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| Una clase de gato de civeta: Prionailurus bengalensis, gato de Bengala o gato leopardo |
Las cosas hermosas que escribiremos si poseemos talento están en nosotros, difusas, como el recuerdo de una melodía que nos cautiva sin que podamos alcanzar su contorno.
sábado, 9 de mayo de 2020
El perfil del asesino
Una larga explicación del coronavirus y su enfermedad
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Desde luego, guapos los patógenos no son |
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| Los anticuerpos parecen simbolizar la V de la victoria frente a los virus |
- La inmunidad innata es un tipo de protección general con la que todos nacemos. Por ejemplo, la piel es una barrera que impide a los gérmenes entrar en el cuerpo. Además, el sistema inmunitario sabe reconocer cuándo los invasores pueden ser peligrosos. Es un tipo de inmunidad entregada por la evolución natural al cabo de millones de años.
- La inmunidad adaptativa (o activa) se desarrolla a lo largo de la vida de una persona, conforme nos vamos exponiendo a enfermedades o inmunizándonos contra ellas mediante vacunas.
- Finalmente, la inmunidad pasiva es un tipo de protección "prestada" de una fuente externa. Es de corta duración. Un ejemplo son los anticuerpos que contiene la leche materna y que proporcionan al bebé inmunidad temporal contra las enfermedades a que se haya expuesto la madre.
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Foto del cabroncete mayor del mundo 2020 |
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Parece una bola rugosa con pinchos (y es una bola rugosa con pinchos) |
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No me sea guarro y lávese bien las manos |
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Está claro |
Un virus ADN tiene la peculiaridad de introducir su genoma directamente en las células y, por tanto, se queda para siempre dentro del cuerpo (es endógeno). Cuando decimos "me ha salido una calentura", realmente estamos hablando con propiedad porque las calenturas son las manifestaciones del virus del herpes cuando se reactiva.
Los virus ARN son algo más complicados, pese a que son más simples. Qué contrasentido. Pueden ser de muchos tipos, dependiendo de que el ARN tenga hebra simple o doble, que sea positivo o negativo... Nuestro dichoso coronavirus es de una sola hebra y es positivo, lo que significa que su material genético se transforma directamente en proteínas sin necesidad de convertirse previamente en ADN, cosa que sí sucede con los negativos. Dicho de otro modo, y sin ganas de meterme en bosques espesos, por ser ARN+, el ARN del coronavirus es reconocido de inmediato por la célula, quien continúa con la producción de proteínas, esta vez... ¡virales!. El caso es que toda esa progenie (porque ahí dentro de la célula se comienzan a fabricar proteínas coronavirales por millones) es transportada hasta la membrana celular y de allí es expulsada al espacio extracelular para que busque otras células a las que poder infectar. Un mecanismo perfecto.
A partir de ahí, el cuerpo pone en marcha la respuesta inmune. Corriendo por el cuerpo se encuentran una serie de células que responden al llamativo e interminable nombre de "células presentadoras de antígeno" (es más corto decir APC, del inglés). Son fagocitos (los vimos más arriba) y se dedican a hacer las presentaciones... Tarde o temprano, mejor temprano, uno de los virus replicados se topa con un APC, quien se lo zampa (fagocita), lo disuelve (hidroliza) y lo escupe en pequeños trozos de aminoácidos (péptidos virales) para que los linfocitos T (los soldados), en una de sus misiones humanitarias, huelan a chamusquina y se pongan al trabajo: avisar del invasor a los linfocitos B, que producirán anticuerpos para marcar e inmovilizar al enemigo y, de ese modo, los linfocitos T citotóxicos, que son los rambo (no entienden de misiones humanitarias, solo saben matar), los puedan destruir.
Lo cierto es que la severidad de la Covid-19, la enfermedad que causa el coronavirus SARS-CoV-2, varía enormemente. El 80% de los contagiados experimenta síntomas leves similares a una gripe común (o incluso no presenta ningún síntoma), y al 20% restante les amarga la vida hasta el punto de que no son pocos los que acaban conectados a un respirador en la UCI, cuando no en presencia de una luz brillante al final de un túnel oscuro.
Si bien hemos insinuado que algunos factores, como el tabaquismo, favorece la mayor virulencia del SARS-CoV-2, algo que también se produce en diabéticos y enfermos cardiovasculares, hay casos fatales donde las víctimas son hombres y mujeres jóvenes aparentemente sanos, e incluso niños. Los menos, es cierto, estadísticamente no son un número significativo, pero la ciencia ha de dar también respuesta a las extrañezas o no sería ciencia.
