uno se da perfecta cuenta de que la película narra una acción cicatera en su planteamiento y no demasiado complicada: simplemente está pésimamente contada, como si todo el guion se hubiese escrito para explicar lo que hace la máquina y se hubiera añadido el resto, de manera atropellada y sin desarrollo, como mero acompañamiento. 

Lo repetiré una vez más: esta película no es una lección de mecánica cuántica, no hay realmente nada hermético en su contenido. Solo lo es en su aspecto formal, en las omisiones elegidas, en los despistes de alguna escena. Si hubiera sido filmada por otro director, con un diseño de producción distinto, y una fotografía diferente, y un guion mejor escrito, y más incidencia en las consecuencias que en las explicaciones, no habría tanta incomprensión. Solo la necesaria. Creo que el director, de tantas vueltas como le dio al storyboard hasta dejarlo en su raquítica forma final, se sumió finalmente en una incapacidad total para narrar y estructurar adecuadamente su (por otra parte, potencialmente interesante) filme, creyendo que, en realidad, estaba exhibiendo su inteligencia y que los espectadores que no son como él no son importantes. 

La película, cinematográficamente, no me disgustó tanto como para rechazarla de plano. Las escenas están bien planteadas (aunque su filmación no), el poco dinero muy bien dispuesto, la estética es de alguna manera fascinante y el actor principal me pareció excelente, al igual que alguno de los restantes personajes (la mujer, el amigo...) no así el director, cuya inexpresividad resulta simplemente ridícula. 

Por cierto

En la versión sin doblar, la voz en off (que aporta nada, al margen de ir rellenando lagunas del guion) sí es la de uno de los personajes, no como en la versión doblada: se trata de uno de los dobles de Aaron (el segundo, concretamente) hablándole al original (al Primer). Tras leer algunos comentarios más del filme en esta sección, me he dado cuenta de que pocos espectadores sabrían contar el número de veces que los protagonistas van al pasado. Y eso que los viajes (los más explícitos) van antecedidos de un fundido en negro. Unas veces ocurre ante los ojos, y es visto en la pantalla, otras veces no. Si se piensa bien, todo el lío de idas y venidas, de personajes dobles, de líneas temporales... es lo que uno realmente espera de este tipo de películas: perderse, que llegue un momento en que resulte imposible seguir el hilo. Tal vez el director rizase el rizo más de la cuenta al ser tan avaro en lo narrativo. Ya digo que el filme parece un ejercicio no de estilo sino de capacidades para atender múltiples historias a la vez. Y como el cerebro humano no dispone de esa versatilidad, perderse es lo más lógico. Este truco fue explotado, con bastante acierto, en algunos capítulos de Futurama, reproduciendo un mecanismo de viaje que, en lo básico, es similar a la idea del director. Como son posteriores a esta película, me hace sospechar que la sombra de Primer es más alargada de lo que parece. Solo por ese motivo, he modificado mi voto en Filmaffinity: de 4 (Regular) a 6 (Interesante). Pero sigo pensando que la narrativa no está bien estructurada aunque sea algo premeditado.

Finalmente...

Muchos han catalogado este filme de "pieza de culto", que es otra manera de hacer marketing en estos tiempos que corren. Yo, eso de culto, ya lo he dicho antes, no sé muy bien lo que es, porque uno rinde culto a los dioses, a los ángeles o a una liturgia: el resto es vanidad, sobreestimación y soberbia. Supongo que, al ser calificada así, el director ha logrado el objetivo que se impuso. Hubiera preferido menos atropellos en el guion, menos despistes, un poco más de estructuración, un discurso visual más cinematográfico, y al menos 40 minutos dedicados a contar los múltiples aspectos reseñables de un filme que, al final, no sabe profundizar en ninguno por tanto como dedica a justificarse y explicarse. 

Supongo que el aficionado a la ciencia ficción desea entretenerse en desenredar la madeja de acontecimientos (bastante escasos, por otra parte) que ocurren en el ovillo de viajes temporales. Es posible. Seguramente les encantará el pinganillo de uno de los protagonistas y las razones por las que otro personaje no responde al teléfono cuando lo llaman. Pero el aficionado al cine debería estar más preocupado de otras cuestiones: por ejemplo, si los personajes actúan con coherencia (que lo hacen) y si las escenas están planteadas de un modo claro, dentro del lío en general (que no lo están). Debido al bajo presupuesto, las acciones que se plantean son escasas y pese al hecho de que estén todas ellas concentradas en unos pocos escenarios, durante unos pocos días, y unos pocos personajes, la combinatoria matemática es justificación más que suficiente de por qué no es posible seguir sin distracción todas las líneas de tiempo en los setenta minutos que dura el filme, pese a que el asunto de la maquinita es sencillo.

La conclusión es clara: una vez esclarecido el argumento (al cabo de los visionados que se precise), poco importan las líneas temporales, las idas y venidas, y la película en sí misma. Olvidable, aunque como experimento, tiene un pase (uno solo).

Para quienes se sientan frustrados no de no poder entender todo a la primera, pregúntense cuánto tiempo tardó el director (y guionista) en urdir la trama, en decidir qué mostrar y qué no. Meses, seguramente. Y considérese que la postproducción duró dos años. A nadie puede extrañar que el director, con solo otra obra más concluida, e igualmente críptica y desconocida, haya decidido retirarse del cine. Es lo que tiene hacer arte con el solo objeto de ser ensalzado.

PS1Por cierto. La elección de que una parte de la trama se desarrolle en una fiesta donde alguien porta una escopeta me pareció una elección demasiado tópica. Pero... eso es América.

PS2: Diametralmente opuestas, y mucho más brillantes, eran "Memento" o, mi gran favorita, "Triangle". Estoy convencido de que "Los cronocrímenes" está inspirada (en lo que se refiere al viaje en el tiempo) en Primer.


lunes, 29 de mayo de 2023

Los grandes viajeros de otras épocas

Los griegos descubrieron el Atlántico en el siglo VII a.C., cuando dieron el nombre de Columnas de Hércules a lo que hoy es el estrecho de Gibraltar. Según Hecateo, el mundo era básicamente un plato plano y circular, cuyo centro se ubicaba cerca de Troya, y el mar Mediterráneo la vía de acceso a un océano que circundaba toda la tierra. 

A finales del siglo VI a. C., en el sur de Italia, un seguidor de Pitágoras, Filolao de Crotona, propuso la idea de que la tierra era una de las diez entidades esféricas que giraban en el espacio alrededor de un fuego ubicado en su centro. Esas otras entidades eran el sol, la luna, las estrellas fijas (los cielos), los cinco planetas y la anti-tierra. La anti-tierra no era visible porque vivíamos en el lado opuesto. Por el mismo motivo el fuego oculto tampoco era visible para los humanos.

Sócrates y Platón aceptaron la esfericidad de la Tierra; para el primero, la tierra era plana en apariencia debido a su enorme tamaño. Los griegos sabían que la tierra firme se extendía desde España hasta la India y había rumores de que incluso más allá. Los territorios situados en dirección norte y sur resultaban menos conocidos. Aristóteles creía que correspondían a unos tres quintos de la distancia este-oeste y consideraba que Asia se extendía hacia el este hasta dar la vuelta al mundo, de forma que entre sus costas y las Columnas de Hércules sólo había una pequeña masa de agua. 

