viernes, 24 de abril de 2020

Historia de los días de la semana

Es en Mesopotamía, y sobre todo en Babilonia, durante el segundo milenio antes de Cristo, donde se produce un importante desarrollo de la astronomía, al igual que en parte de Egipto. Pese a estar vinculada a prácticas astrológicas, Mesopotamia aporta excelentes observaciones científicas y descriptivas de los astros visibles del cielo. Crean la semana dividida en siete días, que se irradia no sólo a Roma, también a hebreos y otros pueblos semíticos. Siete son los cuerpos astrales visibles y móviles desde nuestro planeta: el Sol, la Luna, y cinco planetas (Mercurio, Marte, Venus, Júpiter y Saturno).

Los babilonios creían que el siete era el número astronómico rector del universo y de la creación. Otro número astronómico, el tres, estaba vinculado a las fases de la luna. Pese a que la astronomía moderna habla de cuatro fases lunares (nueva, creciente, llena y menguante), los antiguos asociaban el menguante y la nueva en una única fase denominada "la muerte de la luna".

Al asociar el tres tanto a planetas como a divinidades, acabaron organizándose en triadas o trinidades, especialmente para el caso de las diosas de fertilidad asociadas siempre a la luna. De esta tradición hay evidencias en la Antigua Grecia y en Roma. Aparte de Selene, una arcaica titánide de la Luna (que no tiene mitos, ni amoríos ni historias y no hay que confundir con Helene), surgen tres advocaciones de diosas lunares: Ártemis-Diana, la diosa virgen asociada a las selvas, protectora de niños, adolescentes y la naturaleza salvaje vinculada a la luna creciente; diosas de la fecundidad como la Ártemis de Efeso, representada con varias hileras de pechos y vinculada a la luna llena; y Hécate, la diosa lunar de la muerte, la oscuridad y la magia, vinculada a la luna menguante. Todas son triples, y como dicen los romanos, "trivias". Otras muchas divinidades femeninas son triples. De este modo el tres pasa a ser un importante número astronómico, vinculado a la eterna renovación, al nacimiento, la plenitud y la muerte con renacimiento. Ambos números, el tres y el siete, se consideran astronómicos, regentes del cosmos y también en parte del tiempo, y mágico-religiosos.

Este concepto se mantiene con el tiempo: para los cristianos, Dios es uno de los configurantes de la Sagrada Trinidad.

LA SEMANA ROMANA

Nuestra semana la heredamos de los romanos. Los romanos, aparte de dividir su calendario en meses, antes del s. III a.C., dividían originariamente su tiempo en nundinas (nundinae), que eran periodos de nueve días, ocho día corrientes y un noveno que era día de mercado, feria y encuentros. Pero ese noveno día ya se consideraba el primero de la siguiente nundina, con lo cual, en la práctica, las nundinas eran periodos de ocho días. De esa larga costumbre quedan restos en el lenguaje: "nos vemos dentro de 8 días", "voy al médico cada 8 días" para referirse a periodos exactos de una semana debido a la primitiva periodización romana.

Los romanos asumen la semana mesopotámica mucho antes del inicio de nuestra era. Pero los nombres de los días no estaban configurados: es en la época alto-imperial cuando los días asumen sus nombres vinculados a astros con nombres de dioses romanos, dependiendo en buena parte de la enorme difusión de una modalidad religiosa de entonces, el culto de Mitra (un dios de origen persa) y su variante posterior, el culto al Sol Invicto. En ellos, los iniciados pasaban por siete grados de iniciación protegidos por diferentes divinidades astrales, según iban alcanzando la perfección moral. También creían que estos astros dividían el firmamento en siete espacios y su ideal era alcanzar "el séptimo cielo".

Se configuraron diferentes órdenes de los días en la semana, pero finalmente fue la variante del culto al sol Invicto la que crea una semana que se inicia con el día del Sol (nuestro actual domingo) y acaba con el día de Saturno (nuestro sábado). Esta semana mitraica es la que heredan los cristianos, cuando su religión se convierte en la dominante y mayoritaria a partir del s. IV d.C. Así podemos leerlo aún en Isidoro de Sevilla, que la semana empieza por el domingo y que éste aún no se llama así de manera oficial:

Dies dicti sunt a deis quorum nomina Romani quibusdam stellis dedicaverunt. Primum enim diem a Sole appellaverunt, qui princeps est omnium stellarum et idem dies caput omnium dierum est. Secundum diem a Luna appellaverunt, quae ex Sole lucem accepit. Tertium ab stella Martis, quae vesper appellatur. Quartum ab stella Mercurii. Quintum ab stella Iovis. Sextum a Veneris stella, quae Luciferum appellaverunt, quae inter omnes stellas plurimum lucis habet. Septimus ab stella Saturni, quae dicitur cursum suum triginta annis explere.