Los científicos sospechan de las propias particularidades genéticas, que podrían influir en la gravedad con la que el virus afecta al cuerpo. Lo que se conoce como predisposición genética. Al fin y al cabo, de estudios comparativos de mellizos y gemelos se sabe que la gravedad de otras enfermedades infecciosas como la tuberculosis o la hepatitis, varía según las características genéticas del individuo.
En este caso, uno de los genes que más impacto puede tener en el desarrollo de la enfermedad es el que codifica a nuestro conocido receptor ACE-2, el que le abre la puerta al virus como si fuesen colegas de toda la vida. El gen del ACE-2 es polimórfico, es decir, se presenta con distintas formas en la población y una variante en particular puede ser la que tenga el defecto de abrirle la puerta al bicho sin preguntar antes quién llama. Estas variaciones genéticas (realmente son errores congénitos) están latentes durante décadas hasta que se produce una infección por un microbio en particular y entonces se arma la marimorena.
Por descontado, la explicación no es tan simple ni única. Hasta el momento se pensaba que la covid-19 afectaba más a los hombres por su vida normalmente licenciosa en cuanto a tabaco y alcohol. Sin embargo, muchos genes que controlan la inmunidad se encuentran en el cromosoma X, y bien sabido es que los hombres tenemos uno y las mujeres dos. Ellas nos ganan por partida doble, como en tantas cosas. Durante siglos nos hemos encaramado en lo alto de la cúspide social, pero me temo que ha sido por jugar al despiste.
Más casuística. En algunos pacientes se ha comprobado la existencia de verdaderas tormentas de citocinas, las proteínas que promueven la secreción de anticuerpos y controlan la respuesta de los linfocitos T. Cuando el sistema inmune se activa en exceso, esta proliferación de citocinas acaba atacando múltiples órganos, incluidos los pulmones y el riñón, y este daño puede resultar en la muerte del paciente. Este descontrol ocurre al menos en el 15% de las personas que luchan contra cualquier infección severa. No se sabe por qué sucede, pero de nuevo la respuesta podría estar en los genes.
No obstante lo anterior, y sin descartar la componente genética, hay investigadores que sospechan que la exposición previa a otro coronavirus podría ser la causa de que seamos más o menos sensibles al nuevo coronavirus. Hay otro coronavirus circulando por el mundo y del que no se habla en los periódicos, es el HCoV-229E y produce el resfriado común. No está claro si haber pasado previamente un resfriado (que no es tan severo como la covid-19) inmuniza o hipersensibiliza a un paciente.
La carga viral es un factor también conocido, como en otros virus. Es algo que, por desgracia, los sanitarios conocen muy bien. Cuanta más exposición al coronavirus, más oportunidades de este para entrar y replicarse en las células del cuerpo. Sin embargo, una persona asintomática puede producir una gran cantidad de coronavirus, por lo que se puede tener una gran carga viral y no estar severamente enfermo o siquiera tener síntomas. De ahí el énfasis en la distancia social, una de las mayores preocupaciones de los gobiernos y profesionales de la salud.
Por último, conviene recordar que, debido a su simpleza, los virus están en mutación constante y es posible que haya cepas más virulentas que otras, como también parece ser el caso...
viernes, 8 de mayo de 2020
Una historia visual de todo
miércoles, 6 de mayo de 2020
¿Hay alguien ahí fuera?
La Vía Láctea contiene tantas estrellas como galaxias se encuentran en el universo observable: entre 100.000 y 400.000 millones. Para el común de los mortales (es decir, todos), este número es ya tan enorme que no lo sabemos (ni podemos) imaginar. Tampoco ayuda saber que por cada grano de arena que hay en cada playa de la Tierra, existen 10.000 estrellas en el cielo: resulta igualmente complicado imaginar cuántos granos hay de arena. Descifrar números colosales es una cuestión muy complicada...
Parecen muchas, ¿verdad? Tantas parecen que, en los años 70, la NASA puso en marcha un programa de búsqueda de inteligencia extraterrestre: el Instituto SETI, que desde 1984 es una organización privada, sin ánimo de lucro, donde trabajan 150 personas dedicadas a este tipo de investigación. La cuestión es que el SETI jamás ha captado una sola señal que permita deducir que hay vida inteligente ahí fuera. De todas esas 100.000 civilizaciones inteligentes en la Vía Láctea, bastaba que una sola enviase ondas de radio y tratar de contactar con otros para haber recibido algo. Pero nada. De hecho, por ello no son pocas las voces que exigen que el programa SETI se aparque y el dinero sea destinado a alguna otro asunto más útil...