Piteas en Tule

Piteas vivió en Massalia, la actual Marsella. De los barqueros que habían recorrido el Ródano sabían los habitantes de esta localidad de la existencia al norte de un mar lo suficientemente grande como para contener islas, en las que se producían metales preciosos y una sustancia resinosa de color amarillo oscuro, muy apreciada por su belleza, denominada ámbar. Sin embargo, el Ródano no llegaba hasta ese mar y nadie sabía en realidad lo lejos que estaba. 


Hacia el año 330 a.C., cuando unos marineros informaron de que las Columnas de Hércules no estaban siendo defendidas, los mercaderes de Massalia escogieron a Piteas para realizar un gran viaje más allá de los límites occidentales del Mediterráneo, viaje para el que se le equipó con una embarcación de cuarenta y cinco metros de largo (mayor que las empleadas por Colón en 1492). Bordeando el continente, Piteas alcanzó el norte de Francia y luego, en medio de la niebla y la lluvia, pasó entre Inglaterra e Irlanda en dirección norte hasta llegar a las Orcadas. A continuación fue más allá de las Shetland y las Feroe y se encontró con una tierra en la que, durante el primer día del verano, el sol permanecía durante veinticuatro horas por encima del horizonte. Piteas denominó a este lugar Tule, y durante siglos Última Tule se consideró el fin del mundo en esta dirección (es posible que se tratara de Islandia, Noruega o incluso de alguna de las Shetland o las Feroe). Piteas regresó por Dinamarca y Suecia y descubrió un gran mar interior, el Báltico, donde comenzó su búsqueda del País del Ámbar. En su recorrido, descubrió ríos que fluían de sur a norte (como el Oder y el Vístula) y entendió que a través de ellos las noticias sobre el mar del norte habían llegado al Mediterráneo. Al volver a casa, muchos se negaron a creer su historia. Cuando los cartagineses se hicieron con el control de las Columnas de Hércules, cerraron de nuevo el paso al Atlántico.

Eratóstenes

Los griegos sabían que más allá de Persia había un lugar llamado India. Habían escuchado relatos fabulosos sobre un rey tan poderoso que podía usar en la guerra cien mil elefantes, e historias de hombres con cabezas de perro y de gusanos enormes, capaces de arrastrar a un buey o a un camello hasta los ríos para devorarlos allí. En el año 331 a.C., Alejandro Magno comenzó la serie de conquistas que lo llevarían más allá de Persia, hasta Afganistán y el río Indo, en el que encontró a los cocodrilos, los gigantescos gusanos de los que hablaban las leyendas. Siguió el curso de este río en dirección sur hasta llegar al gran océano del que le habían llegado rumores. Era un hecho: la tierra estaba rodeada por el mar, como los antiguos creían y habían dicho.

Todos los detalles de estos viajes empezaron más tarde en la famosa biblioteca de Alejandría. Allí, Eratóstenes (276-196 a. C.), probablemente el primer geógrafo matemático de la historia y uno de los bibliotecarios más destacados de la institución, se propuso crear el mapa más preciso del mundo. Comparando las altitudes del sol al mediodía en dos localidades separadas una distancia conocida, calculó que la circunferencia de la tierra tenía algo menos de 40.200 kilómetros, una cifra no muy lejos de la correcta. Éste, sin embargo, no fue su único logro. También calculó la cantidad de tierra habitable del planeta según el clima y desarrolló el concepto de latitud, lo que le permitió localizar de forma más precisa ciudades como Alejandría misma, Massalia, Asuán y Méroe, que había sido descubierta Nilo arriba. El trabajo de Eratóstenes fue ampliado luego por Hiparco, quien hacia 140 a.C. ajustó la circunferencia de la tierra propuesta por su predecesor en dos mil estados para llegar a los 252.000, una cifra que se podía dividir con exactitud en 360 grados de setecientos estadios cada uno. Esto permitió trazar en los mapas líneas de latitud separadas un grado entre sí. Hiparco denominó a estas líneas klimata, que es de donde procede nuestra palabra clima.

Periplo del mar Eritreo

En la época de los romanos, el comercio fue el principal motor del conocimiento del mundo. La demanda de seda hizo que se descubrieran y ampliaran tanto la ruta de la seda terrestre como las rutas marítimas a China. Un manual de navegación escrito por un anónimo mercader griego de Alejandría hacia el año 100 d.C., conocido como Periplo del mar Eritreo, describe la exploración de la costa oriental de África hasta Raphta, unos dos mil cuatrocientos kilómetros hacia el sur, y a continuación de las costas del norte del océano Índico, desde el mar Rojo hasta la desembocadura del Indo, y de Ceilán (Sri Lanka). Aunque a partir de allí la información sobre Oriente resulta vaga, el autor demuestra conocer el Ganges y, más allá de éste, Tina, el país de la seda (China). La seda, como señalamos antes, fue la responsable de gran parte del avance del conocimiento geográfico del mundo. 


Ptolomeo y Cosmas

Claudio Ptolomeo contaba hacia el 140 d.C. con mucha más información que Eratóstenes, pero no toda era exacta. Fue responsable de algunas concepciones erróneas que inspiraron los viajes de Colón. Introdujo la noción de longitud, si bien en aquella época no existía forma de calcularla. Su idea era dividir el mundo en cuadrados de iguales dimensiones para contribuir a una localización más precisa de los distintos lugares. Además de incluir a China en sus mapas, Ptolomeo introdujo nueva información sobre el Atlántico, donde, según los rumores, estaban localizadas las Islas de la Fortuna, frente a la costa africana.

Después de Ptolomeo, el estudio de la geografía decayó de la misma forma en que lo hicieron tantas otras áreas del conocimiento durante la era del fundamentalismo cristiano. En el siglo VI, Cosmas Indicopleustes, un monje cristiano que antes de convertirse había recorrido el mundo como mercader, sostuvo que la tierra era un rectángulo. Se basaba en el libro del Éxodo, cuando Dios llama a Moisés al monte Sinaí para revelarle muchos secretos y le ordena construir un tabernáculo. Según Cosmas, éste debía de ser copia de la imagen del mundo, lo que para él significaba que el mundo tenía forma de tabernáculo. En su momento esto condujo a una "topografía cristiana" (así se titulaba el libro de Cosme) en la que la tierra estaba unida al cielo en los bordes y en la que el Paraíso se encontraba al oriente, al otro lado del océano, en una isla bañada por el sol cerca del cielo. De hecho, Cosmas afirmaba que, pese a ser plana, la tierra estaba inclinada, lo que explicaba las montañas, por qué el sol desaparecía durante las noches y que al norte los ríos fluyeran con menos velocidad que al sur (iban cuesta arriba). Cosme consideraba que la tierra debía ser plana porque si fuera redonda la gente que habitara el otro lado viviría patas arriba, lo que evidentemente era imposible. En cambio, le parecía creíble que el Nilo fluyera cuesta arriba.