Los días fueron denominados a partir de los dioses cuyos nombres los romanos dedicaron a ciertos astros. En efecto llamaron al primero a partir del Sol, que es la principal de todas las estrellas y el propio día es el día capital de todos los días. Al segundo día lo denominaron por la Luna, que recibe su luz del sol. Al tercero a partir del astro de Marte, que se llama vespertino. Al cuarto por el astro de Mercurio. Al quinto por el astro de Júpiter. Al sexto a partir de la estrella de Venus, que llamaron "Lucifer", que entre todas las estrellas tiene el máximo de luz. El séptimo es por el astro de Saturno, del que se dice que tarda treinta años en completar su órbita.

ISIDORO DE SEVILLA, Origines, 5-30. (s. VII d. C.)

La palabra semana viene del latín septimana (siete días). Los nombres de los días provienen, por tanto, de siete objetos celestiales que los antiguos mesopotámicos veían moverse en el cielo y que los romanos adoptaron dando nombre a los días:

Día
Grecia
Roma
Egipto
Latín
Cuerpo Celestial
Lunes
Selena
Vesta
Selkis, Amón
dies Lunae
Luna
Martes
Ares
Marte
Montu, Sacmis
dies Martis
Marte
Miércoles
Hermes
Mercurio
Maat
dies Mercurii
Mercurio
Jueves
Zeus
Júpiter
Ptah
dies Iovis
Júpiter
Viernes
Afrodita
Venus
Hathor
dies Veneris
Venus
Sábado
Crono
Saturno
Gueb, Renenutet
Sabbatum
Saturno
Domingo
Apolo, Helio
Mitra
Ra
Dominica
Sol

Los romanos mantuvieron la asociación de los mesopotámicos de los cuerpos celestiales con dioses:
  • Luna (Selene para los griegos - Diosa de la luna),
  • Marte (Ares para los griegos - dios de la guerra, por ser rojo como la sangre),
  • Mercurio (Hermes para los griegos - dios de los comerciantes, mensajero de los dioses, y planeta que está más cerca del sol),
  • Júpiter (Zeus para los griegos - dios padre, por ser el segundo más brillante),
  • Venus (Afrodita para los griegos - diosa de la belleza y el amor, por ser el planeta más brillante), y
  • Saturno (Cronos para los griegos - dios del tiempo, por ser el más lento).
En el Imperio Romano de Oriente hablaban griego y nombraron los días de la semana de esta manera:

Lunes
Martes
Miércoles
Jueves
Viernes
Sábado
Domingo
ημερα Σεληνης
ημερα Αρεως
ημερα Ερμου
ημερα Διος
ημερα Αφροδιτης
ημερα Κρονου
ημερα Ηλιου
hemera Selenes
hemera Areos
hemera Hermou
hemera Dios
hemera Aphrodites
hemera Kronou
hemera Heliou

Hemera significa día. Dios significa "de Zeus".



LA SEMANA CRISTIANA

Con estos nombres pasan los días de la semana a las zonas germánicas y anglosajonas. Es el cristianismo posterior el que realizará dos importantes cambios:
  1. Sustitución del nombre Saturni dies por Sabbatum, préstamo en el latín del Sabbat hebreo, en homenaje a la religión originaria de Cristo, y sustitución del nombre Solis dies por Dominicus dies o Dominica diez, dado que la dies en latín puede tener género masculino o femenino: por este motivo decimos en castellano domingo -del acusativo dominicum- y los italianos doménica -del latín dominica-.  Dominus quiere decir "señor" en latín.
  2. El cambio de orden, situando el "día del Sol", ahora llamado Dominicus, al final de la semana en lugar de al principio, para ajustarse al Génesis bíblico. Si el día del Sol era el principal, debía estar al final, como día principal de descanso, ya que en él Yahvé descansó completando el ciclo de los 7 días de la creación bíblica.
Había poderosas razones para la inclusión del Sabbat hebraico en la semana cristiana. Una es sin duda que los primeros cristianos eran en origen una rama herética del judaísmo que poco a poco completó su escisión, una escisión que inició su andadura gracias a la acción y escritos de S. Pablo de Tarso. Los primeros cristianos guardaban el Sabbat. Desde sus orígenes, los cristianos celebraban el Sabbat, que luego se convertiría en nuestro sábado, el día de la resurrección de Cristo, tradición que se mantuvo en prácticamente toda la cristiandad hasta bien entrado el siglo XX, pese a lo que muchos hoy en día creen.