- Civilización Tipo I, con habilidad de usar toda la energía del planeta en que reside. La nuestra se queda cerca, aún no lo somos (según Carl Sagan, estamos en el Tipo 0,7)
- Civilización Tipo II, capaz de aprovechar toda la energía de su estrella anfitriona. Esto fue predicho en 1937 por el escritor Olaf Stapledon en su novela "Hacedor de estrellas". Años más tarde, en 1960, el físico Freeman Dyson publicó un artículo en Science sobre búsqueda de fuentes estelares artificiales de radiación infrarroja, donde discute las propiedades térmicas de una gigantesca esfera, compuesta de multitud de colectores en órbita alrededor de una estrella, en forma de enjambre. La estrella así contenida no sería visible directamente, aunque la esfera generaría radiación infrarroja equivalente a la energía de la estrella, por el calentamiento de su cara interna. Al estar compuesta de cuerpos sólidos, la esfera de Dyson tendría un espectro de emisión similar al de un cuerpo negro.
- Civilización Tipo III, con acceso a la energía de toda la galaxia. Una civilización con 3.400 millones de años de ventaja, si sobrevive a su propia extinción, sería de este tipo, por lo que habría colonizado toda la galaxia. Como no es algo que nos haya afectado, es lógico suponer que no hay ninguna civilización existente de este tipo en nuestra Vía Láctea. En la siguiente imagen se simula una hipótesis sobre cómo podría ocurrir la colonización galáctica de una civilización avanzada: mediante la creación de máquinas que viajen a otros planetas y, una vez en ellos, puedan autorreplicarse usando las materias primas del nuevo planeta para, posteriormente, enviar una réplica a otros dos planetas.. Incluso sin viajar a ninguna parte cerca de la velocidad de la luz, este proceso colonizaría toda la galaxia en 3,75 millones de años, un parpadeo cuando se habla en la escala de miles de millones de años.
Bienvenidos a LA PARADOJA DE FERMI
No hay respuesta para esta paradoja: lo mejor que sabemos hacer es ofrecer posibles explicaciones. Si se pregunta a diez científicos diferentes cuál presienten que es la respuesta correcta, se obtendrán diez respuestas diferentes. En el pasado, los humanos debatíamos sobre la esfericidad de la Tierra o si giraba alrededor del Sol, o si los rayos y relámpagos eran producidos por Júpiter/Zeus. Pues en una situación parecida nos encontramos ahora mismo en este tema.
- Por supuesto que esas especies tan inteligentes han visitado la Tierra, pero antes de que estuviésemos aquí. Al fin y al cabo, nuestro recorrido en el planeta se limita a 50.000 años, que supone un segundillo de nada de la vida del Universo, y la historia escrita se remonta a 5.500 años, de forma que si una tribu de homínidos cazadores-recolectores se encontró con algún platillo volante sideral, no tuvo forma de contárselo a nadie del futuro.
- La galaxia ha sido colonizada, pero se da la circunstancia de que vivimos en los arrabales. Los españoles colonizamos las Américas mucho antes de que la tribu de los Inuit (extremo norte de Canadá) se enterase de lo que estaba pasando. De existir asentamientos interestelares de especies superiores, con todos los sistemas solares cercanos colonizados y comunicados entre sí, no resulta práctico ni tiene sentido venirse hasta una parte remota de la espiral de la Vía Láctea a ver qué pasa, al menos de momento.
- Eso de la colonización física es un concepto pasado de moda para las especies más avanzadas. Demasiado atrasado. Una civilización Tipo II tiene capacidad para modificar el medio ambiente hasta convertirlo en perfecto para sí mismos y satisfacer todas sus necesidades. Si es así, podrían no tener ningún interés en explorar el frío, vacío y poco desarrollado universo. Una civilización así de avanzada, o más, podría considerar el mundo físico como un lugar terriblemente primitivo y haber convertido hace tiempo sus cerebros en un paraíso de vida eterna. La vida del mundo físico, con su biología, su mortalidad, los deseos y todas las necesidades materiales podría ser para ellos como nosotros vemos a las especies oceánicas primitivas, que viven en el mar gélido y oscuro. Ciertamente, pensar en una especie que haya dominado la mortalidad solo transmite sensaciones de envidia y tristeza.