Para los cristianos primitivos y, en particular, para los padres de la Iglesia, la ubicación del Paraíso era una cuestión importantísima. Y dado que según la tradición el Tigris y el Éufrates nacían en el Paraíso, ambos ríos tenían que adaptarse a la creencia de que el Paraíso estaba situado en el extremo oriental del mundo. Una de las soluciones propuestas fue que los ríos del Edén fluían bajo la tierra antes de salir a la superficie, pero esto no era de ninguna utilidad pues implicaba que el hombre no podía seguirlos hasta el Paraíso. Otro problema era determinar el paradero de las razas monstruosas mencionadas en las Escrituras, en particular las de Gog y Magog, que habían invadido el mundo antiguo desde el norte y que, de acuerdo con la tradición, se alzarían de nuevo. Determinar cuál era el centro de la tierra planteaba una dificultad adicional: según los salmos y ciertos pasajes del libro de Ezequiel, ese centro coincidía con Jerusalén y muchos mapas medievales se realizaron con esta idea.

San Brandán, el Navegante

El primer gran aventurero del Atlántico, después de Piteas, y el primer explorador cristiano de la historia fue el monje irlandés conocido como san Brandán (o Barandán) el Navegante. Nacido hacia el año 484 cerca de Tralee y ordenado sacerdote en 512, Brandán creció escuchando los relatos de muchos pescadores irlandeses que se habían hecho a la mar y habían regresado con historias sobre unas islas situadas al oeste del país. Brandán, se nos dice, era un hombre decidido y aproximadamente hacia el año 539 partió junto a otros dieciséis monjes en búsqueda de la Tierra Prometida de los Santos en un viaje de proporciones épicas. Aunque la historia de su travesía no se escribiría sino cuatrocientos años más tarde, cuando otros monjes habían realizado ya muchos viajes por el Atlántico, la reputación de Brandán era tal que se le atribuyeron viajes que habían hecho otros… No tenían brújula, pero conocían las estrellas y prestaban atención a las migraciones de las aves. Navegaron hacia el oeste durante cincuenta y dos días, tras lo cual llegaron a una isla y desembarcaron en ella. Allí sólo había un perro para recibirles, pero pudieron levantar un refugio y descansar. Cuando iban a partir de nuevo, apareció un isleño que les proporcionó comida. Luego vagaron en todas direcciones antes de llegar a una isla en la que encontraron rebaños de ovejas blanquísimas y arroyos repletos de peces. Decidieron pasar allí el invierno y los acogieron en un monasterio. Luego continuaron hasta una isla baldía, en la que se detuvieron a cocinar; mas, cuando lo estaban haciendo, la isla empezó a temblar y se hundió mientras ellos corrían apresuradamente hacia su bote. Como explicó Brandán, se trataba de una ballena.


Durante los siguientes siete días Brandán visitó muchas otras islas del Atlántico, como, por ejemplo, la Isla de los Hombres Fuertes, que estaba cubierta con una alfombra de flores blancas y púrpuras. Los monjes también navegaron alrededor de una enorme columna de cristal que flotaba en el océano y pasaron cerca de una isla de herreros gigantes que les arrojaron terrones de escoria al rojo vivo, por lo que asumieron que ésta era la frontera exterior del infierno. En uno de sus viajes al norte divisaron una montaña que arrojaba fuego y humo al cielo. En ningún lugar pudieron hallar la tierra de promisión que constituía el objetivo de su viaje. Al final, el procurador de la Isla de las Ovejas accedió a llevarlos a dicho lugar. El viaje duró cuarenta días a través de un denso banco de nubes o niebla. Los monjes descendieron en la orilla y exploraron el territorio durante otros cuarenta días hasta que encontraron un río demasiado profundo para cruzarlo. Luego regresaron a su botes, atravesaron de nuevo el banco de nubes y volvieron a casa.

Se ha especulado muchísimo sobre todos estos descubrimientos. El nombre de las islas Feroe proviene de la palabra danesa para oveja. La Isla de los Hombres Fuertes con sus flores blancas y púrpuras pudo haber sido Canarias o acaso las Indias occidentales que posteriormente descubriese Colón. La columna de cristal parece haber sido un iceberg, y el cercano país de los herreros gigantes probablemente fue Islandia. Por otra parte, la isla que lanzaba fuego al norte tal vez fuese la diminuta isla Jan Mayen. Por la mención de los bancos de niebla, es probable que la Tierra de Promisión fuese Norteamérica. En cualquier caso, la historia fue contada y recontada muchas veces hasta que dicha tierra de promisión terminó convirtiéndose en la isla de San Brandán, incluida como tal en los mapas del Atlántico hasta 1650, si bien su ubicación exacta nunca llegó a establecerse.

Leif Eriksson

La perspectiva de los noruegos era diferente en el año 1000. Una línea trazada en dirección oeste desde la costa noruega intercepta las islas Feroe, Islandia y la isla Baffin. Islandia había sido descubierta siglos antes (874) y no sólo por los monjes irlandeses: los noruegos solían desterrar a Islandia a los recalcitrantes. Groenlandia fue colonizada hacia el año 986, donde criaron ganado y ovejas y cazaron morsas y osos polares. Bjarni Herjólfsson fue un joven mercader islandés al que el viento arrastró hacia el sur cuando se dirigía a Groenlandia. Tras atravesar una densa niebla, llegó a una tierra de verdes colinas y bosques que no se parecía en nada a Groenlandia o Islandia. Una vez que Bjarni consiguiera regresar a Groenlandia y excitar la imaginación de otros con historias sobre lo que había visto, un joven llamado Leif Eriksson zarpó en 1001 para emular su travesía.

Inicialmente, Eriksson llegó a una tierra árida a la que denominó Helleland (tierra de las piedras planas o de las losas). Más al sur, redescubrió el paisaje boscoso que Bjarni había visto, al que denominó Markland, tierra de los bosques. Y más al sur todavía, topó con una tierra en la que crecían uvas o bayas a la que denomino Vinland y en la que pasó el invierno. Otros siguieron los pasos de Leif, pero todos se encontraron con que los nativos, a los que llamaron skraelings, eran hostiles: bien murieron luchando contra ellos o fueron obligados a retroceder. El relato sobre Vinland de Adán de Bremen, escrito en 1070, se considera auténtico y en 1117 un legado papal de Groenlandia visitó el territorio, lo que implica que, al menos durante un tiempo, hubo allí una comunidad de almas. De hecho, en 1960 se realizaron en Terranova excavaciones que sacaron a la luz construcciones similares a las encontradas en Groenlandia: las pruebas con carbono 14 permitieron indicar que probablemente estos edificios databan del siglo XI. 

Los registros papales indican que en Roma todavía se recordaba a Groenlandia a finales del siglo XV.

Marco Polo

En la dirección opuesta, Asia estaba tomando cuerpo en la mente de los europeos. La idea más difundida sobre Asia era que en algún lugar de este continente vivía un gran gobernante cristiano llamado Preste Juan, tan poderoso que los reyes lo esperaban a la mesa. Sin embargo, su reino nunca pudo ser encontrado a pesar de los épicos esfuerzos de muchos exploradores y viajeros. Algunos piensan que la leyenda del Preste Juan era una corrupción de una que se habría originado con Alejandro Magno. El primero de los tres grandes libros de viajes compuestos durante la Edad Media fue la Historia de los mongoles, de Juan de Plano Carpini, que inició su viaje en la Pascua de 1245. Enviado por el papa, Juan partió de Lyón y avanzó hasta Kiev. De Kiev en adelante, Carpini descubrió que los mongoles habían creado un sistema de comunicaciones bastante eficaz, con estaciones a lo largo de las carreteras en las que podían cambiar de caballo hasta cinco y seis veces en un mismo día. De esta forma, realizó un recorrido que lo llevó de Crimea al norte del mar de Aral, pasando por los ríos Don, Volga y Ural, y luego, a través de Siberia, hasta Karakorum, al sur del lago Baikal, donde el Gran Kan tenía su corte. Juan fue muy bien recibido, se le concedió una audiencia con el Gran Kan, cuya madre le regaló un abrigo de piel de zorro que le resultaría de enorme utilidad durante su viaje de regreso, cuando los caminos estaban cubiertos de nieve y los viajeros tenían que dormir con frecuencia a cielo abierto. Al regresar a Europa, el libro sobre su viaje tuvo gran éxito, a pesar de que, como Juan señala con pena, no hubiera encontrado en su recorrido mención alguna del Preste Juan.


No obstante, su viaje fue una importante contribución al conocimiento de Oriente, ya que su Historia de los mongoles circuló por toda Europa. Por su parte, el papa decidió enviar un predicador a Karakorum con la esperanza de convertir al Gran Kan. El elegido para esta misión, Guillermo de Rusbruck, partió en 1253 para descubrir que el Gran Kan no tenía ningún deseo de ser convertido. Aunque ello supuso una profunda decepción, mientras estuvo en Karakorum se encontró con varios otros europeos, entre ellos un orfebre llegado de París y una mujer francesa que había sido raptada en Hungría, así como a un inglés, varios rusos y viajeros procedentes de Damasco y Jerusalén. Juan de Plano Carpini había estimulado el interés de los europeos por el continente asiático.

Ese interés podía advertirse especialmente en Venecia, cuyos mercaderes se habían mantenido vinculados con los comerciantes árabes y musulmanes, que les proporcionaban artículos procedentes de países situados más al este. Ésta fue la razón por la que los hermanos Polo, Nicolás y Mateo, decidieron abrirse camino en Asia en 1260. Este primer viaje resultó muy fructífero ya que el líder mongol de la época, el gran Kublai Kan, estaba tan interesado en Europa como los europeos estaban interesados en Asia y los hermanos Polo regresaron convertidos en sus embajadores. En 1271, cuando los venecianos regresaron a Oriente, llevaron consigo a Marco, hijo de Nicolás, que entonces tenía diecisiete años, al que se convertiría en uno de los viajes más épicos de todos los tiempos. Los Polo siguieron la antigua Ruta de la Seda (cincuenta y dos días de viaje) hasta alcanzar Kashgar y Yarkand, en los límites de China. Desde allí atravesaron el desierto y llegaron finalmente a Kanbalu (la actual Beijing), adonde se había trasladado la capital del Kan desde Karakorum. La ciudad fascinó a Marco Polo, que la describe como "más grande de lo que la mente puede imaginar… no menos de mil carruajes y caballos de carga entran en ella diariamente cargados con seda cruda; brocados y sedas de distintos tipos se fabrican allí en enormes cantidades".

Como su padre, Marco era un astuto comerciante, con una profunda sensibilidad para los negocios, y también se convirtió en favorito del Kan. Durante quince años le sirvió como embajador en China y el Oriente. Los Polo sólo regresaron a su ciudad cuando Kublai Kan y el gobernante de Persia hubieron acordado un contrato de matrimonio en el que se establecía el envío a Occidente de una joven prometida. Con tal fin se preparó una escolta de catorce naves, de la que formaban parte los Polo. Las embarcaciones partieron de Zaiton (la actual Amoy), en la costa del Pacífico (el cual, pensaban los Polo, daba la vuelta al mundo hasta alcanzar Europa), pero antes de llegar allí los Polo pasaron por Kinsai, la moderna Hangchow, lo que les deparó otra fantástica experiencia: la ciudad tenía ciento sesenta kilómetros de circunferencia, contaba con diez grandes mercados y tenía doce mil puentes. "Cada día se comercian en los mercados de Kinsai cuarenta y tres cargas de pimienta, cada una de ciento diez kilos". Marco Polo escuchó hablar de Cipango (Japón) a los marineros del convoy, quienes le dijeron que quedaba a unos dos mil cuatrocientos kilómetros del continente (en realidad queda a menos de mil kilómetros de Shangai y a unos trescientos veinte de Corea). Cuando los Polo finalmente llegaron a casa, sus amigos los recibieron sorprendidos, pues hacía mucho tiempo que pensaban que habían muerto. Después de ello, Marco escribió el relato de sus viajes, La descripción del mundo, pero como al principio nadie creyó en lo que decía se le apodó Il Milione debido a los increíbles cuentos que narraba. Pese a la incredulidad de algunos de sus contemporáneos, los Polo habían llegado a los confines de Asia y habían conocido un nuevo y vasto océano.

Ibn Battuta

El tercer gran viajero de la Edad Media fue el árabe Ibn Battuta, que partió de su casa en Tánger en 1325 con el objetivo de peregrinar a La Meca. No obstante, una vez alcanzada su meta, Ibn Battuta decidió ir más lejos. Viajó a lo largo de la costa oriental de África y llegó hasta Asia Menor antes de adentrarse en Asia central en dirección a Afganistán y la India, país en el que fue muy bien recibido. 

Ibn Battuta vivió durante siete años en la India y, como le ocurriera a Marco Polo, se convirtió en embajador del gobernante del país, el sultán de Deli, en cuyo nombre emprendió un viaje a China. Durante el camino tuvo muchas aventuras, fue asaltado, robado y abandonado por bandidos que lo dieron por muerto, pero finalmente consiguió llegar a China en 1346 o 1347. En los puertos chinos, Ibn Battuta encontró a muchos musulmanes, a los que en ningún sentido sorprendió su llegada. Tras regresar a su hogar, el siguiente viaje que realizó fue a España; luego partió hacia África occidental y llegó hasta el río Níger, donde una vez más fue bien acogido, en esta ocasión por musulmanes negros. El relato de sus viajes se convirtió en la base de los estudios geográficos, astronómicos y marítimos en los centros de aprendizaje musulmanes de Córdoba y Toledo. Estas tradiciones contribuyeron de forma importante a las ideas que inspiraron los viajes de Colón.


Mappae Mundi

El horizonte mental de Cristóbal Colón estaba de algún modo determinado, al menos en parte, por las experiencias de todos estos viajeros. 

En esa época viajar era arduo y con frecuencia peligroso, pero, no obstante, se realizaban viajes largos, en ocasiones muy largos, que contribuían a ampliar el conocimiento del mundo. Los viajes de sus predecesores no fueron lo únicos que influyeron a Colón. También lo hicieron los mappae mundi, los mapas cristianos del mundo. El 24 de octubre de 1492, Colón escribe en su diario lo siguiente sobre Cuba: "Los habitantes de estas islas y aquellos que llevo conmigo en las naves se hacen entender por signos, pues no conozco su lenguaje, se trata de la isla de Cipango, de la que tantas maravillas se cuenta; y es ésta región la que he visto en las esferas y mapamundis".

Estos mappae mundi habían aparecido con el cristianismo y, de hecho, habían contribuido a la difusión de la religión. En los evangelios, por ejemplo, se encomienda a los apóstoles que prediquen a todas las naciones, con lo que se otorgaba un valor religioso a la geografía. Los mapas utilizaban pasajes del Apocalipsis, de los evangelios, los Salmos y demás libros de la Biblia. Por ejemplo, Jerusalén se colocaba en el centro del mundo de acuerdo con las palabra de Ezequiel 5,5: "Así dice el Señor Yahveh: Ésta es Jerusalén; yo la había colocado en medio de las naciones, y rodeado de países". El este ocupaba la parte superior de los mapas porque se consideraba apropiado dar esta posición privilegiada a la región en la que, según el Génesis, estaba el Paraíso y los cuatro ríos que salían del Edén. El mundo habitado se dividía en tres continentes de acuerdo con la entrega a Noé de la tierra seca que Dios había realizado tres días después del Diluvio. Estas tierras con frecuencia se dibujaban formando un círculo rodeado por el océano y dividido por tres masas de agua principales que formaban una T mayúscula. 

Leonardo Dati (1360-1425) fue el primero que describió estos mapas como T-O (Orbis Terrarum) en su poema La Sfera. Otras cuestiones que era necesario incluir en los mappae mundi eran los Reyes Magos, que venían de algún lugar de oriente, el Preste Juan y las razas monstruosas, que se volverían extremadamente populares entre los cartógrafos. Se consideraba que la India, en especial, era el hogar de muchos monstruos. Allí era posible hallar hombres con cabeza de perro, personas con los pies hacia atrás, individuos cuyos ojos, narices y boca se encontraban en el pecho o que tenían tres hileras de dientes. Con el paso del tiempo, los cartógrafos empezaron a tener en cuenta los descubrimientos de los viajeros. Y así, por ejemplo, el mar Caspio dejó de estar abierto a un gran océano situado al norte y pasó a estar rodeado completamente por tierra. El número de islas frente a la China continental se incrementó en reconocimiento de los informes de Marco Polo. En el denominado Atlas catalán de 1375 se ubican con cierta exactitud islas del Atlántico como Madeira y las Azores, se dibuja claramente a la India como una península y se incluyen algunas de las principales islas del océano Índico. China aparece en el extremo este, y se identifican algunas de sus ciudades.


No menos cristiana era la intención de los mapas de zonas y climas que, por tradición, dividían la tierra en cinco regiones climáticas: una zona septentrional extremadamente fría; una zona habitable de clima templado más al sur; una zona tórrida e inhabitable en el ecuador; y, por último, otras dos zonas al sur, de clima templado y gélido respectivamente. La idea de una zona tórrida intransitable parece haber surgido originalmente entre los griegos, de quienes la habrían tomado luego los cristianos. Esto sugería que la navegación por el norte y por el sur resultaban imposibles debido a sus temperaturas extremas y que, por tanto, la única forma de recorrer la tierra era en dirección oeste.

Colón

A principios del siglo XV se redescubrió la Geografía de Ptolomeo, el geógrafo del siglo II. El texto griego llegó a Occidente gracias a Crisoloras y se difundió en la traducción latina realizada por Jacopo Angelo da Scarperia hacia 1409. Esta obra se complementó con mapas, gracias al cardenal Guillaume Fillastre, y la denominada nueva geografía se hizo inmensamente popular (aunque se dudaba del enorme tamaño que Ptolomeo atribuía a Asia). Uno de los efectos de este redescubrimiento fue de especial importancia para Colón: el menor tamaño del planeta. Colón no consideraba correctas las cifras de su época. En una carta de navegación elaborada por Paolo Toscanelli (el físico florentino que mantuvo una correspondencia con Colón) se aprecia que los cartógrafos del siglo XV habían aceptado las observaciones de Marco Polo, según la cuales Cipango (Japón) estaba a dos mil cuatrocientos o dos mil seiscientos kilómetros de la costa china, y que había muchas islas entre uno y otra. Según este cálculo, Zaiton (el puerto desde el que partió de regreso a Europa) quedaría un poco más al este de la actual San Diego, en California.

La reconstrucción de las lecturas de Colón evidencia que, además del italiano, el navegante leía en latín, castellano y portugués, y que sus libros (muchos de ellos desfigurados por la enorme cantidad de notas que dejó ) se dividían en dos grandes áreas. Por una parte, estaba fascinado con Asia y los pueblos y tesoros exóticos que podían encontrarse allí. Por la otra, una porción menos abundante de sus lecturas muestra que tenía un particular interés en el gobierno y administración de nuevos países. Colón no leyó muchísimo, pero lo que sí leyó lo estudió con gran atención. Se conservan cinco libros anotados por el almirante. Uno de éstos es el Imago Mundi de Pierre d’Ailly (1350-1420, obispo de Cambrai y luego cardenal), impreso en 1480, un libro en el que se afirmaba que en algunas partes del mundo tenían un día que duraba seis meses y después una noche que duraba otros tantos. La copia de Colón contiene 898 apostillas o anotaciones. Un segundo libro, la Historia Rerum Ubique Gestarum, conocida como Cosmographia, de Eneas Silvio Piccolomini (el papa Pío II, 1458-1464), tenía 862 notas, y un tercero, el De Consuetudinibus et Conditionibus Orientalium Regionum, la traducción del libro de Marco Polo realizada a principios del siglo XIV por el fraile dominico Pipino de Bolonia, tenía 366. 

La brújula

El conocimiento de la brújula provino de los marineros del Mediterráneo. Este instrumento había sido inventado en China a partir de la preocupación de los chinos por ser enterrados en la dirección más propicia. En China, las tumbas eran consideradas mucho más importantes que las casas ya que se pensaba que mientras apenas vivimos durante un corto período de tiempo, pasamos siglos enterrados bajo tierra. Uno de los modos de conseguir un entierro correcto implicaba el uso de un tablero sobre el que se hacía girar una cuchara. A medida que la costumbre fue evolucionando, se empezó a utilizar materiales cada vez más preciosos para la fabricación de las cucharas sagradas: jade, cristal de roca, piedra imán. Pronto se advirtió que solo las de imán terminaban apuntando siempre hacia el sur. Este descubrimiento sirvió de base a la brújula, que fue inventada hacia el siglo VI d.C. y se difundió de forma gradual hasta llegar a Occidente. La brújula reemplazó el antiguo método para orientarse al navegar en mar abierto: llevar aves a bordo y liberarlas cada cierto tiempo. Las aves sabían de forma instintiva dónde estaba la tierra firme y los marineros las seguían. Entre otras cosas éste fue el método empleado para descubrir Islandia. Pero sin la brújula, la gran era de los descubrimientos hubiera sido imposible.

Las naves que transitaban por el Mediterráneo también llevaban cartas de navegación en las cuales se trazaba diariamente el curso de la embarcación a ojo de buen cubero. Estas cartas incluían gran cantidad de información precisa, basada en rutas comerciales regulares. Sin embargo, los viajes oceánicos planteaban otros problemas y, por ese motivo, este tipo de navegación se desarrolló de forma gradual. El tamaño de los océanos fue un factor crucial: eran tan grandes que para navegar en ellos resultaba importante tener en cuenta la curvatura de la tierra. Los hombres tardaron algún tiempo en darse cuenta de ello y algo más en hallar una solución apropiada.

Portulanos

El término portulano significaba originalmente instrucciones de navegación escritas, pero luego se aplicó a las cartas de navegación mediterráneas. Los portulanos eran cartas de navegación, dibujadas a mano de acuerdo con la experiencia, que recogían los principales puertos, ciudades y puntos de referencia de una zona determinada. Consistían en tiras de pergamino sobre las que, en negro, se trazaban las costas y anotaban los nombres de las ciudades y, en rojo, otras características destacadas. Salvo por los ríos y las cadenas montañosas, los portulanos recogían pocos detalles de la tierra firme. Los obstáculos a la navegación costera se señalaban con puntos o cruces, pero no se proporcionaba información alguna sobre corrientes, profundidades o mareas. Aunque el principal objetivo de los cartógrafos que los elaboraron era establecer con exactitud las distancias entre distintos puntos, en su trazado no se tenía en cuenta la esfericidad de la tierra. En el Mediterráneo esta omisión no provocaba muchos errores, ya que éste era un mar relativamente pequeño y al extenderse en dirección este-oeste no había una gran diferencia de latitudes entre sus distintos puertos.

Desde mediados del siglo XV, mientras los exploradores portugueses ampliaban su conocimiento de la costa occidental de África y de las islas del Atlántico, se empezaron a necesitar cartas de navegación que recogieran estas partes del globo. Las primeras cartas del Atlántico se elaboraron entre 1448 y 1468. La primera innovación técnica de estas nuevas cartas fue que introdujeron un único meridiano, por lo general el del cabo de San Vicente, que se extendía de arriba a abajo del mapa y señalaba los distintos grados de latitud. Aunque esto fue un avance, el problema era que los portulanos tradicionalmente empleaban el norte magnético y no tanto el geográfico. Por esta razón, algunas cartas de navegación empezaron a incluir un segundo meridiano, que se trazaba como una línea oblicua respecto del meridiano central teniendo en cuenta la variación. Los mapas de finales del siglo XV y comienzos del siglo XVI evidencian la progresión de los descubrimientos realizados y así, por ejemplo, las islas de Indonesia y, en particular, las Molucas (las durante tanto tiempo buscadas Islas de las Especias) aparecen representadas con mayor exactitud.

La carta de navegación más antigua que incluye tanto el Viejo como el Nuevo Mundo es española y fue elaborada en el año 1500 por el cartógrafo y piloto vizcaíno Juan de la Cosa, que acompañó a Colón en su segundo viaje. La carta no contiene marcas de latitud y sus dos mitades están dibujadas a diferente escala. Una carta realizada poco después, a la que los historiadores denominan Cantino por haber sido sacada en secreto de Portugal por un hombre llamado así, recoge ya toda África e incluso la costa oeste de la India, según los descubrimientos de Vasco da Gama; esta carta incluye parte del litoral del Nuevo Mundo hasta el noroeste de las Antillas, si bien se lo identifica con claridad como parte de Asia. La leyenda de la carta dice: "Carta de navegación de las islas recién descubiertas en partes de la India".

Con todo, los mapas más importantes de este período son los del Padrón real español, el registro oficial de los descubrimientos guardado en la Casa de Contratación de Sevilla, que había sido elaborado en 1508 por orden del rey y que constantemente estaba actualizándose para dar cuenta de los nuevos descubrimientos. Aunque ninguno de estos mapas ha sobrevivido, en el Vaticano se conserva un mapa basado en ellos realizado por Diego Ribero que demuestra que cada vez se entendían mejor las proporciones del mundo. 

No obstante, aunque las dimensiones del Mediterráneo se reducen para dar cuenta de su verdadero tamaño y África e India se representan de forma más fiel, el mapa sigue atribuyendo enormes dimensiones a Asia, alargándolo hacia el oeste para aparecer tan cerca de España como entonces se creía que estaba.

Mapas impresos

A medida que el conocimiento del globo iba aumentando, la tradición de los portulanos empezó a resultar insuficiente para los navegadores en aspectos más importantes. Esto se mezcló con el descubrimiento de la Geografía de Ptolomeo, que había tratado de tener en cuenta la curvatura de la tierra pero a la vez proponía la existencia de una vasta terra incognita al sur, más allá de la zona tórrida. Los navegantes empezaban ahora a comprender que no había una zona tórrida, no al menos en el sentido que creían los antiguos, y tampoco ninguna terra incognita conectada con África o Asia.

El primer mapa impreso que incluyó América fue elaborado por Giovanni Matteo Contarini en 1506 y muestra la curvatura de la tierra. En él, el Nuevo Mundo aparece dividido en tres partes: una parte, al norte, se muestra unida a Catai; otra la constituyen las Indias Occidentales, representadas como un grupo de islas no muy lejos de Japón; y por último Terra Crucis, la actual Suramérica, que aparece como un continente aparte (y gigantesco). Un año después, Martin Waldseemüller realizó su famoso mapamundi compuesto por doce cuerpos y dibujado con una única proyección cordiforme, y cuyo título lo describe como según la tradición de Ptolomeo y los viajes de Américo Vespucio y otros (fue el primer mapa que empleó la palabra América para designar el Nuevo Mundo). En este mapa el Viejo Mundo abarca 230º de longitud, pero posteriormente Waldseemüller dejaría de seguir a Ptolomeo y dibujaría mapas en los que Asia aparece representada con proporciones más o menos adecuadas.

Sin embargo, la influencia de Ptolomeo persistió en la inspiración que proporcionó a aquellos que buscaron mejorar las técnicas de navegación a partir de una mejor comprensión de la curvatura de la tierra. La primera persona que exploró este problema fue Pedro Nunes, un matemático y cartógrafo portugués. Aunque Nunes nunca llegó a trazar una carta de navegación, otros sí lo hicieron, en particular el flamenco Gerhard Kremer, más conocido como Mercator. Además de cartógrafo, Mercator era agrimensor, grabador y fabricante de instrumentos matemáticos y astronómicos. Si bien era el geógrafo más preparado de su época y, entre otras obras, publicó una edición de Ptolomeo, Mercator debe su fama principalmente al mapamundi que creó utilizando su nueva proyección (técnica que pese a haber sido modificada muchas veces desde entonces todavía lleva su nombre).

El mapa propone básicamente una cuadrícula de latitudes y longitudes, representadas como líneas rectas y paralelas, pero para superar el problema que planteaba la curvatura de la tierra, Mercator incrementó progresivamente la longitud de los grados de latitud en dirección a los polos en la misma proporción en que, en una superficie curva, los meridianos convergen. Según la expresión de la época, el mapa tenía latitudes crecientes. De esta forma se preservaba la relación correcta entre dos puntos diferentes, y los marinos podían proyectar el curso de sus embarcaciones como líneas rectas sobre sus cartas de navegación. 

La proyección de Mercator fue, en cierto sentido, un gran avance teórico, ya que aportó estabilidad a la navegación sin verse afectada por el correspondiente aumento de la calidad de los mapas en los que se utilizaba. Establecer las longitudes en el océano siguió siendo imposible, y durante todo el siglo XVI buena parte del mundo fue descubierto por marineros y exploradores que no sabían cómo proyectar sus descubrimientos en las cartas de navegación. Ahora bien, Mercator cometió un error increíble en su mapa: introducir la idea griega de un gran continente sur, Terra Australis, que para Mercator cubría el polo y llegaba hasta Suramérica y el sur de África.

El timón y la plomada

Al menos hasta el siglo XVIII, la dirección de las embarcaciones planteaba un problema importante. En la cabeza del timón se encajaba una caña que permitía manejarlo, pero por lo general el timonel no podía ver a dónde iba la nave y dependía de las instrucciones del oficial encargado de vigilar el curso. Los timones eran de poca utilidad cuando había mar de popa, e incluso de costado, y durante las tormentas podían llegar a necesitarse hasta catorce hombres para mantenerlo firme. En el siglo XVII se introdujo el gobernalle (timón) de pescante, que era una larga palanca que funcionaba en conjunción con un punto de apoyo situado en el alcázar y que estaba unida a la caña del timón por una polea. Esto permitía al timonel vigilar las velas y le proporcionaba algún apoyo adicional, pero, una vez más, estaba lejos de ser una solución perfecta para guiar la nave durante un temporal. Finalmente se fijó un yugo a la cabeza del timón y se pasaron cuerdas a través de una serie de bloques hasta un tambor horizontal, situado en el alcázar, que podía ser girado mediante una rueda. La clásica rueda del timón no aparecería hasta el siglo XVIII.

Además de la brújula, los marinos utilizaban la plomada, mediante la cual podían tener una temprana indicación de que se acercaban a tierra firme. Se sabía que en las costas europeas el mar alcanzaba una profundidad de cerca de cien brazas (unos mil setecientos metros) y luego se precipitaba a profundidades muchísimo mayores. Asimismo, los hombres de mar sabían que, por ejemplo, en Portugal la plataforma continental se extiende unos treinta y dos kilómetros, mientras que más al norte, en Gran Bretaña, se prolongaba unos ciento sesenta kilómetros. La plomada pesaba unos seis kilos y medio y estaba amarrada a una cuerda de doscientas brazas, la cual tenía una marca a las veinte brazas y, después, un nudo cada diez más. Cuando se encontraban cerca de una costa conocida, el sondear la profundidad también ayudaba a determinar la posición, ya que los marineros habían aprendido a recordar los patrones del fondo del mar. En ocasiones, la plomada tenía una concavidad y los detritos que recogían servían a los capitanes con experiencia para determinar dónde se encontraban.

Cuando las naves se aventuraban en el océano abierto, el pilotaje cedía el paso a la navegación propiamente dicha y uno de los primeros problemas con los que se enfrentaron los navegantes era el de cómo medir la velocidad de sus embarcaciones. El método más antiguo consistía en atar un trozo de madera a una cuerda que tenía nudos a intervalos regulares. Cuando se soltaba el tronco, se medía con un reloj de arena el tiempo que tardaban los nudos en saltar por la popa de la nave. Éste no era un método muy exacto y muchos marinos, entre ellos Colón, tendían a sobrestimar la velocidad a la que se desplazaban. Aunque el desconocimiento de las corrientes oceánicas no contribuía a hacer los cálculos más fáciles, desde finales del siglo XIII existían tablas que ayudaban a los navegantes a establecer en qué medida su posición se veía afectada por navegar en contra del viento. Un conocimiento rudimentario de la velocidad ayudaba cuando se navegaba de bolina, pero sin conocer las corrientes y las mareas cuanto más largo era un viaje oceánico, mayor era el efecto de las inexactitudes. La única alternativa era navegar orientándose por los cielos. La principal característica del cielo nocturno era la Estrella Polar, cuya altura disminuía a medida que se navegaba hacia el sur. Y era en este punto donde intervenía el cuadrante, que permitía determinar la latitud. En vida de Colón, se calculaba que un grado de latitud equivalía a 16⅔ leguas (aproximadamente unos 80 kilómetros), un error considerable que se remonta a Ptolomeo. Después de los 9º de latitud norte la Estrella Polar empieza a perderse de vista, pero entonces era posible emplear como punto de referencia otras estrellas cuya situación respecto de la Estrella Polar fuera conocida. 

Por cierto: la desaparición de la Estrella Polar debería bastar para confirmar a aquellos que no aceptan otro tipo de pruebas, que la tierra es redonda.

El problema de la longitud

Un factor que debemos tener en cuenta es que, con la navegación mediante el estudio de los cielos y los cambios de latitud, la diferencia entre el norte geográfico y el norte magnético empezaba a ser más importante y los marinos tenían que determinar su curso de acuerdo con el primero, no con el segundo. Al principio se dio por hecho que la variación era coherente y sistemática (y que un meridiano sin variación atravesaba las Azores). Sin embargo, con el paso del tiempo, la experiencia en los grandes océanos del mundo, el Índico y el Atlántico, mostró que la cuestión era mucho más compleja. Sólo gracias a la experiencia combinada de los marineros del siglo XVI, y a los conocimientos locales registrados en los almanaques, se logró llegar a una imagen más fiel de la realidad. La longitud continuó siendo un problema todavía más difícil de abordar, pues estaba vinculado a los que planteaban la velocidad y el tiempo. El problema era que, debido a la curvatura de la tierra, las longitudes cambian: mientras en los polos la longitud es cero, en el ecuador ésta es casi igual a los grados de latitud. Por tanto, en teoría, los navegantes podían determinar su longitud siempre que conocieran su latitud, pero, nuevamente, esto sólo podía hacerse si conocían con exactitud su velocidad, lo que requería una medición precisa del tiempo. 

Los navíos

A mediados del siglo XV, en un breve lapso de veinte años, tuvo lugar un gran revolución en la navegación, a saber, la unión entre las naves mediterráneas de velas triangulares y las naves de velas cuadrangulares de Europa septentrional y el Atlántico.

El principal navío de guerra del Mediterráneo era la galera de remos, que continuó estando presente en las marinas mediterráneas hasta el siglo XVII. Su mayor inconveniente era que requería de grandes tripulaciones, lo que desaconsejaba su uso para largos viajes lejos de tierra firme. El otro aporte importante de los navegantes mediterráneos, la vela latina, había sido adoptada de los árabes. La vela latina, esto es triangular, era el único tipo de vela empleado por los barcos árabes, en los que se utilizaba atada a un mástil inclinado hacia delante y una larga verga. Hubiera sido o no inventada por los árabes, la latina se difundió a través suyo, tanto en el océano Índico como en el Mediterráneo. Su forma permitía sacar el mayor provecho de cualquier viento y como aparejo era muy versátil y hacía que las embarcaciones fueran más fáciles de maniobrar.

La otra tradición, la de las naciones europeas del litoral atlántico, se caracterizaba por naves más robustas, rechonchas y boyantes, provistas de una única y enorme vela cuadrada. Conocidos con el nombre de cogs, estas embarcaciones eran, al menos en un principio, torpes y lentas, pero tenían bodegas de gran capacidad y requerían muchos menos hombres para su manejo que las mediterráneas. Se calcula que una nave con vela latina necesitaba de unos cincuenta hombres para realizar el trabajo que hacían veinte en un cog del norte de Europa.

Las naves del siglo XV utilizaban ambas clases de aparejos: velas cuadradas adelante y latinas en la popa. Hubo también otros cambios que afectaron las quillas y las superestructuras, pero los aparejos y el número de tripulantes necesarios resultarían ser los factores más importantes para los grandes descubrimientos de los siguientes siglos. Las dos formas más destacadas fueron la carraca y la carabela. 

Las carracas eran gigantescas según los estándares de la época (alcanzaban las quinientas cincuenta toneladas, e incluso las novecientas). La carabelas eran mucho más pequeñas (entre cincuenta y sesenta toneladas) y más rápidas. Tenían también velas latinas, eran más convenientes para explorar estuarios e islas y, pese a su reducido tamaño, resultaron ser bastante seguras. En su primer viaje, Colón utilizó dos carabelas, una de la cuales, la Niña, era de velas latinas. Nunca le dio problemas y volvió a emplearla en su segundo viaje. La Nao Victoria con que volvió Elcano de su vuelta al mundo, era una carraca idéntica a la de la foto de la izquierda.

De nuevo Colón

Colón, el hijo de un tejedor genovés, había navegado en embarcaciones portuguesas hasta Guinea, pero no era tanto un marino profesional como un geógrafo teórico con una enorme capacidad de persuasión. El acuerdo que sancionó su viaje de 1492 estipulaba que iba a "descubrir y adquirir islas y tierras en la mar océana". Para esta fecha aún no se había llegado a la India a través del cabo de Buena Esperanza y las islas a las que el contrato aludía eran Cipango y Catai. Semejante expectativa no era en absoluto extraordinaria: se sabía que la tierra era redonda y no se sospechaba que entre Europa y Asia hubiera un nuevo continente. En un primer momento, Colón había propuesto la expedición a la corona portuguesa en 1484. Pero fue rechazado, y lo mismo le ocurrió con los franceses y los ingleses. Colón volvió a intentarlo con los portugueses en 1488, cuando es posible que su solicitud hubiera tenido éxito de no coincidir con el regreso triunfal de Bartolomeu Dias, quien logró alcanzar el Índico navegando el Atlántico. Después de ello, Colón se dirigió a Castilla, donde por fin consiguió el apoyo que buscaba por parte de la corona e individuos adinerados. Se hizo a la mar en el puerto de Palos en agosto de 1492.

Los estudiosos modernos consideran que, como navegante, Colón no estaba muy al corriente de los conocimientos de su época, pero sí era cuidadoso y meticuloso. En su primer viaje, Colón navegó recto en dirección oeste desde Canarias (27º de latitud norte; en posteriores viajes, Colón iría más al sur, donde los vientos eran más seguros) y, tras treinta y tres días en los que no vio otra cosa que aves y algas, tuvo la suerte de avistar los cayos exteriores de las Bahamas (San Salvador se encuentra a 24º de latitud norte). No hay duda de que Colón pensaba que estos cayos se encontraban en la periferia de un archipiélago del que formaba parte Japón. De hecho, esto es exactamente lo que aparece en la esfera terrestre diseñada por Martín de Bohemia en 1492. Esta concepción combinaba los errores de Marco Polo (la extensión de Asia, la idea de que Japón se encontraba a unos dos mil quinientos kilómetros de China) y de Ptolomeo (que había calculado que la tierra era un 25 por 100 más pequeña de lo que es en realidad), cuyas ideas habían inducido a Colón a creer que la distancia entre Europa y Japón era de unos cuatro mil ochocientos kilómetros, cuando en realidad es de casi veinte mil.

El siguiente paso, por tanto, era encontrar Japón. Colón siguió adelante, descubrió Cuba y La Española (la isla que actualmente ocupan Haití y República Dominicana). Ésta última producía algo de oro de aluvión, y mediante trueque la expedición consiguió narigueras y brazaletes de los nativos. Tras perder su buque insignia, que naufragó tras encallar, Colón decidió regresar a Europa, dejando a algunos hombres para que construyeran un campamento base y buscaran minas de oro. De regreso al Viejo Mundo, Colón tuvo que viajar más al norte hasta casi la latitud de las islas Bermudas (32º) para encontrar vientos favorables, y al acercarse al continente, una fuerte tormenta lo obligó a buscar refugio en el puerto de Lisboa. Los portugueses interrogaron al almirante, pero aunque descreyeron de su relato (ya antes se habían topado con italianos exagerados), no dejaron de reivindicar su derecho a sus descubrimientos, en caso de ser ciertos.

Los españoles no fueron menos precavidos. Ordenaron a Colón que realizara un segundo viaje tan pronto le fuera posible, y para adelantarse a las reclamaciones de los portugueses buscaron el reconocimiento papal de un monopolio para la colonización y navegación en los nuevos territorios. Dado que entonces el papa era español, no fue difícil obtener su apoyo. En su segundo viaje, que empezó en septiembre de 1493, Colón descubrió Dominica, las islas Vírgenes, Puerto Rico y Jamaica. El tercero, que tuvo lugar en 1498, no contó con la participación de voluntarios, que fueron sustituidos por delincuentes liberados de prisión. En esta ocasión, Colón fue más al sur y descubrió Trinidad y la desembocadura del río Orinoco. El río era más grande de lo que hasta entonces habían visto los europeos y la cantidad de agua fresca que transportaba era un indicio de que pertenecía a un continente gigantesco. Y Colón llegó a jugar con la idea de que éste se encontraba demasiado al sur para formar parte de Asia. Después, al regresar al norte, Colón descubrió que los hombres que había dejado en La Española se habían rebelado. Lamentablemente no era tan buen gobernador como explorador y regresó a España encadenado. Se le autorizó un nuevo viaje en 1502, cuando llegó a Honduras y Costa Rica. Murió en 1506.

Para entonces algunos empezaron a comprender que muchas de las islas descubiertas no formaban parte de un archipiélago frente a las costas de Catai, que aún quedaba muy lejos. El descubrimiento del Orinoco fue el primer indicio de que debía de haber todo un continente entre Europa y Asia. Ya en 1494 Pedro Mártir de Anglería escribió: "al referirnos a este nuevo país debemos hablar de un nuevo mundo, tan distante se encuentra y tan carente de civilización y religión".

Magallanes

En los siguientes años, los ingleses y los portugueses descubrieron Norteamérica y, poco a poco, fue conociéndose la enorme extensión de Suramérica. El interés por Oriente empezó a menguar cuando se encontraron perlas en la costa venezolana, un valioso tinte rojo en la selva brasileña y bacalao en Terranova. Finalmente, en 1519, Fernão de Magalhães (o Fernando de Magallanes) partió de Sevilla con una flota de cinco naves cargadas de artículos que, de acuerdo con la experiencia de los portugueses, resultaban útiles para comerciar con Oriente. Al igual que Colón le tocó en suerte ser un extranjero al mando de españoles despistados. 

Tras superar un motín en la Patagonia (lo que obligó a Magallanes a colgar a los cabecillas) y perder dos naves en el estrecho que lleva su nombre, Magallanes llegó al Pacífico. La travesía de este vasto océano pareció en determinado momento una empresa de nunca acabar, y los marineros tuvieron que subsistir comiendo ratas y cuero. Los miembros de la expedición desembarcaron en Cebú, en las Filipinas, donde se vieron envueltos en una guerra local. Cuarenta hombres, incluido el mismo Magallanes, murieron en la contienda.

Elcano

Aunque Magallanes comparte con Colón y Vasco da Gama el ser uno de los más grandes exploradores de la historia, no debemos olvidar que al morir sólo había recorrido medio mundo. Su viaje de circunnavegación fue completado por Sebastián Elcano, quien eludió a los buques de guerra portugueses que había en la zona, cruzó el océano Índico, dobló el cabo de Buena Esperanza y regresó a España con una sola nave, la Victoria, y quince hombres. Éste quizá haya sido el viaje más fascinante de todos los tiempos. Y sin duda cambió la forma en que los hombres pensaban su mundo.