En los escritos cristianos que circularon desde fines del s. I, y no sólo los evangelios canónicos seleccionados en el s. IV, retocados y adoptados como oficiales, no se menciona que Cristo resucitara en Sabbat o después del Sabbat, mucho menos en domingo por la simple razón de que no existía el Dominicus Dies en aquella época, implantado en la semana cristiana bastante después del s. VI d.C.). Los evangelios dicen exactamente que "al tercer día resucitó", e incluso en algunos escritos "al llegar el tercer día resucitó". Según todos los relatos, Jesucristo murió el día anterior al Sabbat de la Pascua judía y hubo de ser enterrado apresuradamente bastante antes de la puesta de sol porque los días en la antigüedad no empezaban a las doce de la noche: un día acababa y otro comenzaba con la puesta de sol, de modo que la noche era, entera, parte del día siguiente. Además, en Sabbat estaba prohibido celebrar enterramientos y rituales fúnebres.

Que el domingo tuviese relación tanto con el sol como con Jesús no es coincidencia. El emperador romano Constantino adoraba a Mitra (dios del Sol), pero dice la leyenda que, antes de llegar a ser emperador, cuando luchó contra su rival Majencio por el poder, tuvo un sueño en el cual vio una cruz dentro de un sol con la inscripción "vence con este signo". Constantino adoptó el signo en su estandarte y ganó la batalla, llegando así al poder. Después y por medio del Edicto de Milán (firmado en 313) permitió la libertad del culto cristiano, el cual hasta dicho edicto era oficialmente perseguido por el imperio. Esto favoreció a los cristianos que se desarrollaron mucho a partir de entonces. En el año 321, Constantino declaró que el día del sol (solis dies) fuera de reposo, prohibiendo servicios oficiales, pero permitiendo los trabajos de campo. No lo hace para celebrar el día del Señor, sino para celebrar al Sol Invicto. Los sucesores de Constantino, salvo el emperador Juliano, fueron cristianos y a partir de esta época, la semana se fue cristianizando. Antes del decreto de 321, hay indicaciones que los cristianos celebraban el primer día de la semana (Hechos 20, 7). Para el año 363 el Sínodo de Laodicea ordenó a los cristianos trabajar los sábados y santificar los domingos. Ese decreto sólo afectó a unas diócesis de Anatolia. Luego, en 451 (Concilio de Calcedonia), se decretó que todos los cristianos celebraran el domingo en vez del sábado.

Hemos de precisar que los romanos y todos los pueblos antiguos contaban el tiempo en ordinales durativos y no en fases cumplidas como nosotros (por ejemplo, un niño de diez años estaba en su undécimo año, como en efecto es así una vez que ha cumplido el décimo). Para los primeros cristianos el primer día de la muerte y sepultura de Jesucristo era el viernes, el segundo era el Sabbat (sábado) y, justo en el inicio del tercero, se celebraba la resurrección. Pero ese inicio del tercero se producía exactamente cuando el sol se hundía en el horizonte la tarde del sábado, al final de la hora nona, cuando se iniciaba la primera vigilia. Fue en el Renacimiento cuando empezó a cambiar la concepción del día y se pasó a considerar que el día acababa a las 12 de la noche. A partir de ese momento, la resurrección de Cristo se mantuvo en el llamado "Sábado de Gloria", y a la puesta de sol comenzaban las liturgias y vigilias de resurrección mantenidas hasta nuestros días en las distintas confesiones cristianas (católica, ortodoxa, anglicana, luteranas, etc.).

En la Edad Media se consideraba el primer día semanal el solis dies, como se puede contemplar por ejemplo en el Tapiz de la Creación de la catedral de Gerona, del s. XI, en que además de la denominación figura una representación del sol en su carro, orlado de rayos (ver imagen, esquina inferior izquierda). En la Edad Media se perdieron los cómputos temporales unificados y no se mantuvo regularmente la delimitación antigua del día oficial que empezaba con la puesta de sol. Privaba la concepción popular que desvinculaba el día de la noche y tendía a entender que un día empezaba con el amanecer. Por ese motivo no se entendía que el atardecer del saturni dies (o sábado) fuese el inicio del día siguiente y esto contribuyó a vincular la resurrección de Cristo al sábado. Cuando se produjo mucho más tarde el cambio denominativo Dominicus, y se trasladó al final de la semana, ya nadie asociaba este día con la resurrección, sino con el séptimo día del Génesis en la reinterpretación cristiana, y con el día tradicional festivo en que, como los mitraicos, se producía el ritual de la asamblea para los cristianos.


Fue en el s. XX cuando una visión actualizadora insistió en trasladar la resurrección de Jesús al domingo, que sería el tercer día según el cómputo de los cristianos actuales. En el caso de la Iglesia católica, la celebración de la resurrección se producía desde tiempo inmemorial en la mañana del sábado (la vigilia Pascual se celebraba la mañana del sábado). Fue el papa Pío XII quien, en sendos decretos entre los años 1950 y 1955, obligó a que las vigilias y rituales de resurrección se iniciaran después del atardecer y fuera considerado el domingo como el gran día. El Concilio Vaticano II, en los pasados años 60, desterró o prohibió la denominación "Sábado de Gloria" que hacía referencia al sábado de la gloria de la resurrección, para decretar que ese sábado sería considerado como "día de espera" y llamado Sábado Santo, obligando a considerar el domingo de Pascua como el día de la resurrección de Cristo.

LA SEMANA EN CASTELLANO

En castellano la dies latina fue omitida, no así en catalán, francés, italiano, alemán y holandés. En catalán va delante. En las restantes lenguas la partícula die se encuentra al final de cada palabra: di: en catalán y francés; tag: en alemán, dag: en holandés, day: en inglés.

Español
Catalán
Francés
Italiano
Inglés
Alemán
Holandés
Portugués
Ruso
lunes
dilluns
lundi
lunedì
Monday
Montag
Maandag
Segunda-feira
понедельник
(Ponidelnik)
martes
dimarts
mardi
martedì
Tuesday
Dienstag
Dinsdag
Terça-feira
вторник
(Vtornik)
miércoles
dimecres
mercredi
mercoledì
Wednesday
Mittwoch
Woensdag
Quarta-feira
среда
(Sreda)
jueves
dijous
jeudi
giovedì
Thursday
Donnerstag
Donderdag
Quinta-feira
четверг
(Chetvierg)
viernes
divendres
vendredi
venerdì
Friday
Freitag
Vrijdag
Sexta-feira
пятница
(Piatnitsa)
sabado
dissabte
samedi
sabato
Saturday
Samstag
Zaterdag
Sabado
суббота
(Subbota)
domingo
diumenge
dimanche
Domenica
Sunday
Sonntag
Zondag
Domingo
воскресенье
(Voskresenia)

Dies, en latín, significa día. La palabra día proviene de la misma raíz que diez, pero sin -s final por haberse adoptado del acusativo diem en lugar del nominativo dies.

Los primeros cinco días de la semana en castellano no son plural, simplemente son nombres que terminan en -s. El lingüista catalán Joan Corominas (1905-1995) explicó erróneamente que se trata de una generalización analógica de nivelación. En latín, los nombres de los primeros cinco días de la semana eran: dies lunae, dies martis, dies mercurrii, dies iovis, dies veneris. Todos los días, por tanto, excepto lunae y mercurii, llevan s al final. La -s de lunes y miércoles se agregó para nivelar estas palabras con los restantes días de la semana. Es decir, dies lunae pasó a dieslunis para que sonase igual que diesmartis. Sin embargo, la explicación más admitida proviene del hecho de que el latín es una lengua flexiva, en la que no importa el orden de las palabras: es lo mismo decir dies lunae que lunae dies. La mayoría de los filólogos concurren que el español, al igual que el francés y el italiano, tomó los días de la semana usando la segunda variante (lunae dies), por lo que la -s final no se adoptaría por nivelación sino por contracción: lunae dies - lunedies - luneies - lunes. Tal vez la razón de la divergencia de Corominas se justifique en que, en catalán, dlilluns proviene de dies lunae y equivocadamente lo extrapola al castellano, donde la palabra lunes proviene de lunae dies. Los últimos dos días de la semana no llevan -s final. Fueron tomados de Sabbat y Dominicu (m), sin la palabra dies.

A propósito, los escandinavos llaman al sábado "laurdagr". "Laur" es en castellano "lavar": el sábado se lavaban para prepararse para el día siguiente, el día del Sol.

LA SEMANA PORTUGUESA

Lingüísticamente el gallego (idioma hablado en Galicia, comunidad autónoma de España) y el portugués son el mismo idioma con la salvedad de que su ortografía es distinta. Por eso los días en portugués antiguo eran casi igual que en gallego:

Portugués actual
Portugués antiguo
Gallego
Asturleonés
Segunda Feira
Lues
Luns/Luis
Llunes
Terça Feira
Martes
Martes
Martes
Quarta Feira
Mércores
Mércores
Miércoles
Quinta Feira
Joves
Xoves
Xueves
Sexta Feira
Venres
Venres
Vienres
Sábado
Sábado
Sábado
Sábadu
Domingo
Domingo
Domingo
Domingu

La forma de nombrar los días de entresemana en portugués tiene que ver con la labor misionera de San Martín de Braga y su empeño por desterrar las supersticiones de los campesinos. Su De Correctione Rusticorum incluye (cap. 9), entre otras costumbres a desterrar, un llamamiento a los campesinos para que dejen de dedicar los días de la semana a los dioses paganos, pues son obra del demonio. Siendo el domingo el primer día de la semana, el resto se nombran a partir de este con el añadido del término litúrgico "feira". El portugués mantuvo Sabbat y Dominica, pero modificó los nombres de los restantes días.

LA SEMANA INGLESA

En inglés se reemplazó a los dioses romanos por las deidades nórdicas, de igual modo a como el latín reemplazó los dioses griegos por los romanos. No relaciona el sábado con el Sabbat judío, ni tampoco el domingo con Dominicu. Respectivamente mantienen a Saturno y al Sol en sus respectivos nombres:

1.     Monday proviene de Moon (luna, en inglés).
2.     Tuesday proviene de Tiw (dios de la guerra).
3.     Wednesday de Woden (el dios jefe).
4.     Thursday de Thor (dios de los truenos).
5.     Friday de Freya (diosa del amor y la fertilidad).
6.     En inglés, domingo es Sunday (Sun: Sol, day: día) y sábado es Saturday (Saturn: Saturno, day: día). 

Los nombres de los días en alemán son parecidos al inglés, con la excepción del miércoles que significa "media semana", Mittwoch mitt- woch (die Woche es semana). En inglés, se dice informalmente "hump day" al miércoles, literalmente "día de la joroba", que refiere al momento en que la semana va mediada.

LA SEMANA RUSA

En puridad, los nombres de los días en ruso no son una simple enumeración:
  1. Понедельник (ponidelnik), compuesto de по (po = después) y неделя (ñedelia = semana) o "Después de la semana". Неделя (semana) está compuesto de не (nie = no) y дела (dielá = asuntos, negocios). Entonces, понедельник significa después de no hacer nada, o después del descanso del fin se semana.
  2. вторник (vtornik) viene de второй (vtoroi = segundo).
  3. среда (sreda) de средни (spredni = del medio) o "día del medio".
  4. четверг (chetvierg) de четыре (chetire = cuatro).
  5. пятница (piatnitsa) de пять (piatch = cinco) o "quinto día".
  6. суббота (subbota) del sabbat o sábado.
  7. воскресенье (voskresenia) renacimiento de Jesús, más allá (вос-) de la cruz (крест).
Es muy interesante que el ruso considere el Domingo el primer día, pues según el cuarto mandamiento ortodoxo:

4. Помни день субботний, чтобы святить его; шесть дней работай и делай в них всякие дела твои, а день седьмой - суббота Господу
4. Acuérdate del día de Sabbat ("субботний" es el genitivo de суббота, subbota = sábado). Trabaja seis días y haz todos tus quehaceres - El sábado es de Dios.

Los ortodoxos rusos no reemplazan el sábado por el domingo. El sábado continúa siendo sagrado y representa el descanso de Jesús antes de resucitar. El domingo sería una extensión de la celebración. Entonces Понедельник, no es el primer día de la semana, sino el primer día del descanso extendido.

LA SEMANA TURCA

En turco los días de la semana son:

Nombre
Pronunciación
Significado
pazartesi
pasartesi
Lunes - Día después del Domingo (pazar).
sali
sali
Martes - Día de embarcación.
çarşamba
charshamba
Miércoles - Cuarto día de çar (cuarto) şanba (día).
perşembe
pershembe
Jueves - Quinto día de penc (quinto) şenbe (día).
cuma
yuma
Viernes - Día de la asamblea.
cumartesi
yumartesi
Sábado - El día después de la asamblea.
pazar
pasar
Domingo - Bazar, Mercado (Feria, Feriado).

LA SEMANA ÁRABE

También en árabe se denominan los días de la semana por numeración:
  1. El primer día de la semana coincide con el domingo y se llama أحد (ahad), en dialecto marroquí (had), derivado del número uno.
  2. El lunes se llama اثنين (ithnayn), en dialecto marroquí (tnin), derivado del número dos.
  3. El martes se llama ثلاثاء (thulathâ), en dialecto marroquí (tleta), derivado del número tres.
  4. El miércoles se llama أربعاء (arba'â), en dialecto marroquí (arb'a), derivado del número cuatro.
  5. El jueves se llama خميس (khamîs), en dialecto marroquí (khmis), derivado del número cinco.
  6. A partir del viernes el árabe se aparta de la numeración. El viernes es el día de la reunión en la mezquita para los musulmanes y esto ha influido en la lengua árabe para que se llame خمعة (ğum'a) "reunión".
  7. El sábado en árabe es  سبت (sabt), su origen es por tanto hebreo.
LA SEMANA HEBREA

Es muy posible la teoría de que la enumeración árabe proviene del hebreo. Los árabes, al volverse monoteístas, adoptaron la nomenclatura hebrea (bíblica), agregando "djuma" que significa asamblea. La palabra hebrea "yom" significa: día y en árabe es "yum".
  1. En hebreo: "yom rishon" (1er día) es domingo, día laboral después del "yom shabat" (sábado).
  2. "yom sheni" (2do día).
  3. "yom shlishi" (3er día).
  4. "yom reviyi" (4to día).
  5. "yom hamishi" (5to día).
  6. "yom shishi" (6to dia).
  7. y cierra la semana el "yom shabat" que proviene de la raíz sh-b-t (descanso), ya que según la mitología judeo-cristiana el mundo fue creado en 6 días y en el séptimo, Dios descansó.
LA SEMANA QUECHUA

Quechua
Significado
Astro
Killa P'unchay
Día de la Luna
Killa (Luna)
Ati P'unchay
Día de la Guerra
Ati (Marte)
Qoyllor P'unchay
Día del Lucero
Qoyllor (Mercurio)
Illa P'unchay
Día del Rayo
Illa (Júpiter)
Ch'ashka P'unchay
Día de la Estrella
Ch'ashka (Venus)
K'uichi P'unchay
Día del Arco Iris
K'uichi (Saturno)
Inti P'unchay
Día del Sol
Inti (Sol)

Los nombres en quechua son adaptaciones bastante recientes, no son los que se usaban antes de la invasión europea del siglo XVI.  Están muy posiblemente influidos por Kon-tiki, nombre de la balsa utilizada por el explorador noruego Thor Heyerdahl (1914-2002) en su expedición de 1947 por el océano Pacífico desde Sudamérica hasta la Polinesia.

No hay palabras para los nombres de los días de la semana ni en maya ni en náhuatl. Son culturas muy diferentes a las europeas, con medidas de tiempo muy distintas. No existían meses ni semanas, pero su métrica temporal era mucho más precisa que la de las civilizaciones del Viejo Mundo.



martes, 21 de abril de 2020

El Big Bang cansino


Sobre el papel, "The Big Bang Theory" parecía una serie de humor prometedora, pero irregular. Trataba de las aventuras y -sobre todo- desventuras de dos físicos bastante friquis que comparten piso y viven obsesionados con Star Wars, los videojuegos, los cómics y los juegos de rol. Sus amigos son también científicos: uno es ingeniero y judío, el otro es un astrofísico de origen hindú. Salvo el ingeniero, que se convertirá en astronauta, todos los demás son doctores en física, por lo que sus concupiscencias no precisan de mucho aderezo. La serie arranca cuando, en el piso al otro lado del rellano, se instala una chica tan inculta como atractiva que quiere convertirse en actriz. Uno de los dos físicos se enamorará de ella sin remedio (el único de los dos que parece normal y que adopta una actitud paterna ante su compañero). Los guiones son bastante hábiles en el tratamiento de la idea principal: logran interesar al espectador friqui, pero también a un público que ni sabe de matemáticas ni ha leído jamás los cómics de Marvel. Hay guiños abundante, pero están bien dosificados. Al menos en sus temporadas iniciales.

Todos los personajes masculinos son unos perdedores o carecen de habilidades para sustentar el éxito, incluso cuando realizan aquellas tareas para las que se encuentran suficientemente preparados. Los personajes femeninos, tanto el de la chica guapa como las restantes protagonistas que se irán sumando al elenco de manera gradual, son todas ellas ganadoras. Esta dualidad es uno de los puntos más débiles de la serie hasta el punto de malograr numerosos capítulos que, por lo estereotipado de sus personajes, no son resueltos sin una amarga sensación de vergüenza ajena. 

En la serie, el espectador empatiza mucho más con la chica guapa (una magnífica Kaley Cuoco), que representa a la gente común, que con sus compañeros de rellano, aunque estos sean quienes aportan con sus extravagancias la continuidad cómica. La actriz es arquetípicamente sexy y muy guapa, pero su interpretación supera con creces el estereotipo de chica agraciada físicamente, algo a lo que no estamos acostumbrados en el cine (excepción hecha, tal vez, del magnífico personaje protagonista de "Feliz día de tu muerte" interpretado por Jessica Rothe). Es cierto que la normalidad un tanto vulgar de su personaje permite un mayor desarrollo evolutivo sin necesidad de perder la coherencia interna de temporada en temporada, algo que no sucede con los personajes masculinos. Lo que divierte en estos es su empecinada y manifiesta incapacidad para todo lo social y amoroso, algo que ellos mismos tienen asumido sin que les motive a intentar mejorar. Son como son y ya está, los creadores tampoco se encargan de modificar sus personalidades. Posteriormente se enamorarán, se casarán e incluso tendrán hijos, pero nunca se verán privados de los clichés en que desde el principio se han fundamentado sus personalidades: cambia el entorno, no cambian ellos. El personaje de Penny, en cambio, evoluciona y se adapta continuamente. 

El personaje de Sheldon Cooper es uno de los grandes aciertos de "The Big Bang Theory". Su personalidad de genio autista y extremadamente egocéntrico encaja muy bien con el tono de comedia ligera e intrascendente que manifiesta la serie. Se trata de un sujeto extremo, sólo interesado en su propia existencia, que vive completamente despreocupado del bienestar y del respeto hacia los demás. Su rigidez mental y su despego hacia todo lo emotivo enseguida granjea la simpatía del espectador. Sin embargo, es un personaje insufrible que se va desarrollando de un modo incoherente a lo largo de la serie, y sus momentos cómicos varían entre lo genial del principio y lo cansino de las últimas temporadas. Es evidente que los guionistas quisieron reflejar en la personalidad de Sheldon la del ajedrecista Bobby Fischer, un individuo tan prodigioso intelectualmente como inmaduro en lo emocional. Fischer menospreciaba a quienes consideraba inferiores a él y obviaba los convencionalismos habituales así como los efectos que su conducta producía en sus semejantes. Llevado este comportamiento a un escenario controlado por los guionistas, qué duda cabe que el resultado es un éxito sin paliativos de la serie al saber explotar de manera muy divertida las constantes confrontaciones de Sheldon con la realidad que le rodea (y viceversa).

El buen hacer interpretativo del actor que le da vida, Jim Parsons, con su dicción afectada (algo que no se pierde en el doblaje, por cierto), sus amaneramientos y gestos, termina por redondear el conjunto. La inexpresividad del personaje, que apenas sonríe, se convierte en expresividad cuando emplea muecas y reacciones infantiles. Es un niño encerrado en un cuerpo de adulto y actúa como tal, por eso los espectadores sienten simpatía por él. Incomprensiblemente, en el spin-off "El joven Sheldon" los mismos creadores decidieron que el Sheldon Cooper de 9 años se comportase del modo contrario, como un adulto encerrado en un cuerpo de niño, lo que seguramente ha sido la clave de su fracaso. 


Del resto de personajes, el siguiente en importancia es el del apocado y acomplejado compañero de piso de Sheldon, Leonard, un personaje muy bien interpretado por Johnny Galecki, pero que se encuentra encorsetado en exceso. Su papel se limita a enamorarse de Penny y cuidar de Sheldon. Incluso sus dos amigos, el ingeniero Howard y el astrofísico Raj, disponen de más capacidad de actuación. Esta decisión es un grave error por parte de los creadores de cara al desarrollo del personaje, que acaba irremediablemente eclipsado por cualquiera de los restantes. De hecho, algunos de los momentos más divertidos de la serie los protagonizan esta otra pareja de amigos, tan opuestos como hilarantes, que gozan de libertad absoluta para reaccionar ante los avatares que les sobrevienen como les venga en gana. Son arquetípicos, sí, pero carecen de la esclavitud emocional de Leonard. Incluso Howard, que acaba formando una familia con una mujer dominante, cínica e histriónica, esconde en su personalidad interior numerosos ángulos a los que enfrentarse. Él y Raj, el astrofísico, son los dos únicos protagonistas que siguen siendo friquis a lo largo de todas las temporadas, y se comportan como tales a través de su evolución personal. Incluso Sheldon, quien a priori es el más friqui de todos ellos, se va arrinconando poco a poco debido a una mujer feúcha y de espíritu envejecido a quien convierte en novia de una forma muy poco coherente.

Hay en la serie otros personajes encantadores, como Beverly, la fría y dominante madre de Leonard, magistralmente intepretada por la actriz Christine Baranski; o el geólogo Bert, un tipo encantador y lastimoso; o Stuart, el dependiente de la tienda de cómics y único ejemplo de perdedor absoluto en todo su sentido; y no nos olvidamos de Mary Cooper, con su fanatismo religioso absolutamente encantador; ni de Barry Kripke, antagonista de Sheldon, cuya importancia crece una vez que el fracaso argumental de Leslie Winkle la hace desaparecer. Todos ellos no asumen un mayor protagonismo pese a que el espíritu de la serie era reflejar rarezas como las suyas. Un error incomprensible. De hecho, los protagonistas pasan de ser unos incompetentes sociales al principio, a convertirse en unos tipos de lo más aburrido (aunque sean divertidas sus peripecias) dentro de una vida rutinaria marcada por las mujeres de las que se enamoran, y aunque son los personajes recurrentes quienes podrían dotar a la serie de una mayor riqueza argumental, son claramente minusvalorados o vapuleados en incontables ocasiones por los protagonistas. Este puede ser el caso de Zack, el antiguo novio de Penny, un chico guapo, alto, buena gente y tan inculto que resulta otro caso de friquismo extremo, y con quien en varias ocasiones los protagonistas se ensañan sin contemplaciones provocando no la risa del público, sino su encono. Por supuesto, Zack, que compite por Penny con Leonard, no resulta elegido porque ella prefiere a un individuo sobrecargado de traumas y lástimas y arrebatos de machista cavernario.

Por una razón o por otra, los guionistas han elegido hacer evolucionar a los personajes femeninos principales de una manera lastimosa: la chica guapa y tonta triunfa como comercial de una empresa farmacológica por su escote y atractivo, pero elige a un novio traumatizado; Bernadette, la chica histriónica y pizpireta que se enamora de Howard, pasa de ser una profesional competitiva y ambiciosa a ser madre amantísima, perdiendo todo el encanto en el camino porque su deseo último es enderezar a su maridoa; y Amy, la destacadísima científica, carece de amor propio ante Sheldon, acabando por convertirse en poco menos que el complejo de Edipo del extravagante genio. Es curioso cómo los creadores de la serie han reservado la ideología más reclacitrante a los personajes femeninos con los que, supuestamente, pretendían defender el papel de la mujer en la sociedad y en la ciencia.

Por último, no todos los golpes de humor son evidentes. Así, cuando uno de los personajes afirma "me siento como una función tangente inversa que se aproxima a una asíntota", la hilaridad la provocan las carcajadas enlatadas que los productores añaden a la serie (en la primera temporada no había y, de hecho, muchos chistes pasaban inadvertidos). Por eso mismo, los personajes con mayor dependencia de la sala de montaje han acabado fatigando y las situaciones han devenido cansinas: véanse todos los momentos de la relación de Sheldon con Amy, las continuas regañinas de Bernadette a Howard o la inacción continua entre Leonard y Penny salvo que se acuesten juntos. Es la progresiva ausencia de friquismo el mayor lastre de "The Big Bang Theory": ocurrencias como "piedra, papel, tijeras, lagarto, Spock" eran simplemente geniales, pero conforme la serie se convirtió en popular comenzó a olvidar su origen para pasar a abordar problemas más serios (sin aportar nada nuevo) y a dotarse de innumerables cameos para mayor satisfacción de los espectadores. Pero ni brilló en lo primero, ni aportó nada especial en lo segundo.

El final de la serie, con Sheldon y Amy consiguiendo el Premio Nobel, describe perfectamente la lastimosa situación hacia la que dirigieron los guionistas a unos personajes que merecieron mayor libertad y también mayores fracasos. Una pena.