- Hay civilizaciones depredadoras ahí fuera, realmente terribles, y toda vida inteligente sabe que es preferible no emitir señales al exterior ni tampoco anunciar la ubicación. Esta explicación tan desagradable explica la falta de señales recibidas por el SETI y, al mismo tiempo, nos tilda a nosotros de novatos ingenuos que se están comportando ahora mismo de manera estúpida y arriesgada al transmitir señales al exterior. Stephen Hawking advertía siempre que “si los alienígenas nos visitasen, las consecuencias sería como la llegada de los británicos a Norteamérica, que no salió muy bien para los nativos”. Incluso Carl Sagan, partidario de que cualquier civilización lo suficientemente avanzada para el viaje interestelar fuera altruista y no hostil, llamó a la práctica de mensajear al cosmos como "profundamente imprudente e inmadura" y recomendó que "deberíamos escuchar en silencio durante mucho tiempo, aprendiendo pacientemente sobre el universo antes de gritarle a una jungla desconocida que no entendemos".
- Solo hay un caso de vida con inteligencia superior y es una civilización súper depredadora (como lo somos los humanos en la Tierra), mucho más avanzada que todas las demás, que se mantiene en esa posición de supremacía exterminando a cualquier civilización inteligente en cuanto traspasan cierto nivel. Esto sería realmente terrible. Exterminar a todas las inteligencias emergentes es hacer un uso ineficiente de los recursos, porque seguramente la mayoría se extinguen solas. Pero, pasado un cierto umbral de desarrollo, los súper extraterrestres empiezan a moverse porque, para ellos, cualquier especie inteligente emergente es como un virus una vez que empieza a crecer y a expandirse. Esta teoría sugiere que el primero de la galaxia en alcanzar la inteligencia es el vencedor y que nadie más tiene posibilidad alguna. También explica la falta de actividad ahí fuera: el número de civilizaciones súper inteligentes sería solo una.
- Hay un montón de actividad y ruido ahí fuera, pero nuestra tecnología es demasiado primitiva y prestamos atención a señales equivocadas. Si todo el mundo se comunica por WhatsApp, es estúpido emplear walkie-talkies. Como señaló Carl Sagan, también podría suceder que nuestras mentes funcionan exponencialmente más rápido o más despacio que las de otras formas de inteligencia exterior, y que ellos tarden decenas de años en decir un simple "hola", de modo que cuando escuchamos su comunicación, nos parece ruido.
- Estamos contactando con otra vida inteligente, pero el gobierno lo oculta. Es una teoría estúpida, como hay gente que la cree... la menciono.
- Las civilizaciones superiores son conscientes de nuestra existencia y nos están observando. Es la "Hipótesis del zoológico". Las civilizaciones súper inteligentes existen en una galaxia firmemente regulada y tratan a nuestra Tierra como un enorme parque natural protegido, con una política estricta de "mirar, pero no tocar". Nosotros no nos percibiríamos de ello, porque se trata de una una especie mucho más inteligente que sabe observarnos sin ser observados y que tiene prohibido interferir con especies inferiores hasta haber alcanzado cierto nivel de inteligencia (algo parecido a Star Trek).
- Las civilizaciones superiores están aquí, a nuestro alrededor , pero somos demasiado primitivos para percibirlas. Michio Kaku lo resume así:si hay un hormiguero en mitad del bosque y, justo al lado, construyen una autopista, ¿serían las hormigas capaces de entender qué significa una autopista de diez carriles o de entender la tecnología e intenciones de los seres que construyen la autopista a su lado?. No, ¿verdad? Esa civilización que convive con nosotros está tan adelantada que incluso si realmente hubieran querido explicárnoslo, no hubieran sabido hacerlo. Cuando Pizarro se adentró en Perú, en ningún momento se detuvo a comunicarse con los hormigueros. Pues tal podría ser nuestra situación.
- Estamos completamente equivocados con respecto a nuestra realidad. El universo podría parecer de una forma y ser cualquier otra completamente diferente, como un holograma. Quizá seamos nosotros los alienígenas, que nos han plantado aquí como un experimento. Incluso existe la posibilidad de que formemos parte de una simulación por ordenador de algún investigador de otro mundo y que otras formas de vida no hayan sido programadas en la simulación.